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Escencial: An�cdotas del Che Guevara
Enviado el Mi�rcoles, 18 enero a las 11:02:25
T�pico: Historia Completa del Che Guevara
ImagePapito, inyecci�n
ImageCuando tenia alrededor de 45 d�as de nacido Ernesto Guevara sufri� una afecci�n pulmonar. Entonces viv�a en uni�n de sus padres en la zona de Misiones, localidad situada en las cercan�as de las enormes cataratas de Iguaz�. En ese lugar la familia Guevara pose�a una plantaci�n de yerba mate. Ellos viv�an en el puerto de Caraguatay, pr�ximo a los territorios de Brasil y Paraguay.

La casa que habitaban se localizaba en lo alto de una loma y suspiros y paredes, as� como el techo eran de madera.Algunos meses despu�s, exactamente cuando ya tenia dos a�os a Ernestito se le present� su primer ataque de asma. Acerca del surgimiento de esa enfermedad en su primog�nito, Ernesto Guevara Lynch cont� que una fr�a ma�ana del mes de mayo de 1930 su esposa se ba�� con el peque�o en la playa del Club N�utico de San Isidro. Cuando regresaron a la casa notaron que el ni�o no estaba bien y en horas de la noche comenz� a toser.

Ernesto Guevara Lynch cont�: "Yo nunca hab�a presenciado un ataque de asma y cuando lo note con bronquitis y fatigado llame a un viejo vecino nuestro -el doctor Pesta�a - quien no di� demasiada importancia a la enfermedad y diagn�stico bronquitis asm�tica sin complicaciones, conectando este ataque con una vieja neumon�a que Ernesto hab�a contra�do en la ciudad de Rosario, a los pocos d�as de nacer. Le recet� lo corriente en aquella �poca: calor, jarabes con adrenalina, cataplasma y otros paliativos.

"Ernesto mejor�, pero el asma, aunque aliviada, no desapareci�. El doctor Pesta�a comenz� a preocuparse por su persistencia. Por fin mejor� bastante, pero en cuanto se le descuidaba en el abrigo, o por cualquier otro motivo, le volv�an los ataques asm�ticos." (1)

No result� f�cil para los padres de Ernesto Guevara enfrentar el mal que aquejaba a su hijo e incluso esto provoc� que en el transcurso del tiempo se fuesen trasladando hacia distintas regiones de Argentina en busca de un lugar con un clima adecuado que contribuyera a evitar que las crisis de asma se le presentaran con frecuencia al ni�o.

De la angustia que ellos sent�an e incluso de c�mo reaccionaba Ernesto cuando muy peque�o se le agudizaba la falta de aire, tambi�n relat� Ernesto Guevara Lynch "Ernesto se iba desarrollando con ese terrible mal encima y su enfermedad comenz� a gravitar sobre nosotros. Celia pasaba las noches espiando su respiraci�n. Yo lo acostaba sobre mi abdomen para que pudiera respirar mejor y, por consiguiente, yo dorm�a poco y nada�.

Cuando Ernesto apenas comenzaba a balbucear alguna que otra palabra, dec�a: "Papito, inyecci�n", en el momento en que el asma se le acentuaba. Esto da la medida de cual seria su sufrimiento al no poder respirar con libertad; los ni�os tienen terror al pinchazo y �l, en cambio, lo ped�a porque sabia que era lo �nico que le cortaba los accesos." (2).

(1). Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch titulado "Mi hijo Ernesto". Editorial Sudamericana Planeta, julio de 1984, paginas 139-140. (2) Idem, pagina 140

ImageVivas para un peque�o triunfador


Cuando Ernestito empez� a caminar sus padres sol�an pedirle que fuera a la cocina a buscar mate. Ellos lo esperaban en el portal de la casona mientras el peque�o muy alegre iba a buscar lo solicitado.

Mas cuando el regresaba con sus manos ocupadas por lo regular se le presentaba una gran dificultad. Cuando iba a dar un paso m�s largo para atravesar una peque�a zanja casi siempre perd�a el equilibrio y el mate se le regaba por el piso y otras incluso el se ca�a. Sus padres sonre�an ligeramente pero el ni�o se pon�a muy serio aunque no lloraba ni permit�a que lo ayudaran a levantarse.

Ernesto Guevara Lynch precis� algo que pone de relieve la voluntad que su hijo demostrada desde la infancia para sobreponerse a las dificultades. "Todav�a no sabia decir ni tres palabras seguidas y ya parec�a como si se hubiera propuesto vencer a aquella zanja tan impertinente que lo hacia caer; porque al d�a siguiente volv�amos a mandarlo a buscar el mate, y el iba una vez mas. "Nadie sabe las veces que hizo el ni�o aquel camino de ida y vuelta hasta la cocina, pero todos recordaran que una tarde, Ernestito logr� dar el paso m�s largo con cacharros y todo, y venci� su primer obst�culo. �Entonces las risas fueron alegres de verdad y hubo aplausos y vivas para el peque�o triunfador." (1)

(1) Testimonio reflejado en la revista Zun Z�n, especial, 1985, pagina 7

ImageEra un muchacho de barrio
Dos anos despu�s de su nacimiento, y tras hab�rsele presentado ataques de asma a Ernesto, su familia deciden trasladarse de Misiones a Buenos Aires con la finalidad de poder atender debidamente el padecimiento del ni�o. Cuando Ernesto tenia cuatro anos, atendiendo al criterio de los m�dicos quienes se�alaban que el clima de la capital del pa�s resultaba muy h�medo y que para el ni�o era mejor que residieran en otra zona con mejores condiciones clim�ticas, la familia se mudo de Buenos Aires hacia la provincia de C�rdoba, situada en la parte central de Argentina ya que en las sierras de esta regi�n el clima es seco.

Los Guevara se asentaron en la ciudad de Alta Gracia, ubicada en la Sierra Chica, al sur de la capital provincial. Fue en esa zona donde transcurri� la infancia de Ernesto Guevara de la Serna.

Inicialmente a causa de su padecimiento Ernesto no comenz� a asistir a la escuela a la edad requerida y su madre fue la que le imparti� las primeras lecciones, pero despu�s empez� a estudiar en la escuela "Jos� de San Mart�n" en dicha ciudad.

De c�mo era como estudiante y durante la etapa de su ni�ez han dado cuenta algunos compa�eros suyos en la escuela y quienes lo conocieron y trataron en forma sistem�tica.

Mario Cesar D�az afirmo: "Yo fui compa�ero de Ernesto en el colegio "Solares". Lo recuerdo bien, y tambi�n a sus hermanos menores. En realidad, yo estaba en grados superiores, porque le llevaba unos dos anos a Ernesto.

"All� enfrente estaba la canchita que los "pibes" ten�amos para jugar al f�tbol. Ernesto actuaba de arquero, porque con lo del asma no pod�a correr mucho. Siempre andaba con la "jeringa" en el bolsillo. "A Ernesto le gustaba ponerse gorra, como los arqueros mayores, pero con la v�scera hacia atr�s." (1)

�Elba Rossi fue la primera maestra que tuvo Ernesto Guevara en Alta Gracia. Ella lo record� as�:

"Ernesto era muy inteligente, independiente; capitaneaba a los dem�s. No era alumno de un pupitre, necesitaba todos los pupitres." (2)

Otro compa�ero de estudios, Jos� Aguilar, lo evoc� de la siguiente forma:

"Recuerdo que hab�a una maestra que tenia la costumbre de dar nalgadas. El se pone una vez un ladrillo en el fondillo, bajo el pantal�n, para cuando la maestra le pegue. Claro se produce tremendo esc�ndalo en la escuela."(3)

Juan Miguez detall� como era Ernesto cuando ni�o:

"Ernesto era un chico muy decidido. Por ejemplo si jug�bamos al f�tbol y solo �ramos cinco, el quer�a actuar de arquero contra los otros cuatro. Nos criamos juntos aunque el era unos tres anos mayor que yo y esto me hacia andar tambi�n con su hermano Roberto."(4)

Sobre como sol�a relacionarse con los dem�s opino Mario Cesar D�az:

"Ernesto era un muchacho de barrio no andaba con los "ni�os bien", sino con nosotros."(5)

Y en relaci�n con sus caracter�sticas f�sicas se�al� Oviedo Zelaya:

"Lo recuerdo "chicuel�n". El asma lo hacia parecer mas chico que su hermano, que era menor."(6)

(1) Testimonio reflejado en el trabajo de Elio Constantin "Por las Huellas del Che en su 45 aniversario", peri�dico Granma, 14 de junio de 1973, p�gina 5. (2) Idem, p�gina 6 (3) Idem, p�gina 5 (4) Testimonio reflejado en el trabajo Un Che recorre Am�rica. Revista Cuba, ANO VI, No 67, noviembre de 1967,pagina 15. (5) Testimonio reflejado en el trabajo de Elio Constantin, pagina 4 (6) Idem, pagina 5.

ImageAunque reviente lo voy a seguir practicando
Ernesto Guevara prefer�a practicar los deportes fuertes, en los que era necesario desarrollar una intensa actividad f�sica. A sus padres le preocupaba bastante esa preferencia de su hijo por el asma que padec�a, pero el no le daba mucha importancia a la enfermedad y sent�a feliz cuando jugaba, por ejemplo, al f�tbol y al rugby.

Cuando viv�a en Alta Gracia, Ernesto pr�cticaba el f�tbol tanto en una cancha como en cualquier terreno libre de malezas. Su padre afirm� que a �l no le importaba tampoco que hiciera fr�o o calor ni que hubiera lluvia o vientos ya que el f�tbol lo hipnotizaba.

En Buenos Aires en el club de San Isidro sol�a practicar el rugby. Particularmente su familia sent�a cierto temor por la pr�ctica sistem�tica de este deporte tan violento e incluso algunos m�dicos le hab�an expuesto a su padre que eso pon�a en peligro su vida puesto que era posible que su coraz�n no resisti�se tal carga. Ernesto Guevara Lynch trat� de convencer a su hijo para que desisti�se de la pr�ctica de dicho deporte y le expuso lo que le hab�an manifestado los especialistas.

No obstante recibi� una respuesta categ�rica del joven:

"Viejo, me gusta el rugby y aunque reviente lo voy a seguir practicando."(1)

(1) Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch titulado "Mi hijo Ernesto", Editorial Sudamericana Planeta, paginas 242-243.

ImageUn excelente nadador
Desde peque�o Ernesto aprendi� a nadar ya que sus padres lo llevaban a balnearios en la �poca de vacaciones y tambi�n visitaba con frecuencia piletas (piscinas), particularmente cuando viv�a en Alta Gracia. A �l le gustaba mucho la nataci�n e incluso logr� establecer relaciones con un campe�n de estilo mariposa quien le imparti� en forma gratuita lecciones.

Su padre consideraba que la pr�ctica de la nataci�n era beneficiosa atendiendo el problema del asma que padec�a su hijo, pero tambi�n le preocupaba que si �l se exced�a en la realizaci�n de ese ejercicio f�sico ello pudiera afectarle el coraz�n. Atendiendo a ello y preocupado adem�s porque tanto Ernesto como sus dem�s hijos pudieran sufrir alg�n accidente Ernesto Guevara Lynch acostumbraba a vigilarlos mientras se ba�aban en la piscina. M�s el ignoraba que en reiteradas ocasiones Ernesto se escapaba de la casa en horas de la tarde para seguir practicando la nataci�n.

Un d�a el padre se enter� inesperadamente que su hijo se hallaba en la pileta y al aquilatar que no le hab�a pedido permiso sali� de inmediato hacia el hotel Sierras Hotel, donde se localizaba dicha piscina. M�s al llegar al lugar qued� vivamente sorprendido al ver a su hijo Ernesto aclamado por otros chiquillos que incluso le median el tiempo en que nadaba de un extremo a otro de la piscina. "Cuando vi aquello y o� a los chicos, se me cayo la venda de los ojos y comprend� cuan rid�culo es, a veces, el cuidado excesivo de los hijos. Estaba desorientado y opte por hacerme el tonto. Y mientras Ernesto, que mas hab�a visto, continuaba su raid sonriente, yo haci�ndome el desentendido, segu� el raid como si supiera que hacia mucho tiempo que mi hijo venia practicando estos entrenamientos."(1)

(1) Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch Mi hijo Ernesto, Editorial Sudamericana Planeta, junio 1984, pagina 183.

ImageUn aprendiz de guerrero
Ernesto Guevara tenia menos de diez anos cuando en Espa�a los republicanos se enfrentaron a las agresiones de los fascistas. No obstante los acontecimientos en este pais influyeron en el infante y esto se reflejo hasta en sus juegos con sus amigos.

En su casa sol�an reunirse varios amigos de sus padres y comentaban acerca del desarrollo de las acciones b�licas en Espa�a. "Nuestro hijo mayor escuchaba con atenci�n todo lo que se hablaba e incluso en un mapa de Espa�a que le conseguimos fue marcando con banderitas el reporte de las batallas y combates. Pero lo mas relevante no fue eso sino lo que estaba ocurriendo en el patio de nuestra casa."(1)

La familia Guevara viv�a entonces en Villa Nydia, en la zona de Alta Gracia. Era una amplia casa que contaba adem�s con un terreno de mas de una hect�rea, en donde pr�cticamente hab�a un espeso monte. Sin que sus padres lo supieran Ernesto en uni�n de varios de sus amigos empez� a construir en dicho terreno algunas trincheras comunicadas entre si por pasillos subterr�neos. All� ellos sol�an jugar a la guerra espa�ola y con la utilizaci�n de palos y piedras entablaban "combates" "Muy especialmente recuerdo un d�a en que estando leyendo en mi estudio llego uno de los chicos quej�ndose de una pedrada en una pierna. Fui a ver que pasaba y me encontr� con que en el fondo de los terrenos de mi casa, hab�an construido varias l�neas de trincheras Inter.- comunicadas y en ella hab�a un verdadero deposito de piedras. "Averig�e mas y supe que desde hacia muchos d�as jugaban a la guerra. De un lado 15 o 20, del otro lado, otro tanto. Peleaban y se defend�an a pedradas. Yo, inocente cre�a que sus juegos no representaban ning�n peligro, pero all� me di cuenta de que era un verdadero entrenamiento para la formaci�n de hombres. "Despu�s me olvide de todas estas cosas. Me olvide del Ernesto montaraz. Paso el tiempo y el sigui� el curso de la vida. Estudio y se hizo pr�cticamente un cient�fico. Nunca hubiera pensado que estas peque�as inclinaciones guerrilleras fueran las determinantes posteriormente. Se un�an en el dos cosas: el haber vivido en el campo, en contacto con la naturaleza, haci�ndose experto en el dominio de ella y, el haberse hecho, al mismo tiempo un aprendiz de guerrero."(2)

(1) Entrevista concedida al autor. (2) Testimonio reflejado en el trabajo de Lisanka titulado Don Ernesto habla de Ernesto. Verde Olivo, Ano XI, No. 41, 11 de octubre de 1970, pagina 18.

ImageEl primer choque con un patr�n
Cuando era un adolescente Ernesto Guevara fue, junto a su hermano Roberto, a pedirle permiso a su padre para que lo dejase trabajar temporalmente, durante las vacaciones, en la recolecci�n de uvas en una finca cercana a la casa donde ellos viv�an.

El padre se neg� inicialmente atendiendo a que Ernesto padec�a de asma y el tem�a que se le pudiera presentar un fuerte ataque lejos del hogar y que no recibiera la atenci�n requerida. M�s como los muchachos estaban muy entusiasmados e insistieron, finalmente �l les di� la autorizaci�n correspondiente.

Ernesto y su hermano se marcharon muy alegres pero varios d�as despu�s retornaron sucios, sudorosos y muy defraudados. Su padre inquiri� que les hab�a pasado . "Se notaba que hab�an regresado a pie y mostraban la fatiga de la larga caminata. Ernesto adem�s tra�a a cuestas un buen ataque de asma.

- �C�mo? - les pregunt� -, �Qu� pas�? - Es un gaucho de m.... -dijo Ernesto refiri�ndose a su patr�n con aire enojado - .Trabajamos 3 d�as lo mas bien. Pero yo no s� si por haber comido demasiada uva me empez� a dar asma. Trat� de seguir trabajando, pero me fue imposible y entonces decidimos volver. Cuando le ped� que nos pagara lo que nos deb�a, el muy sinverg�enza nos di� s�lo la mitad, porque, seg�n �l, no hab�amos cumplido con el contrato. Es un hijo de una gran... y yo quiero que vengas con nosotros para romperle el alma. "Estaba enfurecido, la injusticia cometida por su patr�n le parec�a intolerable�. "Tal vez fue este el primer impacto que tuvo Ernesto sobre la manera que tratan muchos patrones a sus obreros."(1)

(1) Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch, Mi hijo Ernesto, Editorial Sudamericana- Planeta, junio de 1984, paginas 207-208

ImageLa libertad del p�jaro podr�a ser su perdici�n
Como reflejo de su valor y amor por los animales en mas de una ocasi�n Ernesto Guevara arriesg� incluso su vida por proteger o sacar de peligro a p�jaros y gatos. Cuando era un adolescente viv�a en una casa bastante aleja de la ciudad de Buenos Aires que ten�a techos muy altos.

La familia Guevara ocupaba el primer piso de la edificaci�n que contaba con una amplia terraza en la que hab�a como una especie de cano de ventilaci�n. All� se pos� un peque�o gorri�n y cuando intent� emprender nuevamente el vuelo una de sus alitas se le trab� en una grieta y no pudo salir. El animalito revoleteaba sin cesar tratando de escapar de esa trampa en que hab�a ca�do. Mas el esfuerzo de la avecilla resultaba in�til y sus aleteos eran cada vez mas espaciados producto del cansancio.

Al ver la situaci�n del pajarito, Ernesto se propuso socorrerlo de inmediato. Su padre teniendo en cuenta la fragilidad de las maderas del techo y la altura intento persuadirlo para que no lo hiciera. "Yo, por mi parte, sabiendo lo que iba a hacer, me dispuse a imped�rselo; la libertad del p�jaro podr�a ser la perdici�n de Ernesto, pues estabamos a unos 7 metros de altura sobre el nivel del suelo. Fueron in�tiles todas mis reflexiones; que el cano era muy alto y endeble, que no aguantar�a su peso si trepaba por all�, que era mejor esperar ayuda. Yo, comprendiendo el peligro que corr�a, a horcajadas sobre el peque�o muro trate de apuntalar el cano lo mas alto posible, y Ernesto, sin esperar mas, subi� como pudo, y segundos despu�s el gorri�n volaba libre."(1)

(1) Testimonio reflejado en el libro de Ernesto Guevara Lynch, "Mi hijo Ernesto", Editorial Sudamericana - Planeta, junio de 1984, paginas 25-26


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