|
Ernesto
Che Guevara: un hombre extraordinario
Testimonio de Zoila Rodr�guez Garc�a, la novia que
Ernesto Che Guevara tuvo en la Sierra Maestra, en el oriente cubano.
Ten�a 18 a�os cuando conoc� al Comandante Ernesto
Guevara, fue en las Vegas de Jibacoa, aqu� mismo en la Sierra maestra; eran
como las cuatro de la tarde de un d�a que no recuerdo. Yo estaba encerrando
un ganado cuando lleg�. Ven�a montado en un mulo y otro compa�ero en un
caballo. Estaba vestido de un verde raro, con una boina negra.
Despu�s de saludar me pregunt� que si all� viv�a El
Cabo. As� le dec�an a mi pap� Higinio Rodr�guez, no porque fuera cabo de
nada, sino de cari�o. Le respond� que no se encontraba en esos momentos y
Guevara exclam�: "�Qu� fastidio!" Cuando le pregunt� por qu�,
manifest�: "Lo estaba buscando para que me herrara este mulo". Le
expliqu� que no ten�a ning�n problema porque yo pod�a hacerlo, pues mi
padre me hab�a ense�ado.
Encerr� el ganado y comenc� a herrar el mulo; en ning�n
momento me dijo que era el Comandante Ernesto Guevara. Yo no lo conoc�a, ni
sab�a qui�n era; ni ten�a referencias, tampoco sab�a que era argentino,
nada, nada sobre �l sab�a.
Mientras herraba el mulo, lo mir� de costado y me di cuenta
de que me estaba observando, pero me miraba de la forma en que miran los j�venes
a las muchachas y me puse sumamente nerviosa. Cuando fui a la caja de los
hierros para escoger una escofina, me pregunt� qu� iba a hacer y le
expliqu� que ya hab�a cortado los cascos y ten�a que emparejarlos para
poder montar las herraduras. Guevara dijo que si era tan imprescindible
dejarlos tan bonitos. Le respond� que as� era. El me sigui� mirando de
esa forma que les dije, era una mirada un poco p�cara que parec�a que me
quer�a rega�ar por algo que yo no hab�a hecho. Cuando termin� le ofrec�
caf� y me expres� que le gustaba amargo, y as� lo hice.
Se interes� por m�, qu� hac�a, d�nde hab�a aprendido a
herrar mulos, si era casada o soltera; le dije que soltera, aunque ten�a
una hija. Cuando se despidi�, se�al�: "D�gale al Cabo que aqu�
estuvo Guevara".
Lo recuerdo como a un joven gracioso, sumamente bello, que
me impresion� mucho, la verdad es que no lo puedo negar, como mujer me gust�
much�simo, sobre todo la mirada, ten�a unos ojos tan bellos, una sonrisa
tan tranquila que mov�a cualquier coraz�n, conmov�a a cualquier mujer.
Por la noche lleg� mi pap�, enseguida le pregunt� qui�n
era Guevara. Todav�a estaba impresionada, me respondi�: "Es un hombre
extraordinario". Esa fue la palabra que utiliz�. Le cont� la visita y
el recado que le hab�a dejado, luego le ped� que me explicara por qu� era
tan extraordinario y me dijo: "Viene a quitarnos de encima las
desgracias, el hambre, el churre y la miseria."
Mi padre fue colaborador de Fidel y de Celia S�nchez;
termin� la guerra con los grados de Primer Teniente del Ej�rcito Rebelde.
El visitaba con frecuencia el campamento de Minas del Fr�o y un d�a me
pregunt� si estaba dispuesta a cumplir una misi�n en Manzanillo; de esa
forma comenc� a colaborar con el Ej�rcito Rebelde. Cuando regres� me
entrevist� con el Comandante Guevara, pero ya s� sab�a qui�n era. Se
interes� por el viaje y me dio otras misiones.
Un d�a decidi� que me quedara definitivamente en el
campamento de Minas del Fr�o, ayudaba en todo, en la cocina y el hospital y
trabajaba duro, lo hac�a porque ten�a fuerzas para hacerlo y ten�a lo que
ten�a que tener: voluntad y deseos de hacer las cosas. El me dijo que me
admiraba por eso y que admiraba a los campesinos por los trabajos dif�ciles
que realiz�bamos.
El ten�a una casita en Minas del Fr�o, que era de techo de
vetiver, una planta que est� formada por tallos largos que se hacen
paquetes y se amarran. Me preguntaba muchas cosas de la Sierra Maestra, c�mo
se llamaban las plantas, para qu� serv�an, especialmente las medicinales,
se interes� mucho por dos, una que la conocemos por pito, que tiene unas
hojas muy verdes que cortan como navajas y sirven para trancar la sangre y
la yamagua, que tambi�n sirve para las hemorragias. El quer�a conocer
acerca de los animales y las aves del monte.
En m� surgi� un amor muy grande y muy lindo, me compromet�
con �l, no solo como combatiente, sino como mujer. Un d�a me pidi� que le
trajera un libro de su mochila; ten�a las letras doradas, le pregunt� si
eran de oro. Le dio gracia la pregunta, se ri� y me respondi�: "Este
libro es de comunismo". Me dio pena preguntarle qu� quer�a decir
Comunismo, porque esa palabra nunca la hab�a escuchado.
Un d�a que estaba con el Comandante Guevara en la casita de
Minas del Fr�o, lo aviones de la dictadura tiraron una bomba grande, vi los
techos destrozados, fue lo m�s grande que hab�a visto en mi vida, las
planchas de zinc se hicieron caracoles, fue una cosa ordinaria. El avi�n
pas�, dio la vuelta y cuando regres� tir� la bomba. Sal� corriendo para
refugiarme en un t�nel, porque el techo de la casita de derrib�, la tierra
se hundi� y hasta los �rboles volaron. Fue una cosa terrible.
El estaba completamente sereno, no perdi� la calma, ni su
condici�n de guerrillero, era un guerrero de verdad. El dijo que el ej�rcito
de la dictadura hab�a descubierto el campamento de Minas del Fr�o, porque
tiraron una con mucha punter�a. El era un hombre muy valiente, no recuerdo
haberlo visto nervioso.
Desde Minas del Fr�o cumpl� varias misiones, en una ocasi�n,
me envi� para que guiara a dos personas que llegaron desde La Habana para
entrevistarse con Fidel; los llev� hasta Mompi�, donde se los entregu� a
Celia.
El Comandante Guevara, otros rebledes y yo, fuimos a cumplir
una misi�n, en esa ocasi�n muri� Alberto Pesant. Cuando escuch� una
explosi�n, observ� que el mulo de Guevara, llamado Armando, result�
herido y lo hab�a lanzado por los aires, corr� a su lado, pero ya se
estaba levantando. Mir� para Pesant y le faltaba un brazo, ten�a la cabeza
destrozada y el pecho abierto. Como le dec�amos cari�osamente Beto, empec�
a gritar: "Beto, no te mueras, no te mueras." R�pidamente lo
atendieron.
El Comandante me dijo: "Zoila, est� muerto." El
con esa preocupaci�n que ten�a por nosotros, le escribi� una carta a la
madre de ese valioso compa�ero y orden� que le avisaran a su esposa, que
viv�a en Manzanillo. Cuando ella vino, se puso a llorar en la tumba, todos
lloramos y cuando mir� a Guevara ten�a los ojos con l�grimas.
�Hay tantas cosas que recuerdo! En el combate de El Jig�e
los prisioneros y heridos fueron enviados para las Vegas de Jibacoa. Guevara
recibi� a los representantes de la Cruz Roja y nos advirti� que no dij�ramos
que �l era el jefe. Unos guardias comenzaron a preguntarme que c�mo era el
jefe y lo �nico que les dije fue que era un hombre extraordinario, record�
las palabras que me hab�a dicho mi padre.
Me pidi� que llevara caf� y as� lo hice, pero el de la
Cruz Roja estaba muy nervioso, "el l�quido se le botaba".
Recuerdo que Guevara le dijo: "No tienen que temer nada, porque nada
malo les vamos a hacer". Yo no quer�a salir de all�, no quer�a
dejarlo solo, quer�a protegerlo para que nada malo le pudiera pasar, pero
�l me orden�: "Zoila, sal y ve para donde est� el secadero de caf�.
Cuando fue a entrevistarse con Fidel al campamento de La
Plata, lo acompa�� hasta ese lugar. Fue una conversaci�n larga y por esa
raz�n tuvimos que dormir all�. Eran los momentos en que se estaba
preparando la Invasi�n. Regresamos de La Plata y despu�s lo acompa��
hasta El J�baro, que fue el lugar desde donde parti� la Columna No. Ocho
Ciro Redondo. Guardo muchos recuerdos hermosos a su lado, no olvido mi amor
por �l, pero esas son cosas que pertenecen a la intimidad y a la vida
privada de las personas. Yo quer�a acompa�arlo en la Invasi�n, pero no lo
permiti�. Me encarg� que cuidara a su mulo Armando. Lo atend� como si
fuera una persona.
Despu�s del triunfo de la Revoluci�n, fui para La Habana,
luego regres� a las lomas de la Sierra Maestra a seguir cultivando la
tierra y criando animales. En una ocasi�n que vino a Las mercedes estuvimos
conversando, fue unos meses antes de marcharse de Cuba. Me cas� y sigo
luchando por la Revoluci�n. Fui delegada del Poder Popular y Hero�na del
Trabajo en los cortes de ca�a, de la zafra 1976-1977.
A los j�venes les puedo decir que tengan el valor necesario
para enfrentar la vida como la supo enfrentar �l. Si lo hacen as� no habr�
dificultades. Otra cosa es que no sean interesados en la riqueza, que luchen
para que todos seamos iguales, que quieran a los ni�os, que traten con
caballerosidad y cari�o a sus compa�eras, que vivan con honradez. Se los
pide Zoila Rodr�guez Garc�a o Zoila Garc�a, como era mi nombre en la
Sierra, o La Tenienta como todos me conocen por estas lomas, yo vivo aqu�
en San Antonio de Baja, en el municipio de Bartolom� Mas�, de la provincia
Granma.
Nosotros no nos vamos a rendir nunca. Que no se vayan a
imaginar nuestros enemigos que una cosa as� puede pasar en Cuba, porque
mientras existan cubanos verdaderos eso no pasar�. Los Comandantes Fidel y
Guevara nos dieron su ejemplo de resistir y vencer, y nos ense�aron a los
campesinos a pensar as�.
(Tomado del libro Che
entre nosotros de Adys Cupull y Froil�n Gonz�lez)
|