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Gea

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Gea, por Anselm Feuerbach (1875). Fresco del techo de la Academia de Bellas Artes de Viena.

En la mitología griega, Gea,[1] Gaya[2] (alternativamente Gaia)[3][4] o simplemente Tierra[5] (en griego: Γῆ, ; Γαῖα, Gaĩa; o Χθών, Chthōn)[6][7] es la diosa y personificación de la «Tierra».[8][9][10] Se trata de una deidad primordial considerada el arquetipo de la «madre tierra» en la cultura clásica.[11] Para los antiguos griegos la tierra como diosa, como suelo y como mundo no estaban diferenciadas con claridad.[12][13]

El papel de Gea es el de una diosa madre curótrofa: el ancestro común de todos los dioses, hombres, fauna y flora.[14] Esta faceta viene expresada en sus numerosos epítetos:[15] Γαῖα Εὐρυστέρνουσα («Gea de amplio pecho»),[16] Μήτηρ Πάντων («madre de todos»),[17] Πανμᾶτερ («madre de todo»),[18] Γαῖα Μήτηρ («madre Tierra»),[19] Παντότροφος («que a todos nutre»),[20] Θεὰ Γαῖα («diosa Tierra»)[21] o Παμμήτειρα («madre universal»).[17]

En los textos cosmogónicos tiene una mayor influencia y en ellos parece ser la divinización del suelo. Se trata del escenario físico donde va a sucederse el acto de la creación. Así en los poemas hesiódicos se la refiere como el «asiento seguro y permanente de todo» (πάντων ἕδος ἀσφαλές αἰεί), donde habitan los inmortales del Olimpo.[22] Pero Gea también es una diosa ctónica y así aparece en los poemas homéricos: se le sacrificaban ovejas negras y se la invocaba con juramentos golpeando la tierra con las manos.[23] Su equivalente en el mitología romana era Terra o Tellus, aunque en ambos casos suele traducirse como «Tierra».[24]

Los estudiosos, no obstante, critican la idea contemporánea de Gea como una ‘madre tierra’ en un sentido romántico, pues este significado es anacrónico. La comprenden, como hacen los mitos griegos, como una figura ubicada en textos cosmogónicos, instigadora de luchas divinas de poder dinástico y progenitora de monstruos primordiales. Gea apenas tenía culto y no era una fuerza armoniosa, sino un ser primitivo que intentaba socavar el orden cósmico.[25]

Diosa primordial

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Gea era considerada como una de las deidades primordiales, brotada espontáneamente sin intervención sexual.[26] Tan sólo unas pocas fuentes nos hablan de algunos primordiales que engendraron a Gea, aunque estas versiones son oscuras o muy tardías. Así, en las tradiciones órficas, la tierra se formó a partir del lodo primordial que surgió de las aguas primordiales, aunque la fuente nos habla en calidad de la tierra como elemento, no como divinidad.[27] También dicen que la Noche y Fanes engendraron a Gea y a Urano.[28] O bien la parte superior del huevo cósmico formó al Cielo (Urano) y la inferior a la Tierra (Gea).[29]

En las Fábulas se dice que el Cielo (Caelus), la Tierra (Terra) y el Mar (Mare) nacieron de la unión del Éter (Aether) y el Día (Dies; personificación femenina).[30] En otras cosmogonías se dice que cuando Eros hubo combinado todos los elementos de la creación nacieron el Cielo, el Océano, la Tierra y la raza de los dioses.[31] Otros dicen que Ctonia (Χθονίη), junto con Zas y el Tiempo siempre habían existido. A continuación, Zas fecunda a Ctonia, uniéndose en matrimonio y, desde entonces, pasaría a llamarse Gea (Γῆ). En el tercer día de la creación, Zas, ya como Zeus, le regala a Ctonia un manto decorado con los motivos de la Tierra y el Ogeno (Océano).[32][33] Boccaccio, fuera de la cultura clásica, imaginaba a la Tierra como hija de Demogorgón.[34]

En la Teogonía

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Cosmogonía

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La Teogonía de Hesíodo es el texto mitográfico donde más se menciona y desarrolla la figura mitológica de Gea. La narración comienza contando que, al principio de los tiempos, existió el Caos y después, surgió Gea «de amplio pecho», la sede eterna de los dioses del Olimpo.[35] Sin unirse con nadie («sin mediar el grato comercio»), Gea alumbró a Urano —el «cielo» estrellado—, con sus mismas proporciones. Después alumbró a los oreos —las «montañas»—, morada de las ninfas de los montes. Y en último lugar alumbró a Ponto —el «mar»—, infructuoso y de agitadas olas.[36]

Madre de los Uránidas

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Tras este acto de creación, Urano se erigió como el primer rey que dominó todo el universo.[37] Así la Tierra, ‘primera de las novias’, y el Cielo, ‘morada de los dioses’, se unieron como la primera pareja.[38] Primeramente Gea alumbró a los Titanes:[39]

«Acostada con Urano, alumbró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre».

Después de estos doce hijos Gea alumbró para Urano a los soberbios Cíclopes; estos eran semejante a los demás dioses pero poseían un solo ojo redondo en medio de la frente. La fuerza, el vigor y la habilidad eran los rasgos que presidían todos sus actos. Sus nombres eran Brontes, Estéropes y Arges; estos le regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo.[40]

Finalmente de Gea y Urano nacieron sus hijos más jóvenes, los Hecatónquiros, así llamados porque eran unos monstruosos engendros de «cien manos» y cincuenta cabezas. Eran terribles y poderosos debido a su fuerza inconmesurable, y se llamaban Coto, Briareo y Giges.[41] Urano, debido a la inmensa fuerza de sus últimos hijos, superior a la suya, temía ser destronado.[42]

Conspiración contra Urano

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Pues bien, todos los Uránidas («hijos de Urano») estaban desde siempre irritados con su padre. Cada vez que alguno estaba a punto de nacer, Urano los retenía ocultos en el vientre de Gea, sin permitirles ver la luz, y se complacía cínicamente con su cruel acción.[43] Urano había encadenado a los Cíclopes[44] y Hecatónquiros en el Tártaro.[45] Gea, casi al borde de estallar, se lamentaba en su interior y urdió un plan astuto. Forjó de inmediato una enorme hoz de acero brillante (un pedernal o adamanto) y explicó su estrategia a sus hijos. Con valor, pero afligida en su corazón, les dijo: —¡Hijos míos, si seguís mis instrucciones, podremos vengar el ultraje de vuestro cruel padre![43]

Al escucharla, un temor se apoderó de todos, y ninguno se atrevió a responder. Sin embargo, Cronos, de mente retorcida y armado de valor, fue el único que contestó: —Madre, yo prometo llevar a cabo esta empresa, pues no siento piedad por nuestro abominable padre—. Gea se alegró enormemente: colocó en sus manos la hoz afilada y situó astutamente a su hijo en una emboscada.[46]

Entonces llegó Urano durante la noche y se echó sobre Gea ansioso de amor. Cronos, saliendo de su escondite, logró alcanzarlo con la mano izquierda, mientras con la derecha empuñaba la enorme hoz. Con rapidez, segó los genitales de su padre y los arrojó detrás de él. Urano, herido, empezó a sangrar abundantemente. Una parte de las gotas cayeron sobre por Gea; al transcurrir un año, la Tierra alumbró a las poderosas Erinias, a los enormes Gigantes armados con lanzas, y también a las ninfas que se hacen llamar Melias.[47]

Madre de los Póntidas

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Tras la castración de Urano, Gea se unió a su hijo Ponto. De ellos nació primero el benévolo, justo y sabio Nereo, conocido como el ‘Anciano de mar’. Y hermanos de Nereo fueron el enorme Taumante, el arrogante Forcis, la hermosa Ceto y la despiadada Euribia.[48]

Conspiración contra Cronos

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Tras la caída de Urano, Gea propició el regreso de sus hijos, los Titanes, desde el Tártaro, y ellos confiaron el poder a Cronos como nuevo soberano divino.[49] No obstante, Cronos resultó ser tan cruel como Urano. Rea, embarazada de Cronos, sufría al ver cómo su esposo engullía a sus hijos nada más nacer. Pues Urano y Gea le habían revelado a Cronos que era su destino sucumbir a manos de su propio hijo. Cuando Rea estaba a punto de dar a luz a su último hijo, Zeus, suplicó a sus padres que le ayudaran a urdir un plan para ocultar su alumbramiento. Así se vengaría de la violencia de Crono contra Urano y contra sus propios hijos. Gea y Urano escucharon atentamente a su hija y la pusieron al corriente de cuanto estaba decretado que ocurriera respecto a Cronos y a Zeus. Entonces la enviaron a Licto, a un rico pueblo de Creta, cuando ya estaba a punto de dar a luz, y allí Gea cuidó y crio al infante Zeus.[50]

Más tarde, Zeus, guiado por Gea, hizo vomitar a la prole que había devorado Cronos. También Zeus liberó de sus cadenas a los Cíclopes y estos le regalaron el trueno, el rayo y el relámpago que antes tenía ocultos Gea en sus entrañas.[50] Entonces estalló la Titanomaquia, que enfrentaba a los hijos de Urano contra los hijos de Cronos. Gea, de nuevo, aconsejó a Zeus liberar de sus cadenas a los Hecatónquiros, pues su fuerza sería la clave para vencer a Cronos y los titanes.[51]

Conspiración y alianza con Zeus

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Luego que Zeus expulsó del cielo a los Titanes, Gea concibió a su hijo más joven, el monstruoso Tifón, unida al Tártaro. Había sucedido que Zeus castigó a los Titanes encerrándolos en el Tártaro y Gea sufría al ver a sus hijo privados de la libertad y la dignidad. Tifón se enfrentó a Zeus pero sucumbió a manos del hijo de Cronos.[52] Una vez que Zeus venció a Tifón, Gea animó a los dioses aliados de Zeus para que lo escogieran como nuevo rey de los dioses.[52] Finalmente, Urano y Gea aconsejaron a su nieto Zeus tragarse a su esposa Metis, que estaba embarazada, para evitar que nadie derrocase al nuevo rey de los dioses.[53]

Otros episodios mitológicos

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Gigantomaquia

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Gea, indignada por el destino impuesto a los titanes tras la Titanomaquia —cuando Zeus y sus hermanos consolidaron el dominio olímpico y castigaron severamente a la generación anterior—, instigó a los gigantes, nacidos de su unión con Urano, a rebelarse contra los nuevos soberanos del cosmos, provocando así la Gigantomaquia. A los dioses se les había vaticinado que no podrían aniquilar a ningún gigante a menos que un mortal combatiera a su lado. Conociendo esto Gea busca una droga para que no pudieran ser vencidos ni por un mortal. Pero Zeus, adelantándose, él mismo destruyó la sustancia. Este episodio no solo expresa la tensión entre generaciones divinas, sino también la persistente voluntad de Gea de intervenir en el equilibrio del poder cósmico cada vez que considera que el orden ha sido alterado de forma injusta.[54]

Enárgeia

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En las Dionisíacas, Nono de Panópolis utiliza la enárgeia (viveza visual) y la écfrasis (descripción detallada) para transformar a Gea de un simple elemento decorativo en un personaje hiperrealista, sufriente y colosal. La narración, especialmente durante la Tifonomaquia, funde el cuerpo divino de la diosa con los accidentes geográficos, mostrando una anatomía monumental donde los bosques son su cabello y los ríos caudalosos las venas que recorren su piel de roca. Cuando los ejércitos marchan o los rayos golpean el suelo, Nono describe exhaustivamente cómo se agrieta la roca, cómo sangra el polvo y cómo gimen las cavernas, que actúan como la boca de la divinidad. De hecho, cuando Zeus desata su rayo tras el desmembramiento de Zagreo, la catástrofe cósmica no ocurre sobre la Tierra, sino en el propio cuerpo vivo de Gea: el calor evapora su sudor y las rocas de las montañas actúan como los huesos de la diosa que se quiebran.[55] Lejos de resumir el nacimiento de Tifón, el poeta ofrece una écfrasis biológica y utiliza la enárgeia para pintar, paso a paso, cómo Gea moldea el barro y las vísceras de la roca para dar forma a los cien brazos de la criatura.[56] En este entorno hiperbólico, el autor llama a los árboles «retoños de Gea»[57] y describe de forma desgarradora el luto de Gea por la caída de su hijo: «tras rasgar sus arbolados velos con sus manos, lloró».[58]

Autoctonía

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En la tradición épica, especialmente en los poemas homéricos, Gea aparece integrada en genealogías heroicas que vinculan estrechamente la autoctonía con el poder político. Se la presenta como madre de Erecteo, futuro rey de Atenas, a quien confía a Atenea para su educación, subrayando así la conexión sagrada entre la tierra ática y su linaje real. Asimismo, es considerada madre del gigante Ticio: cuando Zeus ocultó bajo la tierra a su amante Elara para sustraerla a los celos de Hera, el hijo concebido, Ticio, fue gestado en el seno mismo de Gea, lo que explica que algunas versiones lo reconozcan como descendiente directo de la diosa primordial.[59]

Oráculos

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La tradición recogida por Pausanias atribuye a Gea la posesión originaria del oráculo de Delfos, ya sea en exclusiva o compartida con su nieto Poseidón. Posteriormente, la diosa habría transmitido ese poder profético a Temis, quien a su vez lo cedió a Apolo, estableciendo así una sucesión que simboliza el paso de una religiosidad ctónica a otra olímpica.[60] En otra versión, cuando el santuario pertenecía aún a Temis, Apolo mató a Pitón —serpiente que custodiaba el lugar— para apoderarse del oráculo, gesto que representa la apropiación violenta de un antiguo culto telúrico por parte de una deidad más joven.[61]

Curotrofía y metamorfosis

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Como gran madre nutricia, Gea desempeñó también el papel de curótrofa y protectora de héroes y reyes, entre ellos Aristeo, a quien otorgó la inmortalidad,[62] y Níctimo, rey de Arcadia.[63] En algunos mitos, Gea actúa como principio de transformación y refugio último, integrando en su seno a las figuras que pasan del estado humano o divino al vegetal. Su función maternal se extiende además a relatos de metamorfosis en los que la tierra acoge y transforma a ninfas perseguidas o amadas por los dioses: recibió a Dafne convertida en laurel,[64] transformó a Pitis en pino,[65] acogió a Ambrosía como viña[66] y, para complacer a su hijo Siceo, hizo brotar una higuera.[67] Ferécides dice que cuando Zeus se casó con Hera, Gea les entregó como regalo de bodas unas ramas con manzanas doradas, y Hera, admirada, le pidió a Gea que las plantara en sus jardines cerca del lejano monte Atlas. Estas son las manzanas doradas del jardín de las Hespérides.[68]

Cólera de Gea

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No obstante, su carácter protector no excluye la severidad. El único mortal que provocó directamente su ira fue Orión, quien se jactó de poder exterminar a todas las fieras del mundo; para castigar su hybris, Gea hizo surgir un escorpión que terminó con la vida del héroe, recordando así los límites impuestos a la arrogancia humana.[69]

El peso de la humanidad

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Finalmente, un escolio tardío relata que, agobiada por el exceso de población y la impiedad creciente de los hombres, Gea pidió a Zeus que aliviara el peso que oprimía su cuerpo. Como respuesta a esta súplica, se desencadenaron grandes conflictos como la guerra tebana y la guerra de Troya, cuya devastación y mortandad redujeron la carga humana que oprimía a la Tierra. De este modo, la diosa aparece no solo como origen y sustento de la vida, sino también como instancia que reclama equilibrio cuando la medida se rompe, reafirmando su papel esencial en la regulación del cosmos y de la historia mítica.[70]

Culto, iconografía y epítetos

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En el culto

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Gea fue muy poco venerada en la antigua Grecia. En el recinto sagrado de Delfos existió un diminuto santuario absidal (un Gaeon) dedicado a ella. Los griegos creían que los vapores y grietas que brotaban de la tierra eran el aliento profético directo de Gea.[71] En la acrópolis de Atenas, Gea recibía dos tipos de culto muy específicos que reflejan su ambivalencia. Como Gea Curótrofa (‘nodriza’) se la adoraba no como una madre universal, sino como la fuerza biológica que nutre los brotes jóvenes (humanos y vegetales). En Olimpia, cerca del monumental templo de Zeus Olímpico, existía un santuario a Gea Olimpia, donde se abría una fisura en la roca. Los atenienses realizaban allí un ritual anual en el que arrojaban pasteles de trigo mezclados con miel para conmemorar el fin del diluvio de Deucalión.[72] Pausanias detalla la topografía sagrada de Olimpia: «En el lugar llamado Gaio hay un altar de la Tierra (Gea); es de ceniza. Dicen que en tiempos antiguos también había un oráculo de la Tierra allí».[73]

En la iconografía

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En el arte clásico Gea era representada de dos formas. En las vasijas pintadas atenienses se la mostraba como una mujer entrada en años, medio levantada del suelo. Más tarde, en los mosaicos, aparece como una mujer reclinada sobre la tierra rodeada por un grupo de Carpos, dioses infantes de los frutos de la tierra.[74]

Epítetos

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(Se obviaran los epítetos relacionados con el concepto de ‘diosa madre’, ya referidos al inicio del artículo)

  • Anesidora (Ἀνησιδώρα): "la que envía regalos desde el subsuelo"; se utilizaba en los cultos agrícolas de Ática y Fliunte para venerar a la Tierra como la fuerza divina responsable de hacer brotar los cultivos y los frutos que alimentan a la humanidad[75]
  • Caligenia (Καλλιγένεια): "la de hermoso nacimiento" o "la que engendra lo bello"; se utilizaba en los festivales de las Tesmoforias en Atenas para invocar la energía sagrada de la tierra[76]
  • Carpóforo (Καρποφόρος): "la que trae frutos" o "portadora de frutos". Se utilizaba en los rituales de Arcadia y del Peloponeso para invocar el poder fertilizador de la tierra sobre los árboles frutales y los campos de cultivo, asegurando una cosecha abundante.[77]
  • Ctonia (Χθών, Chthṓn): «tierra», refiriéndose más concretamente a su relación con el suelo y el subsuelo;[78] como Ctonia (que suele ser traducido como «Tierra»), por ejemplo se la imagina como la progenitora de bestias de naturaleza monstruosa: «esta tierra de monstruos mortales para el hombre, que la Tierra vomitó contaminada».[79]
  • Curótrofa (Κουροτρόφος): "niñera o protectora de los jóvenes"; se utilizaba en la Acrópolis de Atenas para rendir culto a la Tierra como la gran matrona universal que ampara, nutre y cuida la salud de los recién nacidos y los niños de la ciudad durante su crecimiento[80]
  • Melena (Μέλαινα): "la Negra"; se utilizaba en la región de Arcadia, específicamente en una cueva sagrada del monte Eleo, para venerar una de las facetas más oscuras y primordiales de la Tierra, vinculada al luto por la pérdida de la vegetación en invierno y a su poder soberano sobre el inframundo y el mundo de los muertos.[81]
  • Olimpia (Ὀλυμπία): "de Olimpia" o "la Olímpica"; se utilizaba en el santuario de Élide para rendir culto a una de las funciones más arcaicas de Gea, donde compartía un altar de ceniza junto a Zeus como deidad fundadora de la soberanía sagrada del lugar y poseedora del oráculo primitivo que existía antes de los juegos.[82]
  • Pandora (Πανδώρα): esto es, «todos los dones», pues provee de todo lo necesario para que el hombre viva de lo que produce la tierra.[83]
  • Pánforo (Πάμφορος): "la que todo lo produce" o "la que todo lo engendra"; se utilizaba en la poesía trágica y los himnos antiguos para ensalzar a Gea como la madre que da a luz a todo lo viviente[84]
  • Tártara (Tartara en latín): como consorte de Tártaro y madre de Tifón[85]
  • Titea (Τιταία): como consorte de Curete; «titán» sería entonces un matronímico (‘hijo de Titea’)[86]

Descendencia y consortes

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Consorte Prole de Gea
(ninguno) Urano, Ponto y las Montañas.[87] Otros dicen que también Acmón.[88]
Acmón Hesíodo llama Acmónida a Urano. Gea dio a luz a Acmón y de Acmón nació Urano.[88]
Aqueronte Estige.[89]
Demogorgón Érebo.[90]
Éter
Hefesto Erictonio[93]
Helios Bisaltes,[94] los ríos Aqueloo[95] y Aqueronte,[96] y también los Tritopatores.[97]
Hydros Para los órficos del agua primordial y la tierra se solidificó en el lodo el Tiempo (Crono).[29]
Ladón Dafne[98]
Océano Triptólemo,[99] Creúsa,[100] Aqueloo,[101] las sirenas,[102] las moiras[103] e incluso las harpías (identificándose con las hespérides).[104]
Ponto Nereo, Forcis, Taumante, Euribia y Ceto.[105] Otros dicen que Egeón,[106] los telquines[107] y las harpías.[108]
Poseidón Anteo,[109] Lestrigón[110] Caribdis[111] y las harpías.[108] También de esta unión nacieron varias tribus: los pueblos meláneos (‘negros’), etíopes, catudeos, pigmeos y lestrigones.[112]
Skotos Lo poseen las Erinias, temibles diosas hijas de Evónime, la Tierra[113] y de lo Oscuro (Skotos).[114]
Tártaro
Urano
Zeus Manes[137] y el Genio.[138] Aunque Gea no es mencionada directamente, la tierra impregnada con el semen de Zeus hizo brotar a los centauros de Chipre[139] y a Agdistis.[140] En la cosmogonía de Ferécides Zas se desposa con Ctonia y ambos pasan a llamarse Zeus y Gea; de esta unión nacerían los elementos ordenados de la creación, como los mares, las tierras y los ríos.[32][141]
(desconocido; o ninguno)
Nacimiento de Erictonio: Atenea recibe al niño de manos de la madre tierra Gea. Hefesto contempla la escena. Cara A de un estamno ático de figuras rojas, 470-460 a. C.

Himnos a la Tierra

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Himno homérico a la Tierra

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«Voy a cantar a la Tierra, madre universal, de sólidos cimientos, la más augusta, que nutre en su suelo todo cuanto existe. Cuanto camina por la divina tierra o por el ponto, o cuanto vuela, se nutre de tu exuberancia. Por ti se vuelven prolíficos y fructíferos, soberana, de ti depende dar la vida o quitársela a los hombres mortales».[180]

Himno órfico a la Tierra

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«Diosa Tierra, madre de los bienaventurados y de los humanos mortales, que a todos alimentas y obsequias, culminadora, destructora de todo, favorecedora de la vegetación, fructífera, rebosante de hermosos frutos, sede del inmortal universo, multifacética doncella, que engendras variados frutos en los momentos dolorosos del parto. Eterna, augusta, de profundo seno, de feliz sino, deidad que disfrutas con el verdor de abundantes flores y suaves aromas y te alegras con la lluvia; en torno a ti, el mundo de múltiples astros rueda con un carácter perenne y con un flujo admirable. Ea, pues, afortunada diosa, con un corazón propicio, acrecienta, por favor, los frutos que producen múltiples gozos, acompañándolo de bienestar durante las estaciones».[181]

Etimología

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La palabra griega γαῖα (transliterada gaia o gaea) es una forma colateral de γῆ[182] (ge, dórico γά ga y probablemente δᾶ da),[183] que significa ‘Tierra[184] y es de origen desconocido.[185] Gaia se contrajo muy pronto a ga con el sufijo ia como ma-ia (para dirigirse a las señoras ancianas) y gra-ia (anciana).[186] Aia es una forma poética de gaia que significa ‘tierra’ y en algunos textos es probablemente cognado de la latina avia (abuela).[187] La forma combinatoria de ge γεω- (geo-) se usa en el griego antiguo[188] y en palabras modernas tales como geografía, geología, geometría, etcétera.

La mayoría de los investigadores alemanes asegura que la forma dórica da (‘tierra’) es el elemento de Δαμάτηρ[189] (Da-mater, Deméter: ‘madre tierra’) y Ποτειδάν[190] (Potei-dan, Poseidón: ‘señor de la tierra’), pero esto está discutido.[191] Es posible que da sea un vocativo dórico de Dan Δάν o Zan Ζάν (Zeus),[192] que fue venerado en Creta como Zeus Velcanos (niño Zeus), un hijo local de la Gran Madre minoica.[193] En griego micénico Ma-ka (transliterado también Ma-ga, Madre Gaya) contiene también la raíz ga.[194] Otras palabras griegas que significan ‘tierra’ son ἄρουρα (aroura), del verbo griego αρόω (aroō), ‘arar’[195] y χθών (chthon),[196] que normalmente alude al interior del suelo, de la raíz protoindoeuropea *dhgem.[197]

Estudios sobre la naturaleza de Gea

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Gea como “base arquetípica” del mundo mítico

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Para Karl Kerényi, Gea pertenece al estrato más arcaico de la religiosidad griega y debe entenderse menos como una diosa individualizada que como una potencia originaria. No se trata de una figura con biografía mítica desarrollada, sino de un fundamento simbólico: la tierra como condición previa de toda generación divina y humana. En este sentido, Kerényi la vincula al ámbito de lo “materno” primigenio, aunque evita reducirla sin más a una Gran Madre homogénea. Gea es, más bien, una forma arquetípica de la tierra como matriz de lo real, anterior incluso a la diferenciación entre dioses olímpicos.[198]

Gea como entidad cosmogónica, no cultual

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Walter Burkert, desde una perspectiva histórico-antropológica, es más restrictivo. Para él, Gea no ocupa un lugar central en el culto griego ni constituye una “Madre Tierra” en sentido universal. Su presencia en la religión efectiva es limitada y fragmentaria, apareciendo sobre todo en contextos de juramento, prácticas ctónicas y ciertos esquemas cosmogónicos. Burkert subraya que la imagen de una diosa terrestre omnipresente es en parte una proyección moderna sobre materiales antiguos. Así, Gea debe entenderse principalmente como una personificación del suelo fértil y del ámbito inferior del mundo, más que como una divinidad activa y ampliamente venerada.[199]

Gea dentro de una lógica simbólica y política

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Jean-Pierre Vernant y Marcel Detienne la interpretan dentro de una lógica estructural del mito griego. En este enfoque, Gea no expresa una esencia natural ni una psicología divina, sino que funciona como un elemento dentro de un sistema de relaciones y oposiciones: tierra y cielo, estabilidad y violencia, generación y conflicto. Sus intervenciones en la Teogonía hesiódica, como la rebelión contra Urano o su papel en la sucesión de poderes, no se leen como actos “intencionales”, sino como funciones narrativas que articulan el paso de un orden cósmico a otro. Gea es, por tanto, un operador del sistema mítico más que una figura dotada de interioridad.[200]

Gran Madre indoeuropea y neolítica

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Algunas fuentes, como los antropólogos James Mellaart, Marijas Gimbutas y Barbara Walker, afirman que Gea como la madre tierra es una evolución de la Gran Madre del preindoeuropeo, una diosa de la vida y la muerte generosa pero pavorosa, que había sido venerada ya desde el Neolítico en Oriente Próximo, Anatolia y la zona de influencia de la cultura egea, pero también más allá de Malta y las tierras etruscas. Esta teoría levanta controversia en la comunidad académica. La creencia en una madre tierra nutricia es a menudo una característica del moderno culto neopagano a la «Diosa», que suele ser vinculado por los practicantes de esta religión con la teoría de la diosa neolítica.

La separación que Hesíodo hizo de Rea y Gea no fue seguida rigurosamente, ni siquiera por los propios mitógrafos griegos. Mitógrafos modernos como Károly Kerényi o Carl A. P. Ruck y Danny Staples, así como una generación anterior influenciada por La rama dorada de James Frazer, interpretan que las diosas Deméter la «madre», Perséfone la «hija» y Hécate la «vieja», como las entendían los griegos, eran tres aspectos de una Gran Diosa anterior, que podría ser identificada con Rea o con la propia Gea. Estas diosas tripartitas son también una parte de la mitología celta y pueden proceder de los protoindoeuropeos. En Anatolia (la actual Turquía), Rea era conocida como Cibeles, una diosa derivada de la Kubaba mesopotámica, la Kebat hurrita o Kepa. Los griegos nunca olvidaron que el antiguo hogar de la Madre Montaña era Creta, donde una figura en parte identificada con Gea había sido venerada como Potnia Theron (Πωτνια Θερων), la ‘Señora de los Animales’, o simplemente Potnia, la ‘Señora’, un apelativo que podría ser aplicado en textos griegos anteriores a Deméter, Artemisa o Atenea.

La llegada de los dioses del Olimpo con los inmigrantes al Egeo durante el II milenio a. C., y la lucha, en ocasiones violenta, por suplantar a Gea, imbuyen a la mitología griega de su característica tensión. Ecos de la fuerza de Gea persisten en la mitología de la Grecia clásica, donde sus papeles están divididos entre Hera, consorte de Zeus, Deméter, Artemisa y Atenea.

En Roma la diosa frigia importada Cibeles fue venerada como Magna Mater (‘Gran Madre’), o como Mater Nostri (‘Nuestra Madre’), e identificada con Ceres, la diosa romana de la agricultura que era aproximadamente equivalente a la griega Deméter, pero con diferentes aspectos y adorada con diferentes cultos. Su culto fue llevado a Roma tras un augurio de la Sibila de Cumas sobre que Aníbal el cartaginés no sería derrotado hasta que dicho culto llegase a Roma. Como resultado, fue una divinidad favorita de los legionarios romanos y su culto se extendió desde los campamentos y colonias militares romanas.

Desmontando el mito de Gea como una ‘Madre Tierra’ romantizada

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La idea actual de Gea como una ‘Madre Tierra’ poética, amorosa, universal y profundamente protectora de la vida es, según los expertos en filología clásica e historia de las religiones, un anacronismo moderno. Los estudiosos demuestran que esta visión romántica —impulsada por el ecologismo del siglo XX, el neopaganismo y la famosa hipótesis Gaia de James Lovelock— contradice la verdadera naturaleza de la deidad en los textos y cultos de la antigua Grecia. Para los griegos, Gea era una fuerza primordial elemental, indiferente a la moral humana y, con frecuencia, una entidad destructiva y monstruosa. Robert Graves, por poner un ejemplo, siempre cita a Gea como ‘la Madre Tierra’.[201]

El filólogo Walter Burkert desmonta la idea de que Gea fuera la diosa madre central de la religión griega cotidiana. Burkert señala que, a diferencia de deidades con templos masivos y cultos cívicos vibrantes (como Atenea, Apolo o Deméter), Gea casi no tenía templos ni sacerdotes propios. Era una deidad cósmica a la que se juraba en los tribunales o se nombraba en la poesía, pero no una figura de devoción personal o consuelo. Los griegos preferían adorar a Deméter para la fertilidad de las cosechas y la nutrición, ya que la tierra bruta (Gea) era considerada demasiado vasta, lejana e impracticable para la religión comunitaria ordinaria.[202]

El antropólogo Jean-Pierre Vernant analiza a Gea no como una madre nutricia, sino como una matriz caótica y peligrosa. Vernant explica que en la Teogonía de Hesíodo, Gea no actúa guiada por el amor universal, sino por el resentimiento, la venganza y la ambición cósmica. Ella es quien instiga a su hijo Cronos a castrar a su padre Urano, y luego ayuda a Zeus a derrocar a Cronos. Sin embargo, cuando Zeus se asienta en el poder, Gea se vuelve contra él y engendra de su propio útero a monstruos espantosos como Tifón y los Gigantes para destruir el orden olímpico. Vernant argumenta que Gea representa la fuerza elemental generativa pura, capaz de parir tanto el bien como el horror más absoluto de forma indiferente.[203]

La clasicista estadounidense Mary Lefkowitz ha criticado duramente las interpretaciones ecofeministas y de la corriente de la New Age que intentan proyectar valores éticos modernos de pacifismo y ecología sobre las diosas antiguas. Lefkowitz demuestra que el concepto contemporáneo de "Madre Tierra" es una proyección poética moderna. En la mitología griega real, Gea no aboga por la armonía de la biosfera o la preservación de la vida humana. Las deidades de la mitología arcaica reflejan los aspectos hostiles de la naturaleza: terremotos, hambrunas y partos monstruosos. Definir a Gea como un arquetipo pacífico de sostenibilidad pacífica es falsear las fuentes clásicas primarias, donde la diosa es la personificación del suelo físico y de una ambición dinástica implacable.[204]

La hipótesis Gaia

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Este nombre mitológico fue rescatado en 1979 por James Lovelock para su hipótesis Gaia. La hipótesis propone que los organismos vivos y las materias inorgánicas forman parte de un sistema dinámico que da forma a la biosfera de la Tierra. La propia Tierra se considera un organismo con funciones autorregulatorias y que modifica activamente su composición interna para asegurar su supervivencia.[205]

El biólogo Stephen Jay Gould, criticando a Lovelock, analizó cómo el nombre de Gea fue secularizado y transformado en un mito poético moderno mediante la ciencia de sistemas. Gould argumenta que el uso del nombre Gaia en la ciencia contemporánea funciona como una metáfora teleológica y antropomórfica. Mientras que el ecologismo actual interpreta a Gaia como un sistema vivo integrado que busca activamente la supervivencia de las especies, la Gea mitológica original jamás actuaba en función del bienestar humano o del equilibrio ecológico planetario. El concepto de la Tierra como una entidad unificada dotada de "conciencia materna" o benevolencia es una invención romántica del pensamiento sistémico del siglo XX.[206]

Véase también

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Notas

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  1. Término como Gea:
  2. Término como Gaya:
  3. Término como Gaia:
  4. «Gaia» como forma poética de «Gea»:
    • AUTENRIETH, Georg. «γαῖα (Gaia) Γῆ (Ge)». A Homeric Dictionary (en inglés). Consultado el 9 de abril de 2012.
      • AUTENRIETH, Georg: Diccionario homérico para escuelas e institutos (A Homeric Dictionary for Schools and Colleges). Harper and Brothers. Nueva York. 1891.
      • Texto inglés, con índice electrónico, en el sitio del Proyecto Perseus.
        • Georg Autenrieth (1833 - 1900): filólogo alemán.
          • El título original alemán de la obra es Wörterbuch zu den Homerischen Gedichten (Diccionario de los poemas homéricos), y fue publicada en 1873; la 9ª ed. es de 1902. La traducción inglesa se publicó por primera vez en 1880.
        • Harper and Brothers: después, HarperCollins.
    • WOODHOUSE, S. C. «γαῖα (Gaia) Γῆ (Ge)». English-Greek Dictionary. A Vocabulary of the Attic Language (en inglés). Consultado el 7 de abril de 2012.
    • Véase "Griego ático".
  5. «Problema difícil es el de si no se hará necesario traducir, en vez de transcribir los nombres de diversos seres mitológico más o menos ligados con determinados actos y cualidades abstractas u objetos o sustancias determinadas (...); pero deben imponerse, por el contrario Tierra (en vez de Gea o Gaia)». Manuel F. Galiano, La transcripción castellana de los nombres propios griegos (apartado 283); segunda edición; Sociedad española de estudios clásicos (1969)
  6. Γαῖα; romanización, Gaĩa; pronunciación, clásica: [ɡá͜ɪ̀a] Koiné: [ɟˈɛːa] bizantina: [ʝˈea]; de Ge en griego antiguo, Γῆ; romanización, Gễ.
  7. Real Academia Española: la forma latina gaea es moderna, utilizada en latín científico. Cf. «gea». Diccionario de la lengua española (23.ª edición).
  8. Aunque a menudo se la presenta como diosa de la ‘Tierra’ con mayúscula, lo más fiel a la concepción de los antiguos griegos sería ‘Gea, diosa de la tierra’, pues estos no diferenciaban, como hacemos nosotros, los conceptos de suelo, elemento, ecúmene y mundo.
  9. Ed. William Smith: A Dictionary of Greek and Roman biography and mythology, voz «Gaea».
  10. No obstante, su versión romana dio nombre, en el Renacimiento, al planeta Tierra. Cfr. «Tellus»
  11. La referencia más antigua de Gea como «madre tierra» se encuentra es el griego micénico ma-ka, escrito en alfabeto silábico lineal B. «ma-ka». Palaeolexicon (en inglés). Consultado el 27 de febrero de 2011.
  12. Con respecto a las diferentes acepciones del sustantivo ‘tierra’, cfr. RAE: «tierra».
  13. Para los griegos antiguos “la tierra” y Gea eran inseparables como concepto físico, biológico y cósmico, sin la separación moderna entre geología, ecología o filosofía cosmológica. La tierra era a la vez suelo que pisa el hombre, matriz que engendra la vida (principio generador) y soporte de todo lo existente (mundo habitable, ecúmene). El uso contemporáneo de “Tierra” con mayúscula se asocia con nuestro planeta, mientras que en la concepción griega clásica Gea no representaba un planeta ni un concepto abstracto separado, sino la tierra en su sentido amplio y unificado. Por eso, lo correcto desde la perspectiva histórica y mitológica sería escribir “Gea, diosa de la tierra” en minúscula, reflejando la visión integral de la cultura antigua.
  14. Teogonía: 116-154 (madre de los Uránidas). Platón: Menéxeno, 237e - 238a (de los seres humanos: «esta nuestra tierra nos dio a luz y es la madre común; ella nos ha alimentado»). Himno Homérico XXX (Gea nutre todo cuanto camina por la tierra, cuanto se mueve en el mar y cuanto vuela). Arquelao de Mileto y Anaximandro (citados por Diógenes Laercio, II, 16): «aparecieron los animales, los hombres incluidos, todos nacidos del barro de la tierra». Himno órfico XXVI: «tú [Gea] que produces las variadas formas de las plantas verdes».
  15. Antonio Ruiz de Elvira, Mitología clásica (editorial Gredos; pág. 61)
  16. Teogonía, 117
  17. 1 2 Himno homérico XXX
  18. Himno órfico XXVI
  19. Esquilo: Prometeo encadenado, 90
  20. Filóstrato: Imágenes, I, 10; Corpus Inscriptionum Graecarum (CIG)
  21. Pausanias: Descripción de Grecia I 28, 7; Esquilo: Las Euménides, 1—4
  22. Teogonía, 116
  23. Homero: Ilíada III 104 y 278, XV 36, XIX 259; Odisea V, 124
  24. Higino: Fábulas, prefacio; Ovidio: Las metamorfosis I, 156-160; Virgilio: Eneida IV, 166; Cicerón: Sobre la naturaleza de los dioses II, 26; Varrón: De lingua latina V, 64; San Agustín: La ciudad de Dios, VII, 23 y 24
  25. Marcel Detienne: The Writing of Orpheus: Greek Myth in Cultural Context. Johns Hopkins University Press, 2003 (francés original 1989). Critica a las lecturas esencialistas de la “Madre Tierra”. En Comparing the Incomparable (Stanford University Press, 2008), Detienne usa una metodología comparativa y critica, de nuevo, universalismos como “Madre Tierra”.
  26. Hesíodo: Teogonía, 117
  27. Rapsodias órficas 66; fragmentos órficos 54 y 57
  28. West, p. 70; Meisner, pp. 168–9; fragmento órfico 149 I (Bernabé, p. 146).
  29. 1 2 Damascio: De princ. 123 bis.
  30. Higino, Fábulas, prefacio 2
  31. Aristófanes, Las aves 685 ss
  32. 1 2 Damascio: Dificultades y soluciones acerca de los primeros principios, 214.
  33. Martínez Nieto, Roxana B. La aurora del pensamiento griego: las cosmogonías prefilosóficas de Hesiodo, Alcmán, Ferecides, Epiménides, Museo y la Teogonía órfica antigua. Madrid: Trotta, 2000, p. 106.
  34. Boccaccio: Genealogie Deorum Gentilium, libro I
  35. Hesíodo: Teogonía, 116—117
  36. Hesíodo: Teogonía, 126—131
  37. Apolodoro: Biblioteca mitológica I 1, 1
  38. Damascio: sobre el Parménides de Platón, 257
  39. Hesíodo: Teogonía, 130—140
  40. Hesíodo: Teogonía, 140—147
  41. Hesíodo: Teogonía, 148—155
  42. Acusilao, fr. 8 (Fowler)
  43. 1 2 Hesíodo: Teogonía, 155—165
  44. Hesíodo: Teogonía 503
  45. Hesíodo: Teogonía 653
  46. Hesíodo: Teogonía, 165—175
  47. Hesíodo: Teogonía, 175—187
  48. Hesíodo: Teogonía, 232—240
  49. Apolodoro: Biblioteca mitológica I 1, 4
  50. 1 2 Hesíodo, Teogonía 470—505
  51. Hesíodo, Teogonía 620—630
  52. 1 2 Hesíodo, Teogonía 820—885
  53. Hesíodo, Teogonía 890—892
  54. Pseudo-Apolodoro: Biblioteca mitológica, I, 6, 1.
  55. Dionisíacas: VI, 206–230
  56. Dionisíacas I, 145–160
  57. Dionisíacas II, 20–40
  58. Dionisíacas II, 621–625
  59. Ilíada II 548; Odisea VII 324, XI 576; Apolonio de Rodas I 762, III 716.
  60. PAUSANIAS: Descripción de Grecia X,5,5-6.
  61. Biblioteca mitológica I,4,1.
  62. Píndaro, Píticas IX ant 3
  63. Pseudo-Apolodoro, Biblioteca III 9, 9
  64. Higino: Fábulas 203; Nono: Dionisíacas XXXIII 210 ss
  65. Nono: Dionisíacas 45. 257
  66. Nono: Dionisíacas XX 22 ss
  67. Ateneo, Deipnosofista I 78a
  68. De Astronomica II, 3; Apolodoro: Biblioteca mitológica II 5, 11
  69. Hesíodo: Astronomía, fr. 4 (citado en Pseudo-Eratóstenes, Catasterismos. fr. 32)
  70. Escolio a Ilíada I, 5 s.
  71. Pausanias: Descripción de Grecia X, 5, 5
  72. Pausanias: Descripción de Grecia I, 18, 7
  73. Pausanias: Descripción de Grecia V, 14, 10
  74. En la cerámica ática de los siglos VI–V a. C., especialmente en vasijas de figuras rojas y negras producidas en Atenas, se la representa como una mujer madura que emerge parcialmente del suelo (ánodos), iconografía asociada a escenas como la Gigantomaquia; en época helenística y romana su imagen evoluciona en mosaicos donde aparece reclinada sobre la tierra, en actitud maternal y fecunda, acompañada por los Carpos (Carpoi), geniecillos o daimones infantiles que personifican los frutos y la abundancia agrícola, reforzando su carácter de deidad ctónica y generadora de vida.
  75. Pausanias: Descripción de Grecia I, 31, 4
  76. Aristófanes: Las tesmoforiantes, 295–300; Polibio: Historias V, 106, 2
  77. Pausanias: Descripción de Grecia VIII, 54, 5
  78. Por ejemplo, en Eurípides: Helena, 168, donde se dice que Ctonia es madre de las sirenas. O en Dionisíacas XXV 485-493 donde se nos dice que Damasén nació de Ctonia.
  79. Esquilo, Las suplicantes 260 ss
  80. Pausanias: Descripción de Grecia I, 22, 3; También aparece documentado en el reglamento religioso del demo del Pireo (Inscripción IG II² 1356).
  81. Pausanias: Descripción de Grecia VIII 42, 1–4
  82. Pausanias: Descripción de Grecia V 14, 10
  83. Escolio a Aristófanes, Las aves, 971. Aristófanes dice «en primer lugar sacrifíquese un carnero blanco a Pandora» y el escolio anota que se refiere a la tierra, pues proporciona todos los dones relativos a la existencia.
  84. Esquilo: Los persas, 610–615
  85. Así en Higino: Fábulas (proemio) donde dice que «Tártaro engendró con Tártara a Tifón, una criatura de inmenso tamaño y terrible forma, que poseía cientos de cabezas de dragón que le emergían de sus hombros».
  86. Diodoro Sículo: Biblioteca histórica V 66, 1
  87. Hesíodo: Teogonía 126 ss
  88. 1 2 Escolio a Simias, Alas 1 (= Antología palatina XV 24)
  89. Boccaccio: Genealogia deorum gentilium III, 24
  90. Boccaccio: Genealogie Deorum Gentilium I, 17
  91. 1 2 3 Higino: prefacio de las Fábulas 3
  92. Higino: Prefacio de las Fábulas 3
  93. Pausanias I 2, 6; Calímaco Hécale
  94. Estéfano de Bizancio, voz «Bisaltia»
  95. Hecateo fr. 378
  96. Natalis Comes, Mitología 3, 1
  97. Suda, voz «Tritopatores»
  98. Tzetzes, sobre Licofrón, 6
  99. Apolodoro I 1, 32
  100. Píndaro: Pítica IX
  101. Alceo fr. 450
  102. Epiménides, fr. 8, suppl = Fowler, p. 13
  103. Atenágoras, 15; Licofrón, 144
  104. Filodemo, De la Piedad, pág. 18 Gomperz
  105. Hesíodo: Teogonía 232: Apolodoro I 1, 10
  106. Titanomaquia fr. 3
  107. Tzetzes sobre la Teogonía 80
  108. 1 2 Servio: comentario sobre Virgilio, Eneida III, 241
  109. Apolodoro II 115, Filóstrato el viejo II 21, Fábulas 31
  110. Hesíodo: Catálogo de mujeres fr. 40A (West)
  111. Servio, comentario sobre la Eneida de Virgilio 3, 420
  112. 1 2 Catálogo de mujeres, fr.150 = Papiro de Oxirrinco 1358
  113. Hermann Steuding voz «Euonyme». En Wilhelm Heinrich Roscher: Ausführliches Lexikon der griechischen und römischen Mythologie. Band 1,1, Leipzig 1886, Sp. 1406. Ambos identifican a Evónime con Gea, la Tierra.
  114. Escolio a Sófocles: Edipo en Colono, 40
  115. Apolodoro I 2, 4
  116. Teogonía 819, Apolodoro I 1.39, Higino Prefacio
  117. De Astronomica II, 15 (Flecha)
  118. Higino: prefacio de las Fábulas 4
  119. 1 2 3 Hesíodo: Teogonía 135; Diodoro Sículo V 66, 1; Apolodoro I 1-3
  120. Apolodoro I 1, 2
  121. Fr. órfico 179 = Proclo, sobre el Timeo de Platón III, 184 (1 Diehl.)
  122. Diodoro Sículo, Biblioteca histórica III 60, 1
  123. Oráculos sibilinos, III, 110-190.
  124. Pseudo-Apolodoro: Biblioteca mitológica I 6.1
  125. Atenágoras: Pro. Christ. 18, 6
  126. Hesíodo: Teogonía 184 ss
  127. Tzetzes, sobre la Teogonía, 80
  128. Alceo fr. 441
  129. Alcmán fr. 67; Mimnermo frag 13; Praxila frag 3, Diodoro Sículo IV 7, 1; Arnobio III 37
  130. Pausanias IX 39, 3
  131. Cicerón: Sobre la naturaleza de los dioses III, 21; Tzetzes, sobre Hesíodo, 23
  132. Safo, fragmento 198
  133. Simónides fr. 52; escolio a Teócrito I 65
  134. Baquílides fr. 45, citado en un escolio a Apolonio de Rodas, Argonáuticas
  135. Teogonía, Epiménides 11, en escolio a Teócrito, Idilios I 123b (69 Wendel)
  136. Estéfano de Bizancio, s.v. Euonymeia; Urano y Gea fueron los padres de Evónimo (Εὐώνυμος). Este dio su nombre al demo de Evonimea, ubicado al sur de Alimos, en Atenas. Se dice que Evónimo a su vez fue el padre de Áulide, epónima de Áulide.
  137. Dionisio de Halicarnaso I 27, 1
  138. Natalis Comes: Mitología IV, 3 (Sobre el Genio); se refiere a los padres del Genio como Júpiter y la Tierra.
  139. Nono: Dionisíacas XIV 193 y XXXII 65
  140. Pausanias VII 17, 8
  141. LISI, F.L. "La teología de Ferecides de Siro". Helmantica 36 (1985), 251-256. SCHIBILI, H.S. Pherekydes of Syros. Oxford, 1990.
  142. Antonino Liberal VI, Higino: Fábulas 48
  143. Fr. 985 anónimo (lírica griega V), citado en Hipólito, Refutación de todas las herejías
  144. HOMERO: Ilíada II 547–48
  145. Esquilo: Las suplicantes 250
  146. Kinkel, Gottfried (1877). Epicorum Graecorum fragmenta (en latín y en griego) 1. Fragmento 8. Leipzig.
  147. Nono: Dionisíacas 45, 174
  148. 1 2 Pausanais I 35, 6-7
  149. 1 2 Filóstrato el Viejo: Cuadros o Imágenes (Εικόνες); II, 22
  150. Esquilo: Las suplicantes 306 y Prometeo 566; Apolodoro II 2, 4, Nono: Dionisíacas XX 35
  151. Nono: Dionisíacas XXV 452
  152. Fr. anónimo (quizás Pamprepio de Panópolis), revista Romanica Olomucensia; Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I 11, 2; 12
  153. 1 2 Virgilio: Eneida IV 174
  154. Apolodoro I 25. En Higino: Fábulas 195 y Astronomía II, 34; Ovidio: Fastos V 493, Nono: Dionisíacas 13.96; se nos dice que Orión nació de la orina conjunta de Júpiter, Neptuno y Mercurio.
  155. Esquilo: Prometeo encadenado 211
  156. Ateneo fr. 78a
  157. Odisea XI 580, Eneida VI 595, Dionisíacas IV 33
  158. Estrabón X 3, 9, Diodoro Sículo V 65, 1, Nono: Dionisíacas XIII 135 y XIV 23
  159. Nono: Dionisíacas XIV 23
  160. Fr. 985 anónimo (Greek Lyric V)
  161. Apolonio de Rodas: Argonáuticas I 901
  162. Eurípides: Helena, 168
  163. Eurípides, Hécuba 70–72
  164. Pausanias VIII 25, 5
  165. Higino: Prefacio y Fábulas 140; Las metamorfosis I 438
  166. Apolonio de Rodas, Argonáuticas II 1215
  167. Estacio: Tebaida V 505
  168. Ovidio: Fastos III 793
  169. Hesíodo: Astronomía fr. 4, Higino: Astronomía II 26
  170. Servio: sobre Virgilio, Geórgicas 1, 8
  171. Esquilo: Agamenón 690
  172. Natale Conti: Mitología III, 2 (Sobre Estige)
  173. Eurípides, Ion 987–997
  174. Boccaccio: Genealogie Deorum Gentilium I, 9 (De la Noche, primera hija de la Tierra).
  175. Nono: Dionisíacas XXIX 243
  176. Lírica griega V (anónima), fr. 985 (citado en Hipólito, Refutación de todas la herejías)
  177. Apolonio de Rodas, Argonáuticas IV 673 ss; Ovidio: Las metamorfosis I 416
  178. Hesíodo, Trabajos y días 547 ss; Cicerón, sobre la naturaleza de los dioses II 33
  179. Higino: Fabulae, 220
  180. Himno homérico XXX, a la Tierra madre de todos
  181. Himno órfico XXVI, a la Tierra
  182. LIDDELL, H. G.; SCOTT, R. (1940). «γῆ». A Greek-English Lexicon.
  183. LIDDELL, H. G.; SCOTT, R. «γά». Op. cit.
  184. LIDDELL, H. G.; SCOTT, R. (1940). «γαῖα». Op. cit.
  185. «Gaia». Online etymology dictionary.
  186. FRISK, Hjalmar (1954–72). Griechisches etymologisches Wörterbuch. entrada 2032.
    • Griechisches etymologisches Wörterbuch (Diccionario etimológico griego).
  187. «αία». Greek Dictionary Headword Search - Perseus Project.
  188. LIDDELL, H. G.; SCOTT, R. «Lista de palabras griegas antiguas prefijadas con γεω-». Op. cit.
  189. LIDDELL, H. G.; SCOTT, R. «Δαμάτηρ». Op. cit.
  190. LIDDELL, H. G.; SCOTT, R. «Ποτειδάν». Op. cit.
  191. «Demeter». Online etymology dictionary.
  192. «δά». Greek Word Study Tool - Perseus Project.
  193. CASTLEDEN, Rodney (1990). «The Minoan belief system». Minoans. Life in Bronze Age Crete. Routledge. p. 125.
  194. BEEKES, Robert S. P. Greek Etymological Dictionary. (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial, la primera versión y la última).
  195. LIDDELL, H. G.; SCOTT, R. «ἄρουρα». Op. cit.
  196. LIDDELL, H. G.; SCOTT, R. (1940). «χθών». Op. cit.
  197. «chthonic». Online etymology dictionary.
  198. Kerényi, Karl: The Gods of the Greeks. Thames & Hudson, 1951 (ed. inglesa 1951; varias reediciones posteriores). Especialmente el capítulo sobre las divinidades primordiales (Gaia y Uranos aparecen como estrato preolímpico). Kerényi, Karl: Zeus and Hera: Archetypal Image of Father, Husband and Wife. Princeton University Press, 1975. Aunque centrado en Zeus/Hera, desarrolla el trasfondo cosmogónico donde Gea actúa como base primordial.
  199. Burkert, Walter: Greek Religion: Archaic and Classical. Harvard University Press, 1985 (original alemán: Griechische Religion der archaischen und klassischen Epoche, 1977). Ver especialmente: cap. I (cosmogonía y dioses primordiales) y sección sobre cultos ctónicos y juramentos. Burkert, Walter: Homo Necans: The Anthropology of Ancient Greek Sacrificial Ritual and Myth. University of California Press, 1983 (alemán 1972). Contexto ritual y función de fuerzas ctónicas como Gea.
  200. Vernant, Jean-Pierre: Myth and Thought among the Greeks. Zone Books, 2006 (original francés: Mythe et pensée chez les Grecs, 1965). Especialmente ensayos sobre cosmogonía hesiódica y estructura del mito. Vernant, Jean-Pierre: The Universe, the Gods, and Men. HarperCollins, 2001. Versión más divulgativa pero basada en el mismo marco estructural. Detienne, Marcel: The Writing of Orpheus: Greek Myth in Cultural Context. Johns Hopkins University Press, 2003 (francés original 1989). Crítica a las lecturas esencialistas de la “Madre Tierra”.
  201. Robert Graves es uno de los ejemplos de por qué hoy en día tenemos esa visión tan romantizada y universal de Gea. En su monumental obra Los mitos griegos (1955), Graves utiliza sistemáticamente el término "La Madre Tierra" para referirse a ella, convirtiéndose en el gran divulgador de esta idea en el mundo occidental.
  202. Walter Burkert (1985): Greek Religion: Archaic and Classical. Harvard University Press. (Edición en español: Religión griega: Arcaica y clásica. Editorial Abada, 2007)
  203. Jean-Pierre Vernant (1999): L'Univers, les dieux, les hommes. Éditions du Seuil. (Edición en español: Érase una vez... El universo, los dioses, los hombres. Editorial Anagrama, 2000).
  204. Mary Lefkowitz (1986): Women in Greek Myth. Johns Hopkins University Press. (Edición en español: Las mujeres en la mitología griega. Editorial Alianza, 1989).
  205. Hortua Cortes, Erwin Andrei (Julio de 2007). «HIPÓTESIS DE GAIA». documento de trabajo (Universidad Distrital Francisco José de Caldas). Consultado el 18 de abril de 2022.
  206. Stephen Jay Gould (1988): Kropotkin was no crackpot (Artículo académico donde critica la Hipótesis Gaia de Lovelock)

Bibliografía

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Enlaces externos

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  • Biblioteca mitológica I, 1 - 5 (Urano se deshace de sus primeros hijos, y Gea persuade a los siguientes de que lo derroquen).
    • I, 1 - 7: texto francés, con índice electrónico.
      • Texto inglés, con índice electrónico, en el Proyecto Perseus; ed. de 1921 de James Frazer: 1; 2; 3; 4; 5. En la parte superior derecha se encuentran los rótulos activos "focus" (para cambiar al texto griego) y "load" (para el texto bilingüe).
  • Biblioteca I, 2, 6 (Hijos de Gea y Ponto).
  • HARRISON, Jane Ellen: Myths of Greece and Rome (Mitos de Grecia y de Roma), 1928.