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SEPARATA DE LA REVISTA MILITANTE

DICIEMBRE 2005

 

 

Presencia de cristianos en el movimiento

JORNALERO Y CAMPESINO EN ANDALUC�A

Esteban Tabares Carrasco

Introducci�n

Los movimientos agrarios andaluces y las luchas campesinas no son un fen�meno reciente ni exclusivo de la �poca que ahora analizamos, sino que tiene ra�ces hist�ricas profundas y muy dignas. Por otra parte, Andaluc�a es enorme y sus realidades muy diversas. En el breve espacio de esta comunicaci�n no pretendo hacer una exposici�n completa de un tema tan extenso; algo que, por otra parte, supera mi capacidad. �nicamente me limitar� a hacer una narraci�n de algunos hechos sucedidos al hilo de mi vida; es decir, dar testimonio de algunas de las muchas cosas que hemos visto y hemos hecho. Y para concretar m�s a�n, me ce�ir� a las comarcas de la Sierra Sur de Sevilla y a la zona malague�a de Antequera, as� como a la presencia de cristianos en la organizaci�n del Sindicato de Obreros del Campo (SOC).

 

El equipo de curas de la Sierra Sur de Sevilla

En agosto de 1969 llega un equipo de cuatro curas reci�n ordenados a algunos pueblos de esa comarca (Gilena, Pedrera, Mart�n de la Jara y Los Corrales), que posteriormente se ampliar� con otros curas m�s (La Roda de Andaluc�a, Aguadulce, Casariche y Badolatosa). Con ellos comienza en la zona un trabajo lento de concientizaci�n y organizaci�n popular, un despertar cr�tico a nivel social, cultural y religioso, que intentaba levantar la pesa losa del tardofranquismo, el caciquismo local, el subdesarrollo cultural, la pobreza, la explotaci�n y la alienaci�n religiosa. Se van plantando las semillas que germinar�n con fuerza a partir de 1975, haciendo de esta comarcar una de las m�s destacadas en Andaluc�a en las luchas jornaleras. El eje de ese equipo de curas fue Diamantino Garc�a. A finales de 1984 se unir� al mismo una peque�a comunidad de tres religiosas franciscanas, que se instalan en Los Corrales y viven desde entonces entre el pueblo sencillo una como maestra de personas adultas, otra como ATS y otra como trabajadora social.

�La miseria y las contradicciones a las que se ve sometida la clase trabajadora en esta zona de la Sierra Sur de Sevilla son tan grandes que la lucha obrera se plantea normalmente con tonos muy radicales (en esta zona se encuentra el pueblo de Marinaleda, entre otros). El despertar sindical aqu� exig�a un sindicalismo que recogiese lo m�s fielmente posible estas contradicciones y diese una alternativa de lucha eficaz.

La zona se decidi� por el SOC, sindicato minoritario pero con alternativas posibles para los jornaleros. Desde nuestras parroquias era l�gica nuestra ayuda y colaboraci�n al renacer organizativo de los jornaleros. Nuestra definici�n social ven�a siendo constante en la clandestinidad y ante los abusos de los �ltimos a�os de la dictadura. As� pues, nuestro concreto apoyo al SOC ha sido y es una de las distintas maneras de estar presentes en esta realidad de jornaleros. Desde el principio, las circunstancias y nuestra opci�n nos hicieron a los curas catalizadores en nuestros pueblos de las inquietudes sociales y pol�ticas.

Nuestra acci�n, considerada de una manera global, est� encaminada a una mentalizaci�n y promoci�n en todos los frentes donde nos es posible actuar. Para ello utilizamos los m�s diversos medios: catequesis de primera comuni�n, movimiento Junior, Hoja Parroquial de zona, mesas redondas, clubes juveniles, informaci�n laboral, trabajo asalariado de los curas, simplificaci�n de los servicios religiosos...

Tratamos de dar una respuesta encarnada y comprometida y de presentar un rostro de Iglesia m�s en consonancia con las necesidades y formas de ser de los jornaleros, al mismo tiempo que adoptamos compromisos socio-pol�ticos muy concretos. Las luchas de los jornaleros en nuestra zona atraen siempre el inter�s de la opini�n p�blica y de los sectores pol�ticos porque son luchas fuertes y duras. Se lucha para vivir. Se lucha para comer. La pol�tica econ�mica del capitalismo nos va echando de la tierra y nos arroja a las plazas de los pueblos y a la cunetas de las carreteras a arrancar hierbas y hacer trabajos in�tiles con el Empleo Comunitario. Con el jornalero andaluz quieren hacer una especie de �reserva india�: sacarnos de la tierra y sostenernos con precarias ayudas oficiales.

Nosotros como creyentes interpretamos estas luchas como un proceso pascual de muerte y resurrecci�n. Un pueblo que continuamente sufre y muere y que va alcanzando resurrecciones parciales tras sus luchas, que son como peque�os �xodos para ir saliendo de la esclavitud. El Se�or nos llama a un compromiso siempre mayor, a verificar diariamente nuestra fe dentro de las angustias y contradicciones que vive nuestro pueblo. La esperanza cristiana es simple alienaci�n religiosa si no recoge y hace suyas las esperanzas humanas concretas de la gente m�s pobre y necesitada de libertad�.1

Para nosotros estaba bien asumido desde el principio que los locales parroquiales, los medios de que dispon�amos como p�rrocos e incluso el propio templo hab�a que ponerlos al servicio del pueblo, especialmente en las actividades que pudiesen repercutir en su promoci�n y organizaci�n. Era una manera de poner en pr�ctica las obras de misericordia y de neutralizar unos medios casi siempre empleados para mantener unas costumbres religiosas de dudoso contenido liberador. Tambi�n era una forma de devolver al pueblo m�s necesitado lo que le pertenec�a.

En la sacrist�a, en la casa parroquial, en el templo, se ha ense�ado a leer y a escribir, se han informado de sus derechos a los trabajadores, se han formado cooperativas y asociaciones de padres, se han celebrado recitales, teatros y actos culturales de todo tipo, se ha organizado la juventud, etc. En nuestros templos se han encerrado los jornaleros en multitud de ocasiones para reclamar sus derechos...

Diamantino expresaba toda esta presencia cristiana entre los jornaleros con esta s�ntesis:

�Hemos prestado un servicio de promoci�n humana a todas estas gentes. Hemos acompa�ado la vida de los jornaleros de estos pueblos con seriedad y cercan�a, con fidelidad y permanencia, con solidaridad y compromiso. Nuestro testimonio generoso, austero y entregado ha contribuido a limpiar la mala imagen que hay de los curas en el pueblo en general. Hemos frenado el desarrollo de una religiosidad consumista y folcl�rica. Hemos desenganchado a la iglesia parroquial de los ricos del pueblo y de la gente conservadora e insolidaria que tradicionalmente la han manipulado. Hemos procurado denunciar prof�ticamente desde el Evangelio las injusticias que padece nuestro pueblo y hemos anunciado a Jesucristo muerto y resucitado�.2

Comisiones Campesinas y Comisiones de Jornaleros

A mi parecer, dos han sido los focos geogr�ficos principales en Andaluc�a donde se fraguaron las bases del movimiento jornalero y campesino en esta �poca: varias zonas en la provincia de Sevilla (Sierra Sur, Mor�n de la Frontera, Lora del R�o y Lebrija-Jerez) y la comarca de Antequera (M�laga). Mientras que en Sevilla la gran mayor�a eran jornaleros, en la segunda se mezclan jornaleros y peque�os campesinos, aportando algunas caracter�sticas espec�ficas a aquellas primeras acciones y sencillas organizaciones semi-clandestinas.

En los pueblos de la comarca de Antequera (Archidona, Alameda, Humilladero, Mollina, Villanueva de Algaidas, Villanueva de la Concepci�n, etc.) se puede datar en torno al a�o 1874 el nacimiento de peque�os grupos organizados que se denominaban Comisiones Campesinas, en las cuales ejerc�a su hegemon�a ideol�gica el Partido Comunista. Posteriormente pasar�an a llamarse CCOO del Campo. Por esos a�os sus luchas se dirigen preferentemente a conseguir fondos para el Empleo Comunitario, pues a los pueblos que m�s se mov�an y exig�an m�s dinero les enviaba el Gobierno Civil a trav�s de los Ayuntamientos respectivos. Era un reparto desigual: a m�s lucha y agitaci�n p�blica, m�s fondos para acallar las protestas.

Adem�s, se organizan otras reivindicaciones y acciones: huelgas exigiendo m�s salario en la recogida de la aceituna, acciones por la construcci�n de viviendas sociales por los Ayuntamientos y cooperativas de autoconstrucci�n, de autoconsumo, contra la carest�a de la vida, reuniones de formaci�n y actos culturales de todo tipo, coordinaci�n del movimiento cooperativo de la comarca...

Se celebran infinidad de reuniones casi todas ellas presididas por un crucifijo, pues la gran mayor�a se convocan en locales de la Iglesia y en las parroquias de la zona. Primero, de manera muy clandestina y secreta, luego ser�n toleradas y por �ltimo legalizadas. Las dos organizaciones pol�ticas que orientan y dirigen este incipiente movimiento organizativo de la gente del campo son el Partido Comunista (PCE) y el Partido del Trabajo (PTE). Entre ambos exist�a un fuerte enfrentamiento de estrategia sindical: el PTE pretend�a la construcci�n del �Sindicato, ya�, mientras que el PCE defend�a la posici�n de �Sindicato, ma�ana�.

Hay que mencionar en la gestaci�n de todo este movimiento campesino la importante contribuci�n que realiz� un equipo de curas de Archidona (M�laga), con una opci�n de vida semejante al equipo de la Sierra Sur de Sevilla, que describ�amos antes. Ambos grupos de curas se reun�an peri�dicamente y se coordinaban en muchas de sus acciones, tanto a nivel social como eclesial. Se cre� as� una amplia zona de influencia y de actuaci�n entre las dos comarcas colindantes: la de Antequera y la de Osuna-Estepa, que fue crisol de militantes sindicales y de cristianos-as comprometidos. El eje del equipo de curas de Archidona era Manuel Hern�ndez, gran impulsor y organizador del movimiento cooperativo en aquella zona y en Andaluc�a. Recordando aquellos a�os, �l mismo cuenta:

�En el verano de 1976, Paco Casero, del PTE, se dirige a m� como independiente en CCOO para preparar ya un �nico sindicato jornalero-campesino-obrero del campo. As� pues, preparamos un lugar relacionado con la Iglesia en Antequera (en el Callej�n de Urbina, frente al Instituto de Ense�anza) y all� se convoca para el d�a 1 de agosto. No acuden los l�deres del PCE-CCOO, pues se lo proh�ben sus dirigentes cuando ya est�n subidos en los coches para asistir. En cambio, s� que est�n presentes los principales l�deres del PTE: Gonzalo S�nchez, apodado �el bizco de la Patota�, de Lebrija; Paco Casero, de Marchena; Pepi Conde, de Huelva; S�enz de Santamar�a, de M�laga, quien despu�s ser�a c�lebre por su cl�nica abortista y sus innumerables juicios; Enrique Cobo, de Motril (Granada); Miguel Manaute, de Arahal, que por entonces pertenec�a a una organizaci�n troskista y que a�os m�s tarde llegar�a a ser Consejero de Agricultura y Pesca de la Junta de Andaluc�a; Diamantino Garc�a, Pepe Moncayo, de Osuna, y otros m�s de la Sierra Sur de Sevilla.

Tambi�n asistimos los de CCOO de la zona de Antequera, aunque m�s tarde se retirar�an, quedando solamente las Comisiones de Jornaleros. Yo hice de cronista y a propuesta m�a se acept� ponerle al nuevo sindicato que nac�a el nombre de �obrero� (no el de �jornalero�, m�s preponderante en Andaluc�a occidental y �campesino� en la oriental): Sindicato de Obreros del Campo (SOC)�.

Hemos de nombrar tambi�n a tres equipos de curas del mismo talante de compromiso con el pueblo y con los jornaleros y campesinos: uno se movi� por la zona de Lora del R�o (Sevilla) y entre los parcelistas de los pueblos de colonizaci�n de su entorno; otro vivi� en Mor�n de la Frontera (Sevilla), pueblo grande de tipo agro-industrial que conoci� un fuerte movimiento jornalero al que los curas no fueron ajenos; y el tercero estaba formado por varios curas jesuitas que vivieron en Fuente Palmera (C�rdoba) e influyeron en la mentalizaci�n y organizaci�n de jornaleros y peque�os propietarios agr�colas en la comarca de Palma del R�o (C�rdoba).

Nacimiento del SOC

En el semanario �Tierras del Sur� del 14 de agosto de 1976 apareci� la cr�nica que envi� Manuel Hern�ndez y donde da cuenta pormenorizada de este parto. Por su importancia hist�rica, lo transcribimos �ntegramente en el anexo a este texto.

El 5 de diciembre de 1976 se celebra en Sevilla la 1� Conferencia del SOC a la que asisten 258 delegados y donde se analiz� la situaci�n del campo andaluz y que �sta requer�a una transformaci�n radical a trav�s de una verdadera Reforma Agraria. En los primeros meses de 1977 el SOC presenta una tabla reivindicativa contra el paro de cinco puntos:

1.- Expropiaci�n de las tierras mal cultivadas y su entrega a los jornaleros.

2.- Plan de inversiones para el campo andaluz.

3.- Jubilaci�n a los 60 a�os.

4.- Pol�tica de cultivos sociales.

5.- Seguro de desempleo agrario para los meses de paro.

pleta en agosto con la formulaci�n del �Manifiesto contra el Paro� que exig�a: una ley de laboreo forzoso, pol�tica de precios agrarios, censo de parados del campo, inversiones en regad�os, obras sociales, servicios, y equiparaci�n del R�gimen Especial Agrario a la rama general, con la creaci�n de un fondo especial de paro en sustituci�n del Empleo Comunitario.

En defensa de esta plataforma se organiza desde la Sierra Sur una marcha hacia Sevilla en mayo de 1977 acompa�ada de encierros, concentraciones y diversas acciones en los pueblos. En Osuna, ante la falta de fondos para el Empleo Comunitario, 200 personas encerradas en el Ayuntamiento el 19 de julio ser�n desalojadas por la guardia civil. Los d�as 21 y 22 el pueblo va a la huelga general y siete jornaleros son detenidos.

Durante los d�as 2 y 3 de septiembre de ese mismo a�o se celebra en Mor�n de la Frontera el primer congreso del SOC y que era tambi�n el primero del sindicalismo agrario tras la guerra (in)civil y el segundo en toda la historia del movimiento obrero campesino. Asistieron a esta reuni�n constituyente invitados de Chile, de la OLP, del Frente Polisario, etc.

Presencia, apoyo y militancia de cristianos en el movimiento jornalero

Eran tan razonables y tan justas las reivindicaciones del movimiento jornalero y campesino de aquella �poca; sus estrategias y su metodolog�a de no violencia activa se hac�an tan plausibles y la coherencia �tica de sus dirigentes de entonces era tan in�dita y elogiable, que se produjo un hecho hist�rico desconocido en Andaluc�a: muchos cristianos, curas, religiosas, parroquias, movimientos cat�licos, etc. empatizaron y simpatizaron con la causa de los jornaleros y campesinos y con sus luchas arriesgadas y radicales.

La solidaridad de muchos cristianos se hizo patente en m�ltiples formas: apoyo econ�mico, prestar locales parroquiales y abrir templos para reuniones  encierros, difusi�n de propaganda sindical, uso de las multicopistas y de la prensa de la Iglesia, las homil�as dominicales... Citemos un hecho significativo y sorprendente: unas religiosas de clausura del convento de las �M�nimas� de Archidona dieron dinero en cierta ocasi�n para pagar la fianza de un dirigente sindical detenido. Muchas personas reconocidas en los pueblos como cristianas y de talante abierto y democr�tico simpatizaban y colaboraban con las acciones jornaleras. En cambio, en la otra parte, los �oficialmente cristianos� odiaban a muerte estas luchas y la organizaci�n de los trabajadores. Por eso realizaban amenazas de todo tipo a los afiliados al sindicato, as� como constantes cr�ticas y denuncias contra los curas comprometidos con ellos ante el obispo o ante la guardia civil. La lucha de clases se agit� apasionadamente con este despertar del sindicalismo agrario.

Ser�a muy largo citar todos los ejemplos de apoyo o de compromiso de grupos de Iglesia a las luchas de los jornaleros y campesinos. Citemos algunos solamente.

�Por orden judicial ha sido secuestrada la Hoja Parroquial de Los Corrales (Sevilla), correspondiente al n� 119, del domingo 17 de agosto de 1975. La citada Hoja estaba dedicada principalmente al tema de la participaci�n de los trabajadores en la Seguridad Social. Es la Hoja Parroquial de la zona pastoral de Los Corrales, Pedrera, Mart�n de la Jara, Aguadulce, Gilena, La Roda de Andaluc�a, Lora de Estepa, Corcoya, Badolatosa y Casariche. En estas localidades se distribuye normalmente todas las semanas en las misas dominicales. El cura p�rroco de Los Corrales, Diamantino Garc�a Acosta, director de la publicaci�n, ha comparecido ante el Juzgado de Instrucci�n n� 3 de Sevilla a fin de prestar declaraci�n en las diligencias que se instruyen contra la citada Hoja, por el posible delito de propaganda ilegal�  (El Correo de Andaluc�a).

�Unos 300 trabajadores agr�colas de Los Corrales se recluyeron el martes 2 de septiembre de 1975 en el templo parroquial para protestar por la falta de soluciones al paro forzoso en que se encuentran y la ausencia de fondos para el empleo comunitario. Hacia las 10 de la noche se present� el capit�n de la guardia civil de la zona haciendo saber que ten�a orden del gobernador civil de desalojar la iglesia si los recluidos no abandonaban el templo inmediatamente, cosa que �stos realizaron pac�ficamente hacia las 11�30 de la noche�.

�El 6 de enero de 1976 se encerraron un centenar de jornaleros en el templo mayor de Lebrija (Sevilla) y fueron desalojados pac�ficamente. Por los altavoces de la torre dijeron varias veces: �Queremos que las tierras mal cultivadas sean entregadas a los jornaleros y peque�os campesinos. Queremos ayuda todo el a�o a los obreros en paro. Queremos convenios colectivos en todas las campa�as y jubilaci�n a los 60 a�os. Queremos libertad sindical y libertad para los presos pol�ticos y exiliados...�

Aunque el siguiente suceso no corresponda al �mbito rural, lo recordamos porque tiene un gran significado para el tema que estamos analizando:

�Un numeroso grupo de sacerdotes se ha reunido con el Cardenal de Sevilla para reflexionar sobre los acontecimientos de estos d�as y hacen el siguiente comunicado: �Al mediod�a del pasado jueves, 1 de abril de 1976, el sacerdote obrero Jos� Antonio Casasola, unido al equipo parroquial de Ntra. Sra. del Reposo en la barriada de La Corza, intent� mediar ante miembros de la polic�a que acudieron a desalojar a un grupo de 47 obreros de la empresa ROCA recluidos en el templo. Arrinconado por algunos polic�as en el interior de la iglesia, fue duramente golpeado y luego introducido en una furgoneta. Sobre las 16 horas fue ingresado en el servicio de urgencias de la Ciudad Sanitaria, de donde fue trasladado a la Jefatura Superior de Polic�a, donde permaneci� la noche del jueves, el viernes y mediod�a del s�bado, 3 de abril, cuando paso al Juzgado y puesto en libertad. Sus compa�eros y amigos han apreciado el estado lamentable que los golpes en la cabeza y en las v�sceras le han ocasionado...� (El Correo de Andaluc�a).

�Del 5 al 10 de julio de 1976, unos 160 cristianos (en su mayor�a curas) nos reunimos en un colegio de M�laga con el fin de pensar en la situaci�n de Andaluc�a y el papel que juega la Iglesia. Analizamos la realidad y vimos que en Andaluc�a existe una gran riqueza agr�cola, pero que no est� aprovechada [...]En esta asamblea hab�a curas de C�diz que trabajan como alba�iles o en el puerto de Algeciras. Hab�a un grupo de monjas de Ronda que trabajan en el campo y que no viven en el convento, sino en una pobre casa. Curas de Granada empleados en un comercio o gerentes de una cooperativa. Una monja de C�rdoba que trabaja dando horas por las casas como criada. Curas de Sevilla que son jornaleros del campo, etc.�

�1980 fue un a�o especialmente combativo en el SOC. El parcheo del empleo comunitario no alivia el malestar. En marzo se organiza una marcha a Sevilla desde la plaza mayor de Osuna. Tras dos d�as de caminata, la iglesia de Santa Teresa acoge a los jornaleros en la capital, concitando una gran solidaridad de los barrios de la zona. Durante tres meses completos estuvieron acogidas en el templo unas 100 personas diariamente y los fines de semana 300 o m�s. All� cocinaban, com�an, dorm�an y planificaban acciones por la ciudad. El baptisterio se convirti� en improvisada y repleta despensa de v�veres que tra�a la gente m�s diversa. Javier Santos Verdugo, el p�rroco, comparti� el espacio entre eucarist�as y asambleas, bautizos y olor a potajes�.

�En agosto de 1980, 700 personas se declaran en huelga de hambre en Marinaleda. El hecho produce un gran impacto en la opini�n p�blica nacional y extranjera, hasta el punto de que el Gobierno de Adolfo Su�rez se ve obligado a hablar con los jornaleros y aumentar los fondos del empleo comunitario hasta cubrir cuatro d�as de trabajo a la semana. A partir de esa fecha, el pueblo de Marinaleda se convierte en un referente destacado de las luchas jornaleras en Andaluc�a. Su impulsor ser� Juan Manuel S�nchez Gordillo, un profesor de EGB formado con los jesuitas de la SAFA de �beda (Ja�n) y con una primigenia inspiraci�n cristiana�.

Aportaciones espec�ficas de los cristianos

Ya hemos indicado el compromiso de tantos cristianos-as que, como laicos an�nimos, se comprometieron con las luchas jornaleras. Pero su influencia concreta en cuanto cristianos es dif�cil de evaluar precisamente por ese anonimato con el que estaban ah�.

M�s f�cil es calibrar la influencia ejercida por parte de curas y de cristianos-as muy conocidos p�blicamente en cuanto tales y que tuvieron una presencia muy cualificada en cargos directivos del movimiento jornalero y campesino andaluza. En este sentido es justo mencionar a Mar�a Moreno, �la Pasionaria� de Lora del R�o, militante de la HOAC y destacada dirigente de CCOO del Campo en aquella comarca. Cristianos-as como ella fueron piezas claves en las tareas de animaci�n y de formaci�n, adem�s de su permanente colaboraci�n en medios de todo tipo: locales para reuniones, multicopistas, coches, dinero, red de relaciones, colectas de solidaridad para pagar multas o sostener encierros... Muchas veces los aparatos de propaganda se encontraban en las casas de los curas en total clandestinidad. All� se confeccionaban las octavillas de las huelgas o los comunicados de todo tipo sobre las luchas jornaleras. Se repart�an hojas en los templos parroquiales apoyando las causas obreras, como eran la Carta del Domingo por toda Andaluc�a o la Hoja Parroquial de Los Corrales para la zona de la Sierra Sur. Adem�s de estas contribuciones bien concretas y visibles, podemos se�alar otras m�s espec�ficas:

� Hacia el interior del movimiento obrero se influy� mucho para introducir un funcionamiento asambleario, buscando cuantas veces era posible que las decisiones se adoptasen siempre en las asambleas de trabajadores.

� Se extendi� entre muchos de los dirigentes de entonces una �tica del sacrificio, de la entrega y de la honradez, de acuerdo con el principio de �los primeros en el sacrificio y los �ltimos en el beneficio�, como le gustaba decir a Diamantino.

� El esp�ritu cr�tico y la independencia junto con la colaboraci�n con todos los que ten�an los mismos objetivos. Los curas y los cristianos comprometidos estaban abiertos a todos y eran a la vez criticados por casi todos, porque no se identificaban absoluta e incondicionalmente con ning�n grupo.

� No tener apego a los cargos de direcci�n y huir de los liderazgos personalistas. En cuanto fue posible y la gente fue madurando, los curas dejaron los primeros puestos y pasaron a un segundo lugar, hecho que a veces se malentend�a, pues algunos pretend�an que los curas les �sacaran las casta�as del fuego�.

� Amplios cuadros de j�venes y de adultos bien formados y con fuerte capacidad cr�tica y de an�lisis, que fueron comprometi�ndose r�pidamente y con ilusi�n en las organizaciones jornaleras, en la creaci�n y direcci�n de cooperativas de todo tipo, en asociaciones de vecinos, de padres de alumnos, y tambi�n en los primeros ayuntamientos democr�ticos. La mayor�a de esas personas se han ido formando en los grupos parroquiales y muchos siguieron perteneciendo a estos, alimentando ah� su fe y sus compromisos.

� La presencia de cristianos y curas contribuy� tambi�n a dar m�s credibilidad a las luchas jornaleras. La relaci�n, el conocimiento y la coordinaci�n entre s� de los grupos cristianos de base contribuyeron a dar a conocer y extender en muchos �mbitos y lugares lo justo de estas luchas y la situaci�n en Andaluc�a. El eco se amplificaba con las voces de muchos cristianos.

� Finalmente, este compromiso obrero de muchas personas y grupos cristianos influy� positivamente en la sensibilidad de algunos obispos andaluces, quienes repetidas veces defendieron las causas de los jornaleros haciendo declaraciones o cartas pastorales de denuncia de las injustas situaciones del campo andaluz de aquella �poca.

Dos testimonios sobre las aportaciones de los cristianos

�Sin la presencia de cristianos en su organizaci�n, la evoluci�n del SOC hubiera sido, en parte, muy distinta, al igual que su desarrollo como una respuesta a la necesidad de crear un movimiento de masas mucho m�s amplio de lo que pudiera ser en aquellos momentos los sindicatos y sus partidos afines: UGT con el PSOE y COOO con el PCE. El SOC nace ante la necesidad de aglutinar a las personas  colectivos que no estaban dentro de la �rbita marcada por esas dos opciones pol�ticas, sino con posiciones mucho m�s abiertas.

Desde sus inicios, en la Sierra Sur de Sevilla y en algunas zonas de Granada hubo importantes n�cleos de personas con una biograf�a e ideolog�a cristianas. Este hecho le otorg� al SOC una amplia credibilidad ante la opini�n p�blica como organizaci�n obrera abierta y plural, no basada en la hegemon�a de un partido determinado. Los cristianos fueron un referente important�simo que, con el paso de los a�os, se ha ido valorando de forma clara.

La sinton�a y la simpat�a de muchos grupos cristianos hacia el movimiento jornalero eran debidas, en parte, a que respond�a a sus principios y creencias de justicia y de igualdad. Es decir, que la lucha jornalera trascend�a a otros planos m�s profundos. Muchas de nuestras luchas se hicieron apoy�ndonos en las iglesias: asambleas, encierros, comunicados, etc. En nuestra movilizaciones la Iglesia y sus templos eran casi siempre un referente. Recordemos el encierro que mantuvimos en la iglesia de Santa Teresa durante noventa d�as. Hechos de este tipo s�lo eran posibles a trav�s de un amplio movimiento de solidaridad de los cristianos y por la presencia de destacados dirigentes que ten�an un fuerte testimonio de vida por su pertenencia al cristianismo.

Nadie pone en duda el compromiso de Diamantino por Andaluc�a. Su presencia en el movimiento obrero, primero a trav�s de las Comisiones de Jornaleros y luego a trav�s del SOC, garantizaba la pluralidad y daba al marxismo-leninismo de muchos de nosotros un aporte de apertura. Eso nos impulsaba a aceptar a los cristianos no simplemente como representantes de un sector, sino como algo mucho m�s amplio y m�s profundo.

Diamantino era un elemento esencial en ese �plus� de pluralidad y de reflexi�n mucho m�s abierta. Y no s�lo �l, sino todas las personas que ten�an ideas cristianas y militaban en el SOC. El sindicato se basaba en una serie de pensamientos, posturas y programas de acci�n, pero tambi�n se basaba en las personas. Hubo personas claves por su propio talante y no s�lo por su manera de pensar que le dieron una impronta caracter�stica y diferencial. Diamantino fue con mucho una de ellas por su talante abierto, su capacidad de gesti�n, de saber entender y de ver el bosque y el �rbol al mismo tiempo. �l garantizaba precisamente eso y, a la vez, confrontaba unas ideas y estrategias que beneficiaron mucho al movimiento jornalero. Su historia desde 1974 hasta 1975 no podr�a entenderse sin conocer la persona de Diamantino� (Paco Casero, fue secretario general del SOC).

�Los grupos cristianos han sido una parte importante dentro del SOC incluso antes de que �ste existiera. No s�lo han dado su aportaci�n sino que han sido parte integrante junto a otros grupos provenientes del PTE y los de tendencia anarco-sindicalista. Los cristianos han puesto su sello en la constituci�n y desarrollo del sindicato.

Los que venimos de una cultura marxista-leninista, comunista, ten�amos una visi�n m�s �materialista�, m�s inmediata, a la hora de hacer an�lisis, planteamientos y maneras de actuar. Quiero decir que ten�amos poco en cuenta a la persona. Una cosa importante que los cristianos han aportado a nuestra lucha sindical ha sido precisamente el respeto y el valorar a las personas concretas. Con el paso de los a�os considero que eso es fundamental: ver a la persona no s�lo como un militante para luchar, sino alguien con sentimientos, con problemas, virtudes, defectos. Conceder un lugar importante al compa�erismo, la solidaridad, la �tica. Todo eso se lo debemos casi exclusivamente al movimiento cristiano. Lo cual no quiere decir que los compa�eros que tienen esa fe religiosa no estuvieran en primera fila. Al contrario, era gente que daba la cara, que estaba en la vanguardia y por eso tambi�n ellos sufrieron represalias como los dem�s: c�rcel, multas, detenciones, juicios...

La afinidad de los cristianos con la lucha jornalera se produc�a porque destacados cristianos que eran jornaleros militaban en ella; y tambi�n porque se ve�an reflejados en su filosof�a, en sus valores, en las formas de lucha y en sus planteamientos sindicales.

Diamantino era la encarnaci�n concreta de todo lo anterior. Desde primera hora, �l particip� tanto en la clandestinidad como en la constituci�n y desarrollo posterior del SOC. Ambos fueron complementarios y se configuraron mutuamente. Diamantino se convirti� en imagen p�blica del sindicato. Internamente era una persona de consenso que siempre procuraba el equilibrio entre las tendencias y las personas que compon�an el SOC, asunto no siempre f�cil. �l viv�a lo que dec�a. Pegado a los suyos, comprometido con los pobres. Trabajando, sufriendo y viviendo con los suyos. Con el paso del tiempo, su testimonio y su coherencia nos han ido ense�ando lo que debe ser un militante.

Diamantino dio gran importancia a la organizaci�n: o la gente se organiza desde la base o no podremos cambiar la realidad. Tras cualquier acci�n siempre intentaba que quedase un grupo responsabilizado de seguir adelante. Era sencillo, hu�a de las cosas vistosas, del ruido p�blico y de la imagen. Siempre que pod�a lo esquivaba. Nunca aspir� a tener nada material, lo daba todo, siempre pendiente de los dem�s. Cuando el sindicato se le fue quedando �estrecho� se abri� mucho m�s a las cuestiones de la solidaridad internacional y logr� meter esa inquietud en el planteamiento sindical�  (Manuel Lara fue miembro del comit� ejecutivo del SOC muchos a�os).

Lo que dec�a el mismo Diamantino

�Para que la lucha sea eficaz es fundamental organizarnos. Ponernos de acuerdo con los del mismo pueblo; coordinarnos con los m�s conscientes de la comarca; elaborar estrategias provinciales y hacer un plan para toda Andaluc�a. La necesidad de organizarnos como colectivo con unos problemas a resolver la vivimos desde el primer momento y la apoyamos con todas nuestras fuerzas.

Nuestro pueblo se ha ido dotando de organizaciones de lucha sindical, pol�tica, cultural, de solidaridad, etc. Y ah� estamos nosotros aportando lo que somos y lo que tenemos. Desde nuestra creencia y desde nuestro compromiso evang�lico. Ejerciendo como humildes profetas que denuncian las injusticias de una sociedad mal repartida, que abusa de los pobres, del trabajador, del ignorante y del d�bil, y que enga�a al pueblo con gobernantes que s�lo procuran servir al poderoso, aunque empleen discursos falaces y prometedores. Asimismo, con nuestra vida tan a contrapelo de los eclesi�sticos de oficio y de los cristianos rutinarios, denunciamos a una Iglesia lejana a los dolores del pueblo.

Con nuestra lucha concreta en el campo andaluz hemos conseguido bastante: mejoras ganadas a pulso para nuestra lucha; un respeto y un reconocimiento p�blico que antes no ten�amos; la promoci�n de compa�eros que se han superado como personas; la formaci�n de grupos y de cooperativas que son ejemplo de esfuerzo y solidaridad; el compa�erismo de otros grupos sociales, etc. Nuestro sacrificio ha dado fruto y seguir� dando�.

 

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