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NOTAS EN ESTA SECCION
Miguel Ragone  |  Estuvo en la represi�n y quiere la recompensa por un desaparecido
A prop�sito del crimen del doctor Miguel Ragone, por Gregorio Caro Figueroa  |  Sobre Salta, montoneros y Ragone
Acta del 6 de Julio de 2001, Juicio por la Verdad, Salta  |  Pensamiento pol�tico de Miguel Ragone


NOTAS RELACIONADAS
La Tendencia   |   H�ctor C�mpora   |   Ricardo Obreg�n Cano

ENLACES RELACIONADOS
Juventud Peronista, art�culo de Wikipedia  |  http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/r/ragone
http://www.portaldesalta.gov.ar/gobernadores/ragone.html  |  www.miguelragone.blogspot.com


LECTURA RECOMENDADA
 Ramiro Daniel Escotorin - En torno a un nuevo aniversario del secuestro de Miguel Ragone (2009)
Gobierno de Miguel Ragone: entre el ideal y la realidad, Mar�a Tejerina y Myriam Corbacho

ImageMiguel Ragone

Desaparecido el 11 de marzo de 1977, a los 55 a�os.

Miguel Ragone, hijo de inmigrantes napolitanos y el tercero de ocho hermanos. Era ex-gobernador de Salta cuando secuestrado, presuntamente por la Triple-A, el 11 de marzo de 1977. Permanece desaparecido.

Miguel Ragone naci� en San Miguel de Tucum�n un 25 de mayo de 1921, hijo de inmigrantes napolitanos y tercero de ocho hermanos. Con grandes carencias dentro del seno de una familia humilde, Ragone lleg� a Salta cuando ten�a 12 a�os e ingres� al Colegio Nacional. Cinco a�os despu�s egres� como bachiller e ingres� luego a la carrera de abogac�a que tiempo despu�s abandon� para dedicarse a la medicina en Capital Federal. Cuando estaba a punto de finalizar su carrera, con el doble esfuerzo de trabajar y estudiar, junto a su compa�ero en la especialidad de neurocirug�a, Ra�l Matera fue convocado por el ministro de Salud de Juan Domingo Per�n, Ram�n Carrillo, para que se desempe�ara como secretario privado y colaborador del Plan de Salud y luego como director del Hospital Neurosiqui�trico en Salta. All� comenz� a tomar participaci�n en las determinaciones del peronismo a nivel nacional. Con la inauguraci�n del Hospital Neurosiqui�trico en Salta, Ragone se transform� en su primer director y tiempo despu�s entr� de lleno a la pol�tica salte�a, integr�ndose a otros dirigentes pol�ticos de aquel momento como Tom�s Ryan y el ex gobernador Carlos Xamena.

A principios de los a�os 70, Ragone pas� a liderar la Lista Verde con la identificaci�n del "m�dico del pueblo'', calificativo con el que se present� como candidato a gobernador por el justicialismo salte�o el 11 de marzo de 1973. La f�rmula Ragone-R�os obtuvo en aquella ocasi�n casi 121.500 votos, poco m�s del 57 por ciento de los votos del padr�n electoral, en un triunfo aplastante sobre las otras fuerzas pol�tica de la provincia.

Ese mismo d�a, tres a�os despu�s, un 11 de marzo de 1976, cuando la provincia estaba intervenida, Ragone fue secuestrado por un grupo de entre siete y doce hombres j�venes, fuertemente armados, que se desplazaron por la ciudad sin ser interceptados, cuando sal�a del almac�n de Don Arredes a tres cuadras de su domicilio. Eran las 8.30 de un d�a lluvioso. Su cuerpo nunca apareci�, convirti�ndose en el �nico ex gobernador desaparecido de la Rep�blica Argentina.

El autom�vil en el que huy� Ragone de los secuestradores, un Peugeot 504, se encontraron manchas de sangre y un zapato. Al momento del operativo, el comando militar- policial actu� con metodolog�a de "zona liberada" en las inmediaciones del pasaje Del Milagro y Apolinario Saravia, y recibi� el apoyo a�reo de un helic�ptero, en todo el tramo que va desde la zona del monumento Gral. Mart�n Miguel de G�emes hasta el matadero de la localidad de Cerrillos, donde en definitiva se encontr� el autom�vil.

En Octubre del 2004, se reabri� la causa sobre la desaparici�n de Regaone y de su investigaci�n se desprende que habr�a existido una orden superior para realizar el operativo, avalado por el responsable del Tercer Cuerpo, Luciano Benjam�n Men�ndez y Antonio Domingo Bussi, jefe del Operativo Independencia.

Es el �nico ex gobernador desaparecido de la Rep�blica Argentina.


ImageEstuvo en la represi�n y quiere la recompensa por un desaparecido

Es un ex polic�a, que en una reuni�n reservada cont� detalles del secuestro del ex gobernador de Salta Miguel Ragone, ocurrido 13 d�as antes del golpe del 76. Luego de escucharlo, el Gobierno puso una recompensa de 50 mil pesos. �Iba a ser una paga a medida? Si se confirma que integr� la patota criminal, deber�a ir preso.

Por Pablo Calvo, Clar�n

Cree que su verdad tiene precio. Tal vez sea un truh�n, pero quiz�s tenga la llave para develar un misterio de 30 a�os: qu� fue de Miguel Ragone, el �nico gobernador desaparecido de la historia argentina. Quiere hablar, pero no gratis. Es un polic�a retirado que impresiona a quienes lo escuchan, por los detalles con que envuelve su relato. Atrap� la curiosidad del Gobierno nacional, pero demora su presentaci�n ante la Justicia. Siente que est� en peligro y que necesita protecci�n. Asume que muchos quieren verlo preso. Y viaj� de Salta a Buenos Aires para registrar su versi�n en un acta reservada, hasta hoy desconocida. Clar�n reconstruy� la historia de la primera recompensa que ofrece la Presidencia de la Naci�n por uno de los 600 desaparecidos durante el gobierno de Isabel Per�n, tiempo y circunstancia que apenas se mencionan en el informe Nunca M�s y permanecen casi inexplorados. El resultado es una trama sin final, donde reina el desconcierto, los errores de c�lculo en altos niveles del poder, la expectativa pol�tica y la falta de condenas en una causa que ya lleva 30 a�os. El orden cronol�gico de los hechos permite desatar un primer misterio: la recompensa fue establecida 38 d�as despu�s de la aparici�n de este supuesto arrepentido. �Pretend�a ser una paga a medida? �Qu� fue lo que cont�, el 16 de mayo, que provoc� gestos nerviosos en el seno del poder? �Serv�a su descripci�n para romper un pacto de silencio acorazado por tres d�cadas? �Alcanzaba para que el presidente N�stor Kirchner respondiera por fin la pregunta que le hizo su tutor pol�tico en la Patagonia, el ex gobernador de Santa Cruz Jorge Cepernic, sobre el destino final de Ragone?

Ragone naci� en Tucum�n en 1921, se mud� a Salta de ni�o, obtuvo el t�tulo de m�dico en 1948 y fue hombre de confianza de Ram�n Carrillo, el c�lebre ministro de Salud de Juan Domingo Per�n. En 1973 gan� las elecciones en Salta y gobern� la provincia durante 17 meses y 22 d�as. Depur� a la Polic�a provincial, se neg� a usar vi�ticos, custodia y auto oficial. Lo acusaron de simpatizar con Montoneros, pero rechaz� integrar la conducci�n del Partido Aut�ntico, brazo pol�tico de la organizaci�n, y fue cr�tico de sus acciones violentas. Para la Justicia, "qued� debidamente comprobado hist�rica y judicialmente que Ragone fue un ciudadano honesto y pac�fico, que nunca adhiri� a la lucha armada". Aun as�, dijo a su familia: "Si estar del lado de los pobres es ser montonero, entonces soy montonero". Su administraci�n no sobrevivi� a la furia de la derecha peronista y fue intervenida en noviembre de 1974. Volvi� a trabajar como m�dico en la Cl�nica Cruz Azul. Hasta que el 11 de marzo de 1976 �13 d�as antes del golpe militar� Ragone fue capturado por una patota de la represi�n ilegal, que ya usaba el permiso oficial para "aniquilar" a la subversi�n.

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Ragone fue permanentemente hostilizado y calificado como "zurdo" por sectores pol�ticos peronistas que respond�an al lineamiento del gobierno nacional de Isabel y L�pez Rega, por el sindicalismo ortodoxo, la alta sociedad conservadora salte�a y la jerarqu�a eclesi�stica local, tradicionalmente reaccionaria y derechista.

Desde aquella ma�ana, no se sabe d�nde est� su cuerpo, ni d�nde la verdad. Es la misma ma�ana en que comienza el relato del arrepentido. Esto es lo que dijo: Que los secuestradores eran polic�as y que fueron convocados por radiograma para el operativo. El tambi�n. Dio nombres de los que actuaron, aunque se sospecha que faltan varios, sobre todo de la fuerza represiva conocida como la "Guardia del Monte". Que le hab�an asignado un papel secundario, vinculado al tr�nsito, y que, al menos al comienzo del d�a, no ten�a ni idea de qui�n iba a ser el blanco. Que todos estuvieron listos y en posici�n a las 6.30, dos horas antes de la acci�n. Que la zona hab�a quedado liberada. Que Ragone sali� de su casa del pasaje Gabriel Pul� 146 en su auto y dobl� hacia la izquierda por la calle Del Milagro. Y que el abordaje se produjo una cuadra despu�s, al cruzar el pasaje San Lorenzo. Era el camino habitual que tomaba hacia su consultorio, donde lo esperaban esa ma�ana. Que el ex gobernador fue golpeado en la cabeza con la culata de un arma de fuego e introducido a la fuerza en uno de los autos. Que hubo varios disparos. Que si bien casi nadie pasaba por all� a esa hora, la aparici�n de dos testigos complic� los planes y los captores les dispararon. All� fue herida Margarita de Leal y muri� Santiago Arredes, que atend�a el almac�n de la esquina y era hermano del inspector general de Polic�a, Roberto Arredes. Se piensa que reconoci� a alguno de los captores. Que luego de una serie de maniobras de distracci�n, llegaron hasta el dique Cabra Corral (a 65 kil�metros de la capital salte�a) y el cuerpo de Ragone fue metido en una caja especialmente preparada, con cemento adentro, para que se hundiera r�pido. Que dos personas llevaron la caja, en lancha, hasta un catamar�n, atracado a 100 metros de la costa. Que en este segundo viaje por el lago se busc� un lugar donde la profundidad estimada fuera de 60 metros. Que entonces la arrojaron al agua y enseguida se hundi�. Todo lo que dijo, el �ltimo 16 de mayo, en Buenos Aires, fue asentado en un acta de cinco carillas, con escudo y membrete del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y �cosas del destino� la leyenda oficial "2006-A�o de Homenaje al Dr. Ram�n Carrillo", el primero en convocar a Ragone para la funci�n p�blica. Todas las hojas exhiben tres firmas: la del testigo, la del jefe de Gabinete de la Secretar�a de Derechos Humanos de la Naci�n, Luis Hip�lito Alen, y la de su equivalente salte�o, Pedro Guill�n.

Tres fuentes consultadas por Clar�n revelaron que el testigo se llama V�ctor Hugo Viltes, quien no figuraba en los archivos oficiales sobre violaciones a los derechos humanos, pese a que en este caso se autoincrimin�. Las tres fuentes afirman que el hombre quiere dinero. La validez de su confesi�n es un tema que decidir� la Justicia, pero el rango de los funcionarios que la oyeron (hubo m�s personas en esa reuni�n, por ejemplo el senador justicialista Marcelo L�pez Arias) y los movimientos que siguieron despu�s, dejan entrever que, al menos en parte, al hombre le creyeron. El 23 de junio pasado, a m�s de 30 a�os del secuestro, el ministro del Interior, An�bal Fern�ndez, estableci� la recompensa de 50 mil pesos "considerando �dice su resoluci�n 1106� que en el presente estado de la causa surgen indicios acerca de la existencia de testigos presenciales de la privaci�n ileg�tima de la libertad del ex gobernador, que estar�an dispuestos a prestar declaraci�n testimonial". El incentivo, destinado a "todas aquellas personas que puedan aportar datos sustantivos" acerca del secuestro de Ragone, hab�a sido solicitado por el secretario de Derechos Humanos de la Naci�n, Eduardo Luis Duhalde, "en su calidad de parte querellante", se�ala la disposici�n. Lo que sigui� despu�s tampoco tuvo prolijidad. El acta fue enviada a la causa que se tramita en el norte del pa�s, un poco en Salta y otro poco en Jujuy, pero el arrepentido no se presentaba a declarar, lo que restaba entidad jur�dica a su relato.

En esa incertidumbre, el 16 de agosto apareci� una solicitada en diarios nacionales y provinciales que daba cuenta de la recompensa especial "destinada a prorratearse entre aquellas personas que aporten datos �tiles y fehacientes sobre los hechos". El t�tulo de la solicitada enoj� a amigos y familiares de Ragone: "BUSCADO", dec�a en imprenta may�scula. "�C�mo 'Buscado'? Es un t�rmino para delincuentes", fue la queja. Mientras tanto, un debate en voz baja sobre la conveniencia de establecer recompensas generales para quienes en el futuro aporten datos sobre violaciones a los derechos humanos qued� congelado y el ambiente pol�tico se enrareci� por la desaparici�n de Jorge Julio L�pez, testigo del juicio contra Miguel Etchecolatz. En el caso salte�o, el presunto represor-testigo-arrepentido �la Justicia escoger� el t�rmino exacto� se top� con otro obst�culo en su camino hacia la recompensa: Miguel Medina, el cuarto juez que lleva la causa, lo cit� a declaraci�n indagatoria, es decir que ya no lo considera un simple testigo, que no puede mentir porque incurrir�a en el delito de falso testimonio, sino que sospecha de su participaci�n activa en el secuestro de Ragone. En esa condici�n, no est� obligado a declarar en su contra, puede quedar preso y puede mentir. Sus palabras se convertir�an en humo y la verdad seguir�a atrapada. Adem�s, la ley es clara: no puede pasar por ventanilla para cobrar ninguna recompensa si se comprueba que particip� del delito, aunque sea en forma secundaria. El diccionario define a la represi�n como "Acto o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener o castigar con violencia actuaciones pol�ticas o sociales". Las fuentes consultadas por Clar�n no dudan en calificar a este arrepentido como un "represor", en base a su propio testimonio. La �ltima citaci�n que le envi� el juez Medina fue respondida con un certificado m�dico, donde se indica que Viltes no est� en condiciones de declarar, aseguraron fuentes del juzgado. Cerca suyo, adem�s, se sugiere que su vida corre peligro y que necesita protecci�n oficial. Cuando los funcionarios nacionales y salte�os evaluaron el cuadro de situaci�n, se dieron cuenta de que hab�an cometido un grave error: que para esclarecer un crimen de "lesa humanidad", casi terminan pagando la declaraci�n de un represor. Concluyeron que todo fue un enorme papel�n, que no sirvi� para encontrar la verdad sobre el destino final de Ragone. La solicitada que ofrece los 50 mil pesos nunca m�s volvi� a salir.

La Triple A y la derecha, enemigos de Ragone

ImageMiguel Ragone no protagoniz� una excepci�n en la agitada realidad del peronismo en el poder de 1974: sufri�, aunque de manera m�s tr�gica, el sino de todos los gobernadores electos en 1973 con perfil combativo, en forzada f�rmula con dirigentes sindicales vandoristas. Oscar Bidegain, en la provincia de Buenos Aires; Alberto Mart�nez Baca, en Mendoza; Jorge Cepernic, en Santa Cruz, y Ricardo Obreg�n Cano, en C�rdoba, padecieron como Ragone, apenas llegados al poder, pero especialmente despu�s de la muerte de Juan Per�n, el 1� de julio de 1974, verdaderos golpes de Estado montados por la derecha peronista, con la hegemon�a sindical vandorista, para la que esos gobernadores eran "zurdos infiltrados" y militantes montoneros. Es esa disputa por el poder en el movimiento peronista, agudizada hasta el nivel de la militarizaci�n, que explica la permanente ofensiva desatada contra Ragone, desde mayo de 1973, por la CGT y las 62 Organizaciones peronistas salte�as, lideradas por su vicegobernador, Olivio R�os. Para el momento en que el gobierno de Isabel Mart�nez de Per�n, en pleno apogeo del poder de su ide�logo y ministro de Bienestar Social Jos� L�pez Rega, dispuso la intervenci�n federal a Salta y el derrocamiento de Ragone, el 24 de noviembre de 1974, ya hab�an corrido la misma suerte Obreg�n Cano y Bidegain, y pronto seguir�a Mart�nez Baca.

Era dif�cil, sin embargo, visualizar en Ragone a un cl�sico representante de la izquierda, con su catolicismo militante, su pasado como disc�pulo del ministro de Salud del primer peronismo, Ram�n Carrillo, y su experiencia como militante peronista de la Resistencia, tras el golpe militar de setiembre de 1955. Pero en una provincia con un poder conservador tradicional, con fuertes contrastes en la distribuci�n de la riqueza, las preocupaciones sociales de Ragone y sus contactos con los sectores combativos del PJ lo marcaron r�pidamente como uno de los enemigos de la poderosa estructura sindical. La caracterizaci�n se hizo m�s n�tida cuando, frente a los ataques del sindicalismo vandorista de la provincia, uno de sus brazos de apoyo m�s importantes fue la CGT de Salta. Cuando Isabel visit� la provincia en la inauguraci�n del Congreso Eucar�stico, el 13 de octubre de 1974, la frialdad, casi la indiferencia, con la que trat� a Ragone hab�a dado la idea de que el fin de la gesti�n del gobernador estaba pr�xima. Sin medias tintas, el decreto de intervenci�n firmado por el entonces ministro del Interior, Alberto Rocamora, acusaba a Ragone de "una total desvinculaci�n respecto de los b�sicos lineamientos nacionales", y de "una manifiesta ineficacia represiva frente a la acci�n de fuerzas cuya actividad fue puesta al margen de la ley", en referencia a Montoneros. A d�as del golpe, Ragone fue secuestrado, obviamente a manos de las fuerzas paramilitares creadas por L�pez Rega, como la Triple A. Los mismos que acribillaron a balazos a Atilio L�pez, el �nico vicegobernador sindical que jug� hasta el final con su gobernador Obreg�n Cano.

La lucha por la memoria

El blanco y negro de las fotos que Clotilde repasa con sus manos suaves contrastan con los colores que estallan en su jard�n. Fernando Peque�o la ayuda con los recuerdos, completa las frases que deja en el aire, la acaricia cuando el dolor quiere robarle una l�grima. "Me acuerdo perfectamente cuando le advert� que no se metiera en pol�tica. Si lo quer�an tanto como m�dico de pueblo", reprocha la abuela, de 85 a�os, mientras su mirada traspasa el tiempo para quedar frente a esa escena, donde Miguel Ragone la escucha y la calma, sabiendo que no le har� caso. El que la calma, de este lado de la mirada, es su nieto, embarcado en rearmar un rompecabezas familiar oxidado por d�cadas de silencio, sufrimiento y temor. Los dos reciben a Clar�n una ma�ana de primavera, que al pie del cerro San Bernardo, en Salta, se siente como un abrazo del sol. "Reconstruyo a mi abuelo de a pedacitos, un d�a con el testimonio de un allegado, otro d�a con un documento, otro d�a con una persona que me para por la calle para contarme una an�cdota sobre �l. Quiero transformar la par�lisis que hubo aqu� durante tres d�cadas en acci�n. Es una b�squeda que me completa", dice este estudiante de antropolog�a social, que de adolescente padeci� la censura social sobre un caso que la sociedad salte�a ocult� bajo la alfombra, y que ahora, de repente, sac� a la luz. El Estado le pag� una indemnizaci�n a la familia por haber sido v�ctima de la represi�n ilegal, pero el caso estuvo un largo tiempo silenciado. Hace 30 a�os, la viuda recibi� el mocas�n marr�n que se le cay� a Ragone durante el forcejeo con sus captores. Los restos jam�s aparecieron. "Igual sigo esperando. Ojal� haya noticias antes de que me muera".

Una an�cdota pinta su sentido de solidaridad: a las pocas semanas de desaparecer Ragone, ella regal� toda su ropa a gente pobre de la provincia que la necesitaba. Fernando Peque�o tambi�n se mueve. Acompa�� a Clar�n a recorrer lugares emblem�ticos de la vida de Ragone y ahora trabaja para que el futuro puente que se har� sobre el r�o Seco en Tartagal (el anterior qued� destruido por las �ltimas inundaciones) lleve el nombre de su abuelo y se convierta en un s�mbolo de la integraci�n entre las poblaciones postergadas de Salta. Pol�mica: cu�l es el l�mite �tico para pagar El l�mite legal es clar�simo: si alguien particip� de un delito, no puede cobrar ninguna recompensa por ayudar a esclarecerlo. El l�mite �tico empieza a ser parte de un debate. El caso m�s actual es el de Jorge Julio L�pez, testigo del caso Etchecolatz, por cuyo paradero se ofrecen 200 mil pesos. �Es correcto el incentivo? �Y si el que se presenta a cobrar tuvo que ver con la desaparici�n? Aqu� las primeras voces de una pol�mica que asoma: Fernando Peque�o, nieto de Ragone: "Nunca negociar�amos con un asesino y sent� mucho enojo porque no nos consultaron cuando decidieron poner la recompensa". Luis Hip�lito Alen, jefe de Gabinete de la Secretar�a de Derechos Humanos de la Naci�n: "Dudo que en el caso Viltes se pueda aplicar, porque los que aporten datos no tienen que tener ning�n tipo de participaci�n en el hecho. Y es el juez el que debe determinar si es un testigo valioso que merece ser recompensado". Pedro Guill�n, secretario de Derechos Humanos de Salta: "La recompensa es un mecanismo gen�rico. Se habl� de esto antes de la aparici�n de Viltes, quiz�s falt� formalizarlo. Tal vez no sea lo mejor desde el punto de vista �tico, porque los ciudadanos tienen la obligaci�n de declarar". Jes�s P�rez, ex ministro de Hacienda de Ragone: "Una recompensa puede dar una soluci�n, pero el juez debe analizarlo bien. A veces hay 'perejiles' que pueden ayudar a resolver una verdad hist�rica". Gregorio Caro Figueroa, historiador: "Me parece que es un recurso extremo y discutible, que puede abrir una v�a riesgosa, porque pueden surgir testimonios y pistas falsas". Juan Carlos Villamayor, ex secretario de Prensa de Ragone: "Supongo que tuvieron buena voluntad, pero en este caso lo hicieron muy mal".

Fuente: lafogata.org, 2006


ImageA prop�sito del crimen del doctor Miguel Ragone

Por Gregorio Caro Figueroa

De la politizaci�n del crimen a la criminalizaci�n de la pol�tica

"Cuando los acontecimientos vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o tr�gica, el derecho (a la memoria) se convierte en un deber: el de acordarse, el de testimoniar" (Tzvetan Todorov)

Asegura Le�n Poliakov que hay una relaci�n entre "la visi�n polic�aca de la historia", que imputa todas las desgracias del mundo o de un pa�s a una organizaci�n mal�fica (brujas, burgueses, inmigrantes, oligarcas, jud�os, marxistas, masones, cipayos, sinarqu�a, curas, etc.), y la seducci�n que ejerce sobre la mente humana el presunto hallazgo de "una causalidad elemental y exhaustiva", equivalente a la causa �nica y primera.

Durante los a�os '70 en la Argentina, dentro de un contexto marcado por la prolongaci�n de la "guerra fr�a", esa visi�n polic�aca de la historia, combinada con la causalidad diab�lica y el odio por ella generado, fue la que presidi� las disputas por el poder. El enfrentamiento de supersticiones ideol�gicas y la lucha armada entablada por el terrorismo y el contra terrorismo, actuaron combinadamente para desalojar del escenario a las ideas, al conflicto y a la confrontaci�n pol�tica civilizada.

Para ser completa, semejante visi�n necesitaba -adem�s- identificar al Enemigo, paso previo para su posterior eliminaci�n. Para ese tipo de mentalidad, el c�rculo donde anidaba el Enemigo, portador del Mal, era ampl�simo, de l�mites el�sticos hasta lo arbitrario. En la Argentina de aquellos a�os, ese c�rculo inclu�a no s�lo a "los subversivos, sus colaboradores, los simpatizantes, los indiferentes": alcanzaba, tambi�n, a los "t�midos".

"En un clima de ansiedad y de incertidumbre, la superstici�n puede proliferar a su antojo", anot� James Web. En ese clima predominante en el pa�s durante la d�cada de los '70, era necesario encontrar una causa maligna, se�alar las organizaciones que la promov�an e identificar al Enemigo como agente portador.

Esa identificaci�n era el paso que preced�a a la depuraci�n. Salta no fue ajena a ese clima de �poca dominado por la sospecha y la caza de brujas. Entre 1973-1974, el argumento central y final que usaban los grupos violentos enfrentados en Salta ten�a una simetr�a perfecta.

Mientras la llamada izquierda peronista o Montoneros instaba a defender "al gobierno popular" presidido por el doctor Ragone, depur�ndolo de "infiltrados de derecha, reaccionarios y traidores", los sectores identificados con la Patria Peronista convocaban a "erradicar a los marxistas infiltrados" para, luego, derrocar al gobierno provincial.

Desenterrando las oxidadas armas de la Inquisici�n, pero sin las formalidades del proceso inquisitorial, ambos extremos se colocaban como guardianes de la "pureza doctrinaria". La delaci�n se abri� paso en un terreno abonado por la sospecha y el rumor p�blicos que adquir�an fuerza de argumento condenatorio en el "por algo ser�" y en el "algo habr� hecho". La desaparici�n forzosa de personas fue la expresi�n m�s cruel de esa "pedagog�a del miedo" con la cual una dictadura busc� imponerse, aterrorizando a la sociedad.

Pero la acci�n de una Inquisici�n no se despliega en el vac�o. Por el contrario, ella "ayud� a institucionalizar los prejuicios y actitudes que antes de ella eran lugar com�n en la sociedad", dice Henry Kamen. La brutal simplificaci�n ideol�gica fue acompa�ada de una intensificaci�n de las pasiones, y ambas marcharon por delante abriendo paso a la "depuraci�n ideol�gica" que desemboc� en la aniquilaci�n f�sica del Enemigo.

En una sociedad como la salte�a, todav�a a finales de los a�os de 1930, muchos cre�an que "El dogma socialista" de Esteban Echeverr�a era un libro peligroso, y en 1962 otros pensaban que los militares del sector Azul (Ongan�a, Lanusse y los generales salte�os Enrique Rauch y Carlos Augusto Caro) eran "comunistas". La nueva Inquisici�n encontr� aqu� un terreno roturado. Sin tener en cuenta esto, no se comprender� cabalmente el porqu�, en Salta y Jujuy, hubo m�s de 310 v�ctimas de la violencia en esos a�os.

ImageNo se trata de diluir en la sociedad la culpa de lo que sucedi� en los a�os '70, pero tampoco de desvincular totalmente a esa sociedad de aquella tragedia. Menos a�n, de trasladar la responsabilidad a la pugna interna del justicialismo local que existi� y fue dura, pero que s�lo la mal�vola intenci�n de un represor puede involucrarla ahora en el secuestro del doctor Ragone.

La disputa interna precipit� la intervenci�n federal a la Provincia. Pero fue la represi�n ilegal la que eligi� a Ragone como blanco del secuestro m�s resonante perpetrado en Salta. Lo hizo para multiplicar el terror advirtiendo que, de un ex gobernador para abajo, nadie pod�a estar ya seguro ni tranquilo, y que la vida de cualquiera estaba en manos de feroces asesinos encapuchados. La pedagog�a del terror deb�a aplicarse implacable, contundente.

Habr�a que remontarse a las primeras d�cadas del siglo XIX, en el escenario de la Guerra de la Independencia y luego de la Guerra Civil, para encontrar un antecedente parecido de una violencia de tan alta intensidad como la que impregn� a la provincia entonces.

En aquellos a�os, las opiniones moderadas no eran escuchadas; la sensatez era tenida por cobard�a. Como en el peor momento de nuestro siglo XIX, las discrepancias y los matices fueron equiparados a "traiciones". El ametrallamiento y posterior allanamiento de la casa de mi padre, siendo Senador de la Naci�n, fue uno de los precios que �l pag� por su condena a aquellas violencias cruzadas y por su firme defensa de las instituciones.

El desprecio a la vida y la ley alcanz� su m�xima intensidad. El rechazo a las precarias "libertades burguesas" se volvi� contra quienes las inmolaron en los altares de una "liberaci�n nacional" que se propon�an imponer pisoteando, a partir de la individual, todas las otras libertades.

En el pa�s y en la provincia entonces ocurr�a lo que en la Espa�a del siglo XVI: "Estamos pasando tiempos dif�ciles, en los que no se puede hablar ni callarse sin peligro", escribi� el humanista Luis Vives a Erasmo en 1535. La muerte f�sica estuvo precedida por la muerte de las ideas y por la supresi�n de las reglas de juego de la pol�tica.

Plagiando a Mao, Firmenich dec�a: "El poder pol�tico viene de la boca de un rifle". Inspirado en el fascismo y en el estalinismo, desplegaba la "dial�ctica del pu�o y las pistolas". La espiral de violencia llev� a lo que el fil�sofo franc�s Bernard Henry-Levy caracteriz� como el tr�nsito de la politizaci�n del crimen a la criminalizaci�n de la pol�tica.

S�lo en un clima de irracionalidad y cacer�a de brujas pudo prosperar aquella acusaci�n que se hizo al gobierno que presidi� Ragone: la de haber montado un aparato plagado de "marxistas", lo que era sin�nimo de "subversivo". El simple repaso de la lista de sus ministros, secretarios de Estado y directores de organismos gubernamentales, refuta esa acusaci�n. Las designaciones que hizo Ragone tuvieron m�s en cuenta su amistad personal con los nombrados que afinidades pol�ticas.

Esa acusaci�n adem�s de falsa, era excesiva: en Salta nadie pod�a acreditar s�lida formaci�n marxista. Adem�s, las peque�as sectas de esa confesi�n hab�an llamado a votar en blanco en marzo de 1973 agitando la consigna "ni votos ni botas". Otras, hab�an enfrentado al Justicialismo presentando candidatos propios. El izquierdismo universitario recibi� con frialdad a Ragone cuando �ste visit� la UNSa en abril de 1973. Reci�n despu�s del derrocamiento de Salvador Allende, esa distancia se transform� en deseo de llegar a un matrimonio de conveniencia.

Fuente: www.clubdelprogreso.com


ImageSobre Salta, montoneros y Ragone

Ramiro Daniel Escotor�n

Cuando encar� el proyecto de investigaci�n sobre el periodo hist�rico de nuestra provincia que transcurre durante la primera mitad de la d�cada del setenta ten�a plena conciencia que estaba encendiendo una luz sobre una etapa sobre la que se le hab�a echado un poderoso manto de sombras, es decir de olvidos y desmemorias. Treinta a�os despu�s de aquellos d�as los salte�os nos deb�amos un serio y profundo debate sobre lo ocurrido, sus actores, las causas, los efectos, los responsables. Porque la tragedia, la masacre desatada desde el 24 de marzo (y antes tambi�n) en la Argentina nos obliga a una revisi�n aguda y profunda para que ese pasado reciente tan presente aun, nos abra sus ense�anzas que necesariamente contienen los nombres de quienes de distinta forma fueron responsables de lo acaecido.


Miguel Ragone rodeado de sus seguidoresPero este trabajo lejos est�, porque as� entiendo la Historia, de cualquier pretendida y ciertamente falsa neutralidad. Por eso el enfoque y la tem�tica marcan desde un comienzo desde donde me paro para desarrollar el trabajo. Dec�a que �Salta montonera� es una luz en la oscuridad, o mejor, haber abierto la pesada puerta que nos introduce a ese pasado hasta ayer clausurado. He ah� uno de los m�ritos de este libro y as� lo reconoce Armando Caro Figueroa en la elogiosa introducci�n de su nota �Pero �fue alguna vez Salta, montonera�?. Debo expresar mi agradecimiento a esos elogios pero tambi�n mi benepl�cito porque tal como se�ala ACF, sirve ya para llevar adelante este debate constructivo.

Sobre montoneros, montonera y Montoneros

El t�tulo del libro debo reconocer que m�s que un recurso literario, preferencia pol�tica o etc�teras varios responde a una profunda veta personal de provocador. En ning�n momento ni siquiera insin�o que Salta haya estado en manos de esta organizaci�n ni mucho menos que el ex gobernador haya tenido alg�n v�nculo org�nico. No obstante el t�tulo expresa algunos conceptos sobre el t�rmino �montonero� sobre los que me explayo en la introducci�n del libro: desde la resistencia peronista hasta el surgimiento de la organizaci�n pol�tico militar en 1970 el t�rmino fue reivindicado por los grupos peronistas resistentes, juveniles o revolucionarios que enlazaban ese presente con las montoneras federales del siglo XIX. La corriente revolucionaria en el interior de movimiento peronista a lo largo de los sesenta se reflej� en aquellos hombres de ponchos y tacuaras; una de esas organizaciones tom� el monopolio del nombre y a la luz de diversos factores se convirti� en la fuerza principal, aglutinante de ese sector, la denominada tendencia revolucionaria peronista, la �tendencia� (1971-1973). Las divergencias al interior de esta fracci�n dividi� aguas y los errores de la Organizaci�n Montoneros los condujo a un aislamiento progresivo (1973-1975) que no obstante sigui� siendo la mayoritaria.

Este emergente pol�tico fue uno de los tantos de un periodo en el que de diversas formas las clases populares tomaron un protagonismo pol�tico tal, que signific� la m�s alta disputa de poder en el siglo XX por parte del movimiento popular. Seguramente que esta tesis ser� objeto de refutaciones, pero lo que es inobjetable es la conclusi�n de este proceso, cuya culminaci�n se expresa en los miles de asesinatos, secuestros, torturas y desapariciones forzadas de militantes, dirigentes, intelectuales de las organizaciones populares y otros tantos de exiliados. No se explica esta cacer�a feroz si no es por la propia percepci�n de las clases dominantes del peligro en ciernes de su poder.

Salta no fue la excepci�n a este momento, muy por el contrario la gesti�n de Ragone fue una de las pocas que estuvieron en el ojo de la tormenta. Aqu� se mezcla el proceso nacional y las particularidades de la provincia. Desde el momento mismo de su proclamaci�n como candidato a gobernador en el pol�mico congreso de diciembre de 1972, se gan� la oposici�n de buena parte de las agrupaciones partidarias de PJ, hecho que deriv� que en Salta no se armara el FREJULI. El apoyo org�nico a Ragone provino de su lista verde, de fracciones de la JP entre las cuales estaba la JP Regionales, agrupaciones menores y la gran masa de sectores populares por fuera de aquellas opositoras.

Ciertamente no quiero aqu� soslayar mi intenci�n de reivindicar a esa generaci�n pol�tica, esos militantes que con su idealismo, sus convicciones, sus acciones y sus errores pusieron el cuerpo, la mente y sobre todo sus vidas en pos de un modelo diferente.

Armando Caro Figueroa califica a Montoneros de �neo-peronistas�. La categor�a es en si misma incorrecta para su aplicaci�n a este grupo. El neo peronismo fue la corriente surgida a principios de los sesenta a ra�z de la proscripci�n del peronismo y del partido, lo que deriv� en el surgimiento de partidos encabezados por dirigentes o ex dirigentes peronistas pero que exclu�an a Per�n de su discurso. Buscaban un peronismo sin Per�n, algo que tambi�n intentar�a el dirigente metal�rgico Augusto Vandor. Por el contrario Montoneros nace reivindic�ndose como peronista y peleando por el retorno del General a la Argentina como l�der del pueblo; Per�n avala y legitima sus acciones y les da cabida en el seno del Movimiento Nacional Justicialista.

La segunda apreciaci�n que reitera prejuicios de esa �poca es la que se refiere al origen antiperonista de sus integrantes o de sus familias, sus procedencias sociales de la peque�a o mediana burgues�a, etc. Si bien esto alcanzaba a algunos de sus integrantes, no era el caso de la mayor�a. Recordemos incluso que cont� con la adhesi�n de dirigentes hist�ricos caso Framini, Viel, Cabo, o los ex gobernadores Mart�nez Baca, Bidegain, Obreg�n Cano.

En el caso de Miguel Ragone si bien ten�a afinidad con algunos de estos dirigentes no perteneci� a la organizaci�n pol�tico militar, pero no los conden�, ni los estigmatiz�; por el contrario les abri� las puertas y permiti� su participaci�n en algunas esferas del gobierno provincial. Aqu� aparece el elemento de ruptura entre la idea difundida del aparato militarista o terrorista y el accionar pol�tico de sus dirigentes y militantes que desde sus organizaciones de masa (JP, JUP, UES, JTP, etc.) con mayor o menor suerte lograron una innegable inserci�n en el seno del pueblo peronista. Que los errores cometidos, el devenir del proceso pol�tico, las acciones de sus adversarios y enemigos los fueron aislando, es un tema que se puede acordar, pero no niega lo anterior, ni sus aportes a una lucha donde como dije arriba, algunos dejaron sus vidas.

ImageLas muertes de miles de ellos, aun en la etapa democr�tica muestran que se estaba disputando mucho m�s que simples espacios o cargos de gobierno. Por razones m�s que claras, desde la historia oficial se oculta o se minimiza que Ragone fue secuestrado antes del golpe de estado, mientras gobernaba Mar�a Estela Mart�nez y en Salta reg�a aun la intervenci�n federal que lo hab�a depuesto en noviembre de 1974. Ragone no era montonero, pero entonces �Por qu� lo secuestraron y lo asesinaron? La respuesta est� al alcance de la mano, y nos remite a nuestro presente: Ese peronismo hist�rico, transformador, progresista y hasta revolucionario se enfrentaba inevitablemente con el otro, el conservador, el pragm�tico, el del orden. Derrotado el primero el otro emerge en 1983 (Romero en Salta entre otros), y se consolida a nivel nacional con Menem en 1989 y otra vez con Romero jr. en Salta en 1996. Y no es una cuesti�n de nombres, es el PJ que se reconvierte en una nueva fuerza, ahora s� neo peronista, el pejotismo. Enti�ndase que hablo de responsabilidades pol�ticas, no jur�dicas.

Verticales, ortodoxos y peronistas

La situaci�n del movimiento obrero en la provincia de Salta en esos d�as no era muy distinta de lo que suced�a a nivel nacional. Una fuerte pugna entre un sector sindical que buscaba posicionarse con un margen de independencia pol�tica y autonom�a gremial (Rucci) sin sacarse la �camiseta peronista�, otros quienes bregaban por un sindicalismo de liberaci�n alternativo (Ongaro), quienes jugaban su suerte al proyecto peronista pero buscando convertirse en cabeza del movimiento (Miguel). En ese esquema la JTP (Montoneros) andaba err�ticamente sin acertar con una pol�tica concreta, sin capacidad para disputar la CGT, ni construir una alternativa. Pronto Ongaro y su breve experiencia de la CGT de los Argentinos qued� en minor�a, pero sobrevivi� un movimiento en las bases que cuestion� de diversas formas a una conducci�n sindical que se perpetuaba tras el reiterado discurso de la lealtad y la verticalidad.

En un periodo tan cr�tico era dif�cil separar acci�n gremial y pol�tica. Es m�s el emblema peronista era el carnet de presentaci�n y permanencia en el mundo sindical, Vandor (UOM) fue brutalmente sincero cuando reconoci� que �si se sacaba la camiseta peronista no duraba ni un d�a en el sindicato�. La multiplicidad de conflictos gremiales por fuera de las conducciones en el periodo 1973-1975 incluido el �rodrigazo" expresan el nivel de autonom�a de los trabajadores respecto de sus dirigentes quienes apelaban a la consabida acusaci�n de �infiltrados�, �troscos�, �bolches�, etc. para reprimir sus luchas y sostener su poder. De igual manera el aporte sindical a la campa�a electoral de 1973 fue sustancialmente menor al de los sectores juveniles y de la izquierda peronista.

En el caso de Salta las divergencias surgidas en el congreso partidario llevaron a un retiro de apoyo por parte de la lista Azul y Blanca de Bravo Herrera vinculado a su vez con las 62 Organizaciones de Amelunge. Para esos d�as Olivio R�os era una figura m�s simb�lica que real en t�rminos de peso y poder en el movimiento sindical. Las 62 conducida por Lorenzo Miguel (UOM), era el fiel de una balanza donde el poder se med�a de acuerdo a la verticalidad con este sector mas que con el propio Per�n.

En ning�n momento sit�o a R�os en el espacio de la burocracia sindical (tan real y existente en ese momento como antecedente del actual sindicalismo empresario), pero es ineludible el rol que juega a partir de 1974; habr�n dudas que el tiempo y los testigos de esa �poca ir�n resolviendo: �Por qu� actu� R�os de la manera que lo hizo en mayo de 1974? �Fue una jugada intencional para desestabilizar a Ragone? �Fue una acci�n concertada con el resto de la oposici�n?. Las intenciones y motivaciones quedan en segundo plano igualmente ante los hechos y los efectos determinados. Los hechos de mayo de 1974 dejaron herido de muerte al gobierno, que con una oposici�n ya abierta y generalizada acus�ndolo no ya de tener infiltrados y montoneros sino de ser montonero, transit� el camino final hasta la intervenci�n en la mayor soledad pol�tica agravada por la muerte de Per�n que deja el camino expedito a la derecha peronista.

La �verticalidad� era una cualidad que unos pocos pod�an reconocer y se acced�a a ella por el simple tr�mite de no cuestionar nada y a nadie. Esa es la base de la intervenci�n federal a nuestra provincia que, como bien recuerdo en mi libro, estuvo a cargo del mismo sector que en C�rdoba hab�a participado en el Navarrazo, golpe policial que derroca a otro gobernador �montonero�, Ricardo Obreg�n Cano. En la intervenci�n participan muchos de los opositores a Ragone, incluido con un cargo menor el ex vicegobernador. Quiz�s finalmente la iron�a de aquel cronista de El Intransigente haya sido una fatal realidad cuando le suger�a al entonces gobernador �que los meta en el presupuesto� como soluci�n final a todos los problemas con la oposici�n local.

No era tan simple la cosa, de todas maneras, porque los hombres dispuestos en el juego de la historia, son due�os de su voluntad para decidir frente a dilemas pol�ticos o morales, pero en el contexto de un escenario cuyo lugar y tiempo, es decir sus formas y actores no eligen. En ese escenario cada uno, cada personaje, cada grupo o sector pol�tico hizo una opci�n conciente. El juicio de la historia no es m�s que la obligaci�n de poner sobre la mesa de debate social los elementos que permitan sacar conclusiones siempre provisorias pero cada vez m�s certeras sobre los actores y sobre el proceso mismo, sin que esto implique condena. La sentencia de la historia est� en el aprendizaje y capacidad de moldear un futuro que interpele ese pasado revirtiendo el presente y all� la Historia requiere de colectivos sociales, como siempre

28 de junio de 2008

Fuente: www.iruya.com


ImageActa del 6 de Julio de 2001

Juicio por la Verdad, Salta.

///La ciudad de Salta a los seis d�as del mes de Julio del dos mil uno y siendo horas 9:20 comparece por ante este Tribunal una persona previamente citada, quien acreditando identidad manifiesta llamarse OSVALDO ALFREDO VARGAS FLORES, de identidad argentina, de estado civil casado, D.N.I. N� 10.493.463, de profesi�n u ocupaci�n polic�a, con domicilio calle Jaziman� N� 100 Grupo 200 Viviendas B� Casta�eda de esta ciudad. Declarado abierto el acto en presencia de S.S. y la Sra. Secretaria se la hace saber los motivo de su citaci�n y que se le recibir� declaraci�n testimonial, con la prevenciones prevista por el art. 440 del C. Pr., sobre falso testimonio. En este acto se procede a leer la lista de desaparecidos que se encuentran agregados a fs. 34/36, A LA PRIMERA PREGUNTA POR LA LEY GENERAL contestando dijo: que no le comprenden. Que conoci� al Sr. Miguel Ragone por su investidura como gobernador de la Provincia durante su mandato. Que tambi�n conoci� de vista al Sr. Pedro Bonifacio V�lez, quien perteneci� a la fuerza policial. A LA SEGUNDA PREGUNTA para que diga el testigo si perteneci� o pertenece a la Polic�a de la Provincia y en su caso desde que a�o , y que cargos ocup� en dicha fuerza de seguridad, contestando dijo: Que ingreso en el a�o dicha fuerza de seguridad, contestando dijo: Que ingreso en el a�o 1.972/73 estuvo en la escuela de cadetes de la Policia de la Provincia y que egreso a fines de 1.973 como oficial subayudante. Que durante los a�os 1.974/1.976 revist� o prest� servicios en la Seccional Primera de Policia con el cargo de Oficial Ayudante. Que en el a�o 1.977, 1.978 y parte del a�o 1.979 prest� servicio en la compa��a Guardia de Infanter�a de la Policia, que all� ascendi� a Oficial Auxiliar. Que luego al Destacamento de Vaqueros desde abril de 1.979 . Que en el a�o 1.980 prest� servicio en la Comisar�a S�ptima del Barrio el Tribuno de esta ciudad. Que estuvo en la guardia de la Casa de Gobierno. Que posteriormente paso a la comisar�a del Menor durante los a�os 1980/81. Que en el a�o 1.982 pas� a prestar servicio en la Comisar�a N� 35 de la ciudad de Or�n. Que fines de 1.982 asciende a Oficial Principal y lo destinan al destacamento de Aguas Blancas . Que en el a�o 1.984 es trasladado a la Comisar�a N� 7 de la Ciudad del Milagro de esta ciudad. Que en el a�o 1.985 fue jefe del destacamento San arlos - Dpto. San Carlos. Que en el a�o 1.986 prest� servicio en la comisar�a segunda. Que en el a�o 1.987 vuelve a la compa��a Guardia de Infanter�a. Que en ese a�o ascendi� a Subcomisar�o y paso a la Comisar�a N� 17 de Menores. Que en el a�o 1.989 es Segundo Jefe de la Seccional Novena. Que en a�o 1.990 pas� a la Direcci�n de Drogas Peligrosas. Que en ese a�o asciende a Comisario. Que en el a�o 1.991 pasa como Jefe de Cuerpo de la Escuela de Cadetes. Que en el a�o 1.992 pas� a ser jefe de la Comisar�a Novena. Que en el 1.993/94 volvi� a la Escuela de Cadetes. Que en ese a�o asciende a Comisario Principal. Que en los a�os designado como Segundo Jefe de la Regional N� 6 de Cafayate. Que a fines de 1.997 es designado como Comisario Inspector, y es destinado como Director General de Drogas Peligrosas. Que a fines del a�o 2.000 asciende a la jerarqu�a de Comisario Mayor, cargo que continua ocupando en la actualidad. A LA TERCERA PREGUNTA para que diga el testigo si dentro de la fuerza es com�n el cambio continuo de funciones, conforme lo detallado precedentemente, contestando dijo que : que si. Que es com�n la rotaci�n del personal dentro de las distintas dependencia, sobre todo en el caso de los oficiales, como lo es el dicente. A LA CUARTA PREGUNTA PARA QUE diga el testigo donde prest� servicio durante el a�o 1.976, contestando dijo: en la comisar�a Primera. A LA QUINTA PREGUNTA para que diga el testigo si tuvo conocimiento o recuerda sobres las circunstancias que precedieron a la desaparici�n del Sr. Miguel Ragone, contestando dijo: Que como oficial joven a la fecha de la desaparici�n del Dr. Ragone, no tuvo participaci�n directa ni indirecta en la investigaci�n respecto de su desaparici�n. Que solo tuvo conocimiento por los reportes period�stico de esa fecha y por comentarios que se hicieron dentro de la misma fuerza. A LA SEXTA PREGUNTA PARA QUE DIGA EL TESTIGO SI recuerda cuales fueron los comentarios que se hicieron en esa fecha sobre la desaparici�n del Dr. Miguel Ragone, contestando dijo : que se coment� sobre el hecho que tom� tanta trascendencia en ese momento, pero que no sobre puntos espec�ficos sobre el hecho en s�. A LA SEXTA PREGUNTA PARA QUE DIGA EL TESTIGO si tiene alg�n familiar en fuerza policial y en su caso que cargo ocup� durante el a�o 1.976 y que destino, contestando dijo : que si,. Que tiene un hermano de nombre Ren� Isaac Vargas Flores. Que cree que en el a�o 1.976 prestaba servicio en la Escuela de Cadetes, que era oficial ayudante. Que en la actualidad el hermano del dicente ocupa el cargo Comisario Mayor, se desempe�a como director de Instrucci�n Policial - Escuela de cadetes, en la calle Arenales de esta ciudad. Con lo que no siendo para m�s se da por finalizado el acto, previa lectura firma el compareciente para constancia y ratificaci�n despu�s de S.S. por ante mi que doy fe.-

Sr. Osvaldo A. Vargas Flores

Dr. Miguel A. Medina
Juez Federal

Mariela Alejandra Jim�nez
Secretaria


ImagePensamiento Pol�tico de Miguel Ragone. �nico gobernador constitucional secuestrado y desaparecido

Por Myriam Corbacho y Raquel Adet

REVISTA 2 ESCUELA DE HISTORIA, A�o 2, Vol. 1, N� 2, 2003

Consideraciones generales.

Despu�s de la larga abstenci�n sufrida por el Partido Justicialista, sus dirigentes, de regreso a la lid pol�tica, se encuentran con una sociedad donde la alternancia de gobiernos de facto con democracias d�biles tend�an a encerrar al pa�s en gobiernos con ideolog�as cada vez m�s conservadoras.

Para mal o para bien la sociedad argentina hab�a mutado profundamente. Per�n, desde Madrid continuaba ejerciendo un papel tutelar y alent� la violencia desatada primero por el Peronismo de la Resistencia y luego por j�venes entusiastas integrantes de las organizaciones armadas.

En esta sociedad polarizada y compleja, el Movimiento Peronista, reflejaba en s� todas las contradicciones existentes. El GRAN AUSENTE alentaba a la rama juvenil, la Juventud Peronista (JP), que actuaba por cuenta propia y no estaba dispuesta a someterse a la vieja dirigencia de mentalidad verticalista. Pero la corta primavera revolucionaria, vivida con el T�o C�mpora, lleg� a su fin con el retorno de Per�n, decidido a terminar con la revuelta armada.

En su mensaje del 1� de Mayo de 1974, censur� la herej�a armada, fustig� a los j�venes y los ech� de Plaza de Mayo. Conden� a las organizaciones juveniles a desaparecer. Los j�venes insumisos optaron por la clandestinidad. La dura lucha ideol�gica en el seno del Movimiento, se�ala que, numerosos dirigentes la JP y otras organizaciones, estaban m�s pr�ximos a ideales revolucionarios de izquierda que de la ortodoxia peronista.

El l�der, por su parte, envejecido y enfermo no asum�a que el Movimiento Justicialista nunca volver�a a ser lo que fue en los a�os del nominado peronismo hist�rico, pues el pa�s hab�a cambiado totalmente. La promesa ideal de volver al ed�n perdido se hac�a trizas frente a la realidad de un pa�s desgarrado por la violencia econ�mica, la violencia social y la violencia pol�tica. Algunos j�venes argentinos cre�an en la acci�n directa y hacia ella se lanzaron.

Consideramos necesario un acercamiento, "a vuelo de p�jaro" al pensamiento pol�tico, del Movimiento Justicialista y a sus principios fundamentales.

Para acercarnos a tema tan complejo vamos tomar dos hip�tesis formuladas por Robert Michels (1876-1936) que pueden ser aplicadas al PJ. Las mismas son comentadas por el soci�logo italiano, Alessandro Pizzorno, quien nos brinda un muy buen estudio del autor nombrado. De su obra sacamos una serie de elementos para ejecutar un an�lisis muy generalizado pero veros�mil del Movimiento Justicialista desde su g�nesis hasta la muerte del caudillo, en julio de 19741.

Se�alamos as�:

1) Poderes discrecionales del Movimiento y su tendencias a asumir una estructura olig�rquica

2) Abandono de los fines espec�ficos para fortalecer la auto-conservaci�n partidaria.

No hay que dejar de lado caracteres muy conocidos y estudiados del Movimiento: nacionalismo y verticalismo, pr�cticas propias de los partidos de masa y caracter�sticas de la tan criticada URSS, como el culto de la personalidad y el todopoderoso partido.

Para comprender su influencia en el pensamiento pol�tico de Ragone, debemos agregar los insistentes y oportunistas mensajes de Per�n, desde antes de su regreso, proponiendo: el socialismo nacional, la consigna liberaci�n o dependencia y su aspiraci�n personal a liderar ese movimiento en Latinoam�rica.

Planteamos las dos de la tesis comentadas por Pizzorno:

1).- El autor se pregunta: �c�mo se manifiestan las tendencias olig�rquicas en un partido y cu�les son sus indicadores? Los indicadores que nos permiten diagnosticar la tendencia del Movimiento Peronista a asumir una estructura olig�rquica, ser�an, seg�n el autor: "[...] tendencia a la inamovilidad de los jefes, a consultar raramente a la base, a tomar decisiones dentro de peque�os c�rculos de jefes y dirigentes sin control externo".

Si pensamos en el eje funcional del Movimiento Peronista, el verticalismo, vemos como en la organizaci�n partidaria el Presidente de la Naci�n ejerc�a tambi�n la presidencia del partido -extra�a conjunci�n entre Estado y Partido. En el Movimiento Peronista fue, desde siempre, una entelequia la divisi�n de poderes. La afiliaci�n masiva le facilitaba al partido representaci�n mayoritaria en las C�maras, los gobernadores estaban facultados para nombrar intendentes y hasta las Unidades B�sicas ten�an sus cuotas de poder sobre Centros Vecinales y circunscripciones barriales a trav�s de punteros pol�ticos. El Movimiento procur� y obtuvo, casi siempre, una Justicia complaciente.

2).- Abandono de los fines espec�ficos de ideales caros al antiguo Movimiento Peronista y, en su lugar, la preocupaci�n, casi �nica, por fortalecer la organizaci�n partidaria.

ImageComo fines espec�ficos pueden se�alarse los logros obtenidos por el hombre fuerte de la Revoluci�n de 1943 y observados durante su primera presidencia: Estatuto del Pe�n, vacaciones pagas, jubilaciones y pensiones. Otros est�n contenidos en la reforma constitucional de 1949 y son: funci�n social de la propiedad, del capital y de la actividad econ�mica. Adem�s otros derechos tales como: de la ancianidad a la asistencia social, a la vivienda digna, a la alimentaci�n, al vestido, al trabajo, al esparcimiento, etc.; los derechos del trabajador retribuci�n justa, capacitaci�n, condiciones dignas de trabajo, seguridad social, protecci�n de su familia; derechos de la familia, derecho a la educaci�n y a la cultura. Estos ser�an los fines espec�ficos obtenidos por el Movimiento que beneficiaron a las mayor�as. Algunos subsistieron luego del derrocamiento de Per�n, pero la Revoluci�n Libertadora y los sucesivos golpes de Estado los recortaron y el menemismo los anul� por completo.

El retorno de Per�n, en 1973 significaba, en el imaginario colectivo, recobrar el Estado de Bienestar. Todo se recuperar�a, casi m�gicamente, con el retorno del esperado. Sabemos que no existen soluciones m�gicas. Las dificultades eran muy dif�ciles de subsanar debido al estado deficitario, a la confusi�n generalizada y a la violencia extendida desde 1955 y cada vez con mayor virulencia en todo el pa�s.

As�, fines partidarios tan caros a la masa justicialista, fueron dejados de lado en espera de tiempos mejores y, los esfuerzos se centraron en fortalecer la estructura partidaria. Era el pa�s un caldero bullente de pasiones; las masas ya no ped�an, exig�an al comp�s del eslogan acu�ado en l972 "C�mpora al gobierno, Per�n al poder". La nominaci�n al cargo de Presidente de la Naci�n del Delegado de Per�n, H�ctor C�mpora, no se deb�a a sus m�ritos como administrador o estadista sino a su lealtad a la persona del General. El T�o- as� se apod� a H�ctor C�mpora- manifiesta, en cuanta ocasi�n se le presenta, esa sumisi�n:

"[...] He recibido ese mandato por una condici�n personal que ha caracterizado toda mi vida; algunos la consideran un defecto, otros una virtud, y de las m�s honrosas en cualquier hombre. Voy a hablarles, en primer t�rmino, de la lealtad. Lealtad total, incondicional, a mis verdaderos amigos. Considero que el m�s grande de ellos es el Gral. Juan Per�n y le he sido leal durante el gobierno y desde el llano [...]"2.

Interesa se�alar que el peronismo, como movimiento populista, pudo travestirse en nacionalismo, pudo coquetear -para atraer a las masas- con el socialismo y hasta con el comunismo y optar por la 3� posici�n, si estamos dispuestos a aceptar la posibilidad del "tercerismo". Per�n alud�a as� a esa Tercera Posici�n:

"Frente a nosotros se levantan triunfantes el demo-liberalismo capitalista puramente individualista y el colectivismo del marxismo dogm�tico internacional, alargando la sombra de sus alas imperialistas [...] es evidente que ninguna de estas dos soluciones nos llevar�a a los argentinos a la conquista de la felicidad [...] As� fue que nos decidimos a crear las nuevas bases de una Tercera Posici�n que nos permiti� ofrecer a nuestro pueblo otro camino [...] En el orden econ�mico la Tercera Posici�n es la liberaci�n de los dos extremos perniciosos para adoptar un sistema de econom�a social al que se llega colocando el capital al servicio de la econom�a. [...] En el orden social, en medio del caos que opera en el mundo, fluctuante entre el individualismo y el colectivismo, nosotros adoptamos un sistema intermedio, cuyo instrumento b�sico es la justicia social [...] En el orden pol�tico implica poner la soberan�a de las naciones al servicio de la humanidad en un sistema cooperativo de gobierno mundial, donde nadie es m�s que nadie pero tampoco menos que nadie"3.

C�mpora, en su fugaz presidencia no pudo tomar medidas de largo alcance. Se limit� a dar satisfacci�n a los grupos armados: la liberaci�n de los presos pol�ticos, nombramientos de funcionarios de tendencia izquierdista, apoyo a algunos gobernadores cuestionados por las andanzas de los muchachos de la tendencia.

El nuevo discurso impuesto por Per�n fue transmitido con lealtad por el T�o. La apremiante campa�a electoral en medio de un clima entre festivo y violento, despertaba las esperanzas de la gente. Fueron d�as de alegr�a popular y se viv�a un clima de irrealidad y casi de total irresponsabilidad. El candidato presidencial hab�a fijado una serie de pautas y elementos de su futuro programa de gobierno francamente revolucionarias:

"[...] los medios de producci�n en manos de la clase trabajadora, dr�stica derogaci�n de la legislaci�n represiva, denuncia de la OEA por ser una estructuraci�n dependiente del imperialismo norteamericano, restablecimiento de relaciones con Cuba. Creaci�n de medidas encaminadas a impedir a las empresas tomar represalias contra los huelguistas, control obrero de las fuentes de producci�n, amnist�a total de detenidos por causas pol�ticas o sociales. Prohibici�n a las FFAA para actuar en la represi�n interna"4.

El triunfo del 11 de marzo produjo euforia y tambi�n profunda alarma, a punto tal que Per�n, en julio de 1973, conmin� a C�mpora a presentar su renuncia y dio comienzo el siniestro juego de L�pez Rega. Poco despu�s Per�n, como candidato del FREJULI logr� el 65.1 % de los votos y se dispuso a terminar con la violenta experiencia izquierdista.

Ideales y realidades en la Salta de Ragone

Mientras tanto �qu� queda de la tradici�n de la Resistencia Peronista en Salta? �C�mo lograr acuerdos entre j�venes reci�n llegados, que reclaman su lugar bajo el sol y, la vieja dirigencia? �Qu� ocurr�a con las organizaciones sindicales y sus aspiraciones a consolidarse como grupo de poder? Son algunos de los interrogantes.

El Dr. Miguel Ragone triunf� en Salta y toda su campa�a fue hecha en base a los lineamientos del Delegado y luego Presidente C�mpora. Su discurso fue de disenso y cr�tica hacia la represi�n y reclamo de las libertades cercenadas. Consideraba a la democracia como el camino confortable para traer la paz a los esp�ritus.

Nos preguntamos, en el contexto real de la provincia �era viable el quehacer del gobernador, sin recursos econ�micos, en medio de facciones en pugna cada vez m�s violenta? Deb�a improvisar respuestas r�pidas para afrontar acuciantes problemas. �C�mo poner en marcha las instituciones del Estado democr�tico? �C�mo cambiar la mentalidad de la gente habituada al autoritarismo?� �C�mo responder sin recursos econ�micos a las demandas de la gente?

Al respecto reflexiona el historiador Gregorio Caro Figueroa:

"Ragone tom� algunas medidas, le daba mucha importancia al tema de la pol�tica social. Pero el '73 fue un desborde porque las demandas de la gente estaban tan postergadas, la gente entr� en la Casa de Gobierno, despu�s de casi 20 a�os. Entonces eran tantas las expectativas y tan limitadas las posibilidades de comenzar a satisfacerlas, que fue una cuesti�n grave[...]"5.

Antes de continuar, consideramos necesario explicar las circunstancias del triunfo de Ragone. Por la divisi�n interna del justicialismo fue el Consejo Provincial del Partido, el encargado de mediar entre las facciones y nominar a los candidatos de las diferentes listas. Tambi�n se acord� que la f�rmula estar�a integrada por un representante de la rama gremial. A la elecci�n interna concurri� la lista Azul y Blanca, sector m�s ligado a los grupos sindicalistas y nacionalistas dentro del peronismo y liderada por Horacio Bravo Herrera, Juan Carlos Cornejo Linares, Armando Caro, Dante Lovaglio, Tom�s Ryan, Olivio R�os, Alberto Abraham. La lista Verde liderada por Ragone, Ernesto Bavio, Ricardo Fal�, conformaron una especie de ala izquierda dentro del peronismo. Actuaban tambi�n otras agrupaciones m�s peque�as, como el Grupo Reconquista liderado por Dr. Armando Caro Figueroa (hijo) y Pedro Gonz�lez y la Liga del Interior dirigida por un maestro de Tartagal, Ricardo Heredia.

La interna fue aparentemente pac�fica, pero a la hora del recuento de votos primaron las sospechas de fraude y no pudo determinarse el ganador. A fin de dar soluci�n al problema, en diciembre de 1972 se reuni� el Congreso Provincial del Partido para acordar, entre las diferentes listas, las candidaturas en juego.

Existen diferentes versiones sobre la candidatura de Ragone. La primera es sostenida por el diario "El Tribuno", y los testimonios orales del Dr. Ricardo Fal� y del Dr. Bravo Herrera, quienes afirman que el entonces Secretario del PJ, Juan Manuel Abal Medina, impuso a Ragone como candidato a gobernador. Otra versi�n es la de quien fuera su Secretario Privado, Gregorio Caro Figueroa, quien dice que la candidatura de Ragone no fue impuesta desde Buenos Aires sino resuelta por el Congreso Partidario Provincial.

La tercera versi�n se vincula con la presencia, en el espectro pol�tico local, del Movimiento Popular Salte�o dirigido por su fundador el Dr. Ricardo Durand, quien hab�a ocupado ministerios y fue dos veces gobernador de Salta. Muchos peronistas vieron en este hombre popular y respetado al triunfador de las elecciones del 11 de marzo de 1973 y le cedieron a Ragone el papel de perdedor.

La sorpresa no tuvo l�mites cuando don Miguel se alz� con el 65 % de los votos.

El Enigma Ragoniano

El 25 de mayo de 1973 tuvo lugar la transmisi�n del mando. Despu�s de 18 a�os un gobernador de facto entregaba el poder a un civil, electo en comicios libres. El mensaje que Ragone ley� a las C�maras marca las ideas pol�ticas que guiaron su gesti�n de gobierno, las que se�alamos a continuaci�n:

1) Hacia el Socialismo Nacional

�Ragone se embarc� en una aventura socialista? �Estaba comprometido con la guerrilla? Las dos opiniones suelen presentarse en Salta con demasiada ligereza. En realidad sus ideas pol�ticas estaban lejos de ser originales, pues el nuevo gobernador se limit� a seguir los lineamientos marcados por H�ctor C�mpora en el documento "Pautas Program�ticas para la Reconstrucci�n Nacional", basado en las instrucciones oportunistas dadas por Per�n a su delegado.

"Como soldado de Per�n, declaro con todo �nfasis que contin�o y continuar� con humildad y modestia, procurando interpretarlo....La humanidad asiste al advenimiento de un nuevo orden social. Nuestro pa�s no puede quedar marginado de este proceso que conduce a los pueblos al encuentro con su emancipaci�n. Este nuevo orden social surge con fuerza, ante el fracaso del sistema liberal capitalista que ha sido incapaz de dar respuestas a los imperativos que el ser humano reclama. Nuestro conductor, el General Juan Domingo Per�n as� lo expresa y con ello nos marca sabiamente cual es el camino a transitar. El lo ha llamado Socialismo Nacional" 6.

ImageAl respecto, el historiador Gregorio Caro Figueroa comenta:

"En el 73 el peronismo gan� con la cuesti�n del socialismo nacional. En el discurso ante la Asamblea Legislativa el 25 de mayo de 1973, Ragone habla del socialismo nacional, que era una cosa ambigua que Per�n hab�a acu�ado, que nunca defini�, que sirvi� como un gran im�n de atracci�n y que se agitaba como un atrayente slogan ideol�gico".

Este mensaje, a pesar de ser una repetici�n de lo establecido a nivel nacional, despert� inquietudes que luego se convertir�an en sospechas y acusaciones de "infiltraci�n ideol�gica".

2) La consigna liberaci�n o dependencia

"Nos hemos pronunciado por la liberaci�n rechazando la dependencia. Todos sabemos el significado de ambas palabras y sabemos de qu� y de quienes debemos liberarnos y si nuestro pensamiento se asocia de inmediato a los grandes imperialismos, es necesario comprender que tambi�n regionalmente debemos liberarnos e independizarnos, sabiendo que en Salta hay hombres que trabajan y hombres que viven del trabajo de los dem�s"7.

En las d�cadas de los 60 y 70 una gran ola revolucionaria conmov�a al mundo: el movimiento de la negritud, el triunfo de la revoluci�n cubana, los pa�ses latinoamericanos ansiaban liberarse de los imperialismos, disponer libremente de sus recursos naturales y materias primas y sacudirse los tiranuelos locales.

3)La utop�a de la Revoluci�n en paz

En repetidas oportunidades Ragone declar� su intenci�n de llevar adelante un cambio de estructuras en paz. El d�a antes de asumir el poder manifest�:

"El m�o ser� un gobierno de austeridad, con profundo sentido humanitario y revolucionario. Entiendo que revolucionario significa un cambio que nosotros lo queremos como lo quiere el General Per�n, hecho en paz, apelando a la raz�n y no a la fuerza"8. En su mensaje a las C�maras ratific� esta posici�n:

"En el �rea de gobierno, justicia, educaci�n y trabajo, nuestro gobierno delinear� e instrumentar� las pautas fundamentales de la pol�tica revolucionaria sostenida durante la campa�a electoral".

En octubre de 1974, cuando ya su gobierno estaba totalmente jaqueado por sus enemigos, tuvo lugar en Salta el Congreso Eucar�stico Nacional. Ragone, a pesar de la ostensible discriminaci�n de que fue objeto por parte del Brujo y la presidenta Isabel Per�n, quienes estuvieron en un palco alejado del que ocupaban las autoridades provinciales, el gobernador expres�:

"Porque el aut�ntico cristianismo, que precisamente, en cuanto a revoluci�n del esp�ritu, es revoluci�n, transforma sin destruir, pues los caminos de la liberaci�n no pueden ser los de la violencia, y con su transformaci�n es elevaci�n. Es revolucionario y no subversivo, pues la verdadera revoluci�n es la fidelidad al orden interior de la verdad y la justicia. La problem�tica de nuestro tiempo es el lema de este Congreso: Reconciliaci�n en Cristo"9.

Entretanto la lucha pol�tica se hac�a cada vez m�s dura y m�s sangrienta. La consigna revoluci�n en paz no fue aceptada por los j�venes. Ellos entend�an que la revoluci�n y la liberaci�n s�lo se conquistar�an por medio de las armas. Se multiplicaron los �mulos del "Che" y muchos so�aban, como Santucho, "morir matando". Por su parte, las fuerzas de represi�n, integradas por grupos militares, policiales y parapoliciales, operaban con eficiencia extrema. Se marchaba inexorablemente hacia un nuevo golpe militar y la instauraci�n del terrorismo de estado en la Argentina.

4.- Preocupaci�n por los sectores populares:

"El m�dico de los pobres", conoc�a el dolor y la falta de atenci�n sanitaria de vastos sectores. Tal problema se convirti� en preocupaci�n fundamental de su gobierno:

"[...] -Como m�dico de pueblo que soy y he vivido y comprendido el dolor y la miseria de los desamparados no he de descansar hasta ver cumplido el prop�sito que reza en la doctrina justicialista, que tanto ricos como pobres deben poseer id�nticas posibilidades de curarse. Esto significa [...] atenci�n m�dica completa y medicamentos gratuitos. Esto es imperativo revolucionario[...]"10.

A pesar de la irritaci�n de sus funcionarios los pasillos de la Casa de Gobierno -cuenta su bi�grafo, Jes�s P�rez- sol�an estar abarrotados de gente que solicitaba soluci�n de problemas apremiantes. Tantas y tales eran las necesidades postergadas que la gente lo segu�a y esperaba en la puerta de su casa para ser escuchada por el gobernador y no llegaba a almorzar hasta bien avanzada la tarde. Estas cuestiones de "andar pateando al pobrer�o" eran vistas por la buena gente salte�a, como pura demagogia.

5.-Lealtad:

Ragone permaneci� fiel a C�mpora y a los principios sostenidos en su campa�a electoral. Cuando se conoci� el retiro de C�mpora julio de l973, Ragone estuvo a punto de renunciar. Su Secretario Privado recuerda:

"[....] En julio de 1973 se produjo la renuncia de C�mpora. En ese momento Ragone quiso renunciar inmediatamente ante C�mpora y me pidi� que yo le redactara la renuncia, porque �l se sent�a solidario. El ten�a una actitud cr�tica y frontal frente a lo que era el sector de derecha del gobierno, en ese momento [...]"

6.- Rechazo por el protocolo y las insignias del poder:

Ragone evidencia, en cuanta ocasi�n puede, su rechazo por los formalismos externos del poder. Causaba inquietud su af�n por andar sin escolta, nunca us� las insignias de mando, bast�n y banda, el ceremonial fue reducido a su m�nima expresi�n. Se sent�a inc�modo y molesto en el sill�n y en el lujoso despacho asignado al gobernador . Por su pedido se le prepar� una sala m�s modesta. Una an�cdota que nos lo pinta de cuerpo entero fue un suceso ocurrido durante el tedeum en la Catedral Metropolitana el d�a de su toma de mando. En medio de la solemne ceremonia se desmay� un ni�o y Ragone abandon� sobre el banco los preciados s�mbolos del poder para correr en su auxilio.

7.- Honestidad en el gasto p�blico y austeridad de vida:

Resolvi� recortar todo gasto superfluo, entre ellos suprimi� a su escolta policial. Ese lugar fue "copado"por un grupo de alucinados j�venes que viv�an una aut�ntica fiesta ataviados con ponchos rojos y vinchas con la leyenda "Montoneros". Aciago destino el de esos j�venes celebrando en la antesala de la muerte. Creyeron que la revoluci�n estaba a la vuelta de la esquina pero all� s�lo estaban las Tres A y la cacer�a desatada por el Proceso. Esta bulliciosa juventud acostumbraba rodear al Gobernador en sus apariciones p�blicas. Cuando se le advert�a de las consecuencias de tama�a escolta Ragone parec�a no darle importancia al asunto, "son buenos changos, me da pena echarlos". Lamentablemente las fotos viajaban con rapidez y ca�an en manos del Brujo.

Suprimi� el uso de autom�vil y chofer de la gobernaci�n, iba a trabajar a pie o en su auto particular. No utiliz� jam�s el avi�n provincial y tampoco los vi�ticos para sus viajes oficiales a Buenos Aires. Todo lo pagaba de su bolsillo. La Directora de Administraci�n, se�orita Villa, pretendi� corregir al recalcitrante Gobernador, molesta por los problemas administrativos que le ocasionaba la devoluci�n de los vi�ticos. Pero Ragone permaneci� imperturbable.

Gregorio Caro Figueroa comenta:

[...] Yo creo que en Salta la cuesti�n simb�lica es muy fuerte. Aunque Ragone no haya promovido ning�n trastorno social, el hecho de haber llegado a Gobernador y de haber impuesto un estilo, que era por lo menos inquietante, como por ejemplo que recib�a a los pobres en la Casa de Gobierno, la apertura que ten�a, la ruptura del protocolo era un estilo que inquietaba y eso se lo hicieron pagar caro".

8.- Convicciones democr�ticas:

Desde los inicios de su gobierno fue enemigo de todo gesto represivo a pesar de la despiadada oposici�n de sus adversarios. No le ahorraron difamaciones ni amarguras. Su esp�ritu democr�tico se puso a prueba cuando, dirigentes de la CGT junto a integrantes de la lista "Azul y Blanca" llegaron a extremos de declarar al Gobernador y a sus colaboradores como "personas no gratas", acus�ndolos de ser marxistas infiltrados. Ragone no respondi� a semejante acusaci�n y no dio orden de reprimir, ni siquiera cuando un movimiento subversivo de la derecha peronista, en complicidad con la CGT, ocup� la Casa de Gobierno con la intenci�n de destituirlo. Este acto fue neutralizado por una multitud reunida en la Plaza 9 de julio para apoyar al gobernador.

Nos preguntamos: �Era posible la democracia en un partido acaudillado por un l�der carism�tico? De hecho no. Quiz�s reci�n en el poder Ragone tom� conciencia de las profundas contradicciones internas del peronismo. Verticalismo y democracia son, en la pr�ctica, incompatibles.

9.- Voluntad pol�tica de reformar la instituci�n policial:

La m�s delicada y grave de las medidas pol�ticas tomadas por Ragone.

En este �tems pueden se�alarse varias cuestiones de importancia.

Antes de la toma de posesi�n, Ragone, visit� acompa�ado de su flamante Jefe de Polic�a, Rub�n Fortuny, la C�rcel Penitenciaria Modelo y se encontr�:

"Con el espect�culo deprimente de menores abandonados por la justicia, por las autoridades, por sus padres que deambulaban desnudos, hambrientos, sucios, esperando que se cumpla aquello que dec�a el General "En la Argentina, los �nicos privilegiados son los ni�os"11.

Se dio orden inmediata de reubicar a los detenidos seg�n su edad, se estudiaron los legajos policiales y muchos fueron enviados bajo la custodia de sus padres a sus casas y otros a la colonia dirigida por los Padres Concepcionistas, popularmente llamados Padres Azules.

Otra medida fue demoler las celdas de castigo de la Central de Polic�a donde se manten�an en condiciones infrahumanas a decenas de detenidos. Fue exhibido al p�blico este lugar donde se hacinaban 190 detenidos en 18 celdas con espacio calculado para treinta personas. Al respecto, Fortuny declar� a la prensa:

"[...] Aqu� hab�a dinero para armas y no para darle un trato m�s humanitario a los detenidos o adquirir una lente para la observaci�n de huellas dactilares"12.

A fin de contar con fondos para equiparar al gabinete de investigaciones decidi� poner en venta las sofisticadas armas que hab�a adquirido el anterior r�gimen militar para sofocar manifestaciones.

Los camiones hidratantes fueron retirados del servicio y los carros de asalto, pintados de flores, pasaron a ser utilizados como veh�culos de transporte para el personal policial o para trasladar a los ni�os de los barrios a las escuelas. Los uniformes azules de la guardia de infanter�a, que distingu�an al personal encargado de reprimir, fueron igualmente eliminados y reemplazados por el uniforme habitual del resto de la polic�a.

Por primera vez en los partidos de futbol del domingo se levantaron las guardias con perros y bastones antitumulto.

"Conf�o - dijo Fortuny- en la capacidad del hombre para regirse a s� mismo, al margen de las armas y los palos intimidatorios. Creo profundamente en la dignidad del pr�jimo y en las potencialidades creativas del pueblo"13.

El Gobernador estaba resuelto al desmantelamiento del aparato represivo, a cambiar la polic�a represiva por una polic�a dirigida a proteger al pueblo. El Jefe de Polic�a inici� sumario a los polic�as acusados de abusos y torturas y dirigi� personalmente el operativo de traslado de los represores a lugares lejanos de la provincia. Posteriormente fueron enjuiciados y encarcelados pero al cabo de corto tiempo, poderosos protectores lograron liberarlos y a pesar de lo ocurrido volvieron a ocupar sus antiguos cargos. Fortuny present� su renuncia y a los pocos d�as fue asesinado en pleno centro de la ciudad.

El dirigente gremial y preso pol�tico salte�o, C�sar Guti�rrez, recuerda estos hechos as�:

"[...] Cuando yo ca� preso en el '74, Ragone hab�a tenido que retroceder y Guil estaba nuevamente como Jefe de Seguridad, otra vez con poder en la polic�a, tanto es as� que a mi me va a buscar al trabajo en un patrullero. Porque Fortuny, meti� presos a los polic�as represores pero al poco tiempo fue asesinado y los polic�as represores volvieron. Y fue el mismo Ragone el que lo volvi� a poner a Guil en la polic�a. Ragone fue haciendo lamentablemente cada vez mas concesiones. Tambi�n por las presiones de la derecha sac� a funcionarios y lo puso a Mondada en lugar del ministro Pfister, a Juan Carlos S�nchez en lugar del intendente Bavio y le acept� la renuncia a su secretario Caro Figueroa14.

El sue�o de Fortuny, su lucha y su tragedia son recordadas por escritores y poetas latinoamericanos.

El uruguayo Eduardo Galeano le rinde homenaje en su libro "Memorias del Fuego":

"Como en un cuadro del venezolano Vargas, en la provincia argentina de Salta, los autos patrulleros de la polic�a fueron pintados de amarillo y naranja. En vez de sirena llevaban m�sica y en vez de presos llevaban ni�os: los patrulleros andaban llenos de ni�os que iban y ven�an desde los ranchos lejanos a las escuelas de la ciudad. Las celdas de castigo y las c�maras de tortura fueron demolidas. Desapareci� la polic�a de los partidos de f�tbol y de las manifestaciones obreras. Salieron en libertad los torturados y marcharon presos los torturadores oficiales especializados en romper huesos a martillazos. Los perros policiales que hab�an sido el terror de la poblaci�n, pasaron a dar funciones de acrobacia para divertir a los barrios pobres.

Esto ocurri� hace un par de a�os, cuando Rub�n Fortuny fue Jefe de Polic�a de Salta. Poco dur� Fortuny. Mientras �l hac�a lo que hac�a, otros hombres como �l estaban cometiendo locuras parecidas en toda la Argentina y el pa�s entero andaba euf�rico y abrasador.

Triste ep�logo del gobierno peronista: ha muerto Per�n, que hab�a recuperado el poder, y tras su muerte los verdugos vuelven a gozar de libertad y empleo.

A Fortuny lo matan de un balazo a la altura del coraz�n. Despu�s secuestran al gobernador que lo hab�a designado, Miguel Ragone. "De Ragone no dejan m�s que una mancha de sangre y un zapato"15

El sue�o de transformar una polic�a represora en una polic�a protectora del pueblo se estrell� con la realidad de una sociedad habituada a la violencia y mandatos de los grupos de poder.

10.- Federalismo:

Si analizamos el federalismo en toda nuestra historia constitucional habr�a que plantear la necesidad de dar vivencia de la doctrina, vitalizarla y ponerla en pr�ctica en todo el pa�s. La Constituci�n Nacional establece en su art�culo l�: " La Naci�n Argentina adopta para su gobierno la forma Representativa, Republicana y Federal". Pero en el art�culo 6� declara: "El Gobierno federal interviene en el territorio de las provincias para garantir la forma republicana de gobierno [...]" La posibilidad de las autoridades centrales de intervenci�n en las provincias se convirti� no en excepci�n sino en una regla. En nuestro caso, las repetidas intervenciones sirvieron para saquear los magros recursos provinciales

Sobre este tema tan caro a las provincias y siguiendo el hilo del pensamiento ragoniano vemos que hace referencia directa al problema de la dependencia interna:

[...] "La Provincia, afirma Ragone, como parte integrante de la Naci�n, padece la deformaci�n colonialista impuesta por los centros mundiales de poder pero tambi�n est� sometida a otras formas de colonialismo impuesto en beneficio del puerto de Buenos Aires y el litoral argentino castiga a la econom�a provincial al obligarnos a gastar aproximadamente 3.000 millones de pesos moneda nacional por a�o para adquirir en las provincias del sur del pa�s la carne que exige nuestro consumo y nos vemos obligados a cambiar materias primas sin ning�n valor agregado para recibir a costa de un d�ficit monstruoso bienes y servicios que producen otras zonas del pa�s." (Mensaje de Ragone. 25/05/73).

Este �tem tiene relaci�n directa con el que sigue.

11.- Saneamiento de la burocracia:

En su mensaje alude a su crecimiento desmedido. Ejemplifica el problema con el n�mero de empleados.

"[...] Exist�an en 1955 en la administraci�n p�blica provincial 5.969 cargos. Actualmente ese n�mero asciende a 16.232 cargos. Esta es la obra de quienes acusaron al peronismo de crear una frondosa burocracia [...]"16.

Las intervenciones fueron fuente de creaci�n de empleos para parientes, conocidos y amigos del Interventor de turno. Acabada la intervenci�n algunos se iban y otros quedaba enquistados en la administraci�n p�blica.

12.- Pol�tica Municipal:

Uno de los cambios m�s importantes anunciados por Ragone fue el rol que jugar�a la Municipalidad en el futuro. Critic� el aislamiento existente entre Comuna capitalina y pueblo y la degradaci�n y abandono de la funci�n social. Para superar esta situaci�n propuso poner en marcha una estructura democr�tica: vecindad-gremio- municipio y establecer el control popular en el sistema de abastecimientos y servicios para dar sentido socioecon�mico a la aplicaci�n y recaudaci�n de los impuestos.

13.-Jerarquizar la Direcci�n Provincial del Trabajo:

Ragone denunci� que la Direcci�n de Trabajo hab�a sido relegada por los anteriores gobiernos a una mera oficina donde se aglomeraban los expedientes de reclamo de los trabajadores sin ser atendidos por nadie. Se propuso jerarquizarla d�ndole la funci�n de defender los intereses de los obreros, armonizar la relaci�nes obrero-patronales y custodiar celosamente el cumplimiento de la legislaci�n laboral y social. Para ello nombr� Director de Trabajo a quien fue su brazo drecho en el campo sindical, el gremialista tabacalero Guillermo Alzaga.

14.- Pol�tica de Bienestar Social:

El gobernador denunci� las deplorables condiciones de salubridad y seguridad social de la poblaci�n de la provincia y afirm�:

"Consideramos que trabajo, vivienda y alimentos sanos son los componentes indirectos de la salud y el bienestar del pueblo y es en este terreno donde el gobierno provincial debe sentar su mayor esfuerzo y cumplir el verdadero sentido de previsi�n del individuo...Aspiramos a la creaci�n de un seguro de salud para todos los habitantes, tomando como base el actual Instituto Provincial de Seguros".

15.- Pol�tica econ�mica: Ragone hizo una descarnada descripci�n del estado de postraci�n econ�mica en que se hallaba la provincia y puso al descubierto el crecimiento de la deuda p�blica provincial.

"En 1955 era del orden de los 247 millones de pesos moneda nacional, mientras que nosotros recibimos una provincia con 21.700 millones de pesos en concepto de deuda, sin que se conozcan las causas de este gigantesco endeudamiento".

Para reactivar la econom�a puso a consideraci�n de las C�maras el llamado "Plan Trienal", el que por falta de medios y la permanente oposici�n de sus adversarios, no lleg� a concretarse.

En realidad en una sociedad destrozada por una larvada guerra civil poner en marcha proyectos, a�n los m�s modestos, era un emprendimiento condenado de antemano al fracaso. En pol�tica se debe hablar de adversarios. En el caso del Partido Justicialista de entonces no exist�an adversarios sino enemigos que desde el primer momento, sin diferencia de sectores sociales, se unieron contra Ragone. Grupos de la CGT hicieron causa com�n con ellos y consiguieron finalmente la Intervenci�n de la provincia, cuesti�n que ven�an solicitando desde mucho tiempo atr�s.

NOTAS
1 Pizzorno, Alessandro (1984), "Sistema social y clase pol�tica", en Pizzorno y otros, Historia de las Ideas Pol�ticas, Econ�micas y Sociales. El siglo XX primera parte, M�xico, Folios Ediciones, pp. 41 a 52 y 64-65.
2 Bonnasso, Miguel (1997), El Presidente que no fue. Los archivos ocultos del peronismo, Buenos Aires, Planeta, p. 364.
3 Per�n, Juan Domingo (1975), Doctrina universal, Buenos Aires, Subsecretar�a de Cultura de la Naci�n Ediciones Culturales Argentinas, pp. 132-134.
4 Diario Clar�n, 21-01-1973)
5 Entrevista realizada a Gregorio Caro Figueroa, 1998.
6 En AHS, Mensaje del Gobernador Miguel Ragone a las C�maras Legislativas, 25 de Mayo de 1973.
7 Mensaje, ob. cit.
8 P�rez, Jes�s (1994), El terco Miguel, Dise�o y Edic Arte Impreso, p. 23.
9 Diario, El Tribuno, octubre de 1974.
10 Mensaje, ob. Cit
11 Diario, El Tribuno, mayo de 1973.
12 Diario, El Tribuno, mayo de 1973.
13 Diario, El Tribuno, mayo de 1973.
14 Entrevista realizada a C�sar Guti�rrez, 2003
15 (El Tribuno, Diciembre de 1985).
16 Mensaje, ob. cit.

Fuente: www.unsa.edu.a

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