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La opinión del lector
"Esto era un pueblo que vivia en lo que hoy es Italia. Hace muchos años comenzaron a invadir a sus vecinos y se hicieron fuertes. Mas tarde formaron un gobierno republicano que no iba del todo mal hasta que a un general se le ocurrio cambiar eso.luego mataron a ese general pero al parecer no les parecio tan mala idea esa de los emperadores y dijeron: ¿por que no? A partir de ahí la repubica se convirtió en monarquia. Siguieron conquistando Europa hasta ser los dueños de todo el mediterraneo y cuando quisieron darse cuenta eran ellos los invadidos. fin"
"Eneas el Troyano llega a Italia e inicia una saga cuyos descendientes Romúlo y Remo fundan Roma en el 753 aC, para después raptar a las sabinas. 7 reyes se encargan de que los romanos acaben optando por la República. Cuando no se pelean entre sí, aristócratas y plebeyos se dedican a conquistar las tierras de sus vecinos etruscos, samnitas, cartagineses, griegos, macedonios, númidas y galos. Acaban teniendo tantas riquezas que las guerras por el poder entre romanos, aliados, Gracos, Silas, Marios, Pompeyos y Césares acaban con este como dictador, al que en el Senado nadie aguanta y acaban matando."
Antes de seguir, acuérdate de votar esta noticia en Menéame"Érase una vez una ciudad por reyes gobernada.
La tiranía de estos no fue soportada,
y una Républica fue proclamada.
Italia primero, Sicilia después,
¡hasta Cartago fue dominada!
Pero Roma problemas tenía
e intentóselos solucionar el conquistador de la Galia,
César de la gens Julia, el Rubicón cruzando un día.
Víctima de las estocadas dejó paso a Augusto
quién de la República emperador proclamado,
dió el gran Imperio Romano por comenzado.
En Hispania, Britania, Germania, Egipto,
y todas las orillas del Mare Nostrum latín era escuchado.
Pero la división, la nueva religión y la barbarización,
al Mundo Clásico pusieron colofón."
"Pueblo de pastores con siete reyes como siete colinas, a los que Bruto dijo “basta!” instaurando República, Senado, Cónsules, Tribunos, y algún Cincinato, hasta que los hermanos Graco, Mario, Catilina y César, contra Metelo, Catulo y Catón, mirando Escauro y Cicerón, se cargaron la República, pasando al principado que inauguró Octavio, su gens iulia-claudia, antoninos, y demás ilustres. Mientras, como una gran plaga todo el ecúmene conquistaron, incluso a China mandó Crasso una legión. Todo fue Gloria hasta que el gigante pesó demasiado: godos, ostrogodos, visigodos, hunos y otros entraron en el saco. Hasta que el doble diminutivo se retiró."
"De estirpe Troyana surgió en el Lacio un pueblo guerrero sin par. Rómulo y Remo sus fundadores, entre 7 colinas crearon a la ciudad que conquistaría al MUNDO. Sus ingenieros nos dieron lo impensable para otros pueblos, y sus generales un ejército sin par.
Filósofos, guerreros, artesanos, médicos, maestros, un pueblo que nos legó un apego a la tierra de procedencia que aún persiste. Y a pesar de sus grandes errores, no podemos negar que somos lo somos hoy por ellos.
De Rómulo y Remo, pasando por Caius Iulius, a Rómulo Augusto, un pueblo irrepetible.
No es otro que ROMA."
Antes de seguir, acuérdate de votar esta noticia en Menéame
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Si es la primera vez que visitas este blog, deberías saber que este post es el resultado de un auténtico duelo fratricida entre 2 de mis comentaristas. Te recomiendo que antes de continuar leyendo te pongas al día...Es imposible hacer una reflexión fundada sobre que fue, pero, sobre todo, que ha significado para el ser humano el Concilio de Nicea sin situarlo en el contexto histórico en el que se desarrolla. Porque es ese contexto histórico el que coloca a sus actores relevantes y el que dibujaría la escena de un mundo que, a partir de dicho Concilio, se tragaría todo lo anterior a causa del fundamentalismo religioso, hundiendo a la humanidad en más de 1000 años de oscurantismo; la Edad Media. Y sin hacer esa reflexión es imposible entender cómo la sabiduría de sabios y filósofos, recogida y mimada durante más de diez siglos anteriores a dicho Concilio en bibliotecas, academias y escuelas, fuera, de repente, tragada por la noche de los tiempos durante otros diez siglos. Sabiduría que, aún hoy día, no ha sido recuperada del todo y que, con toda probabilidad, jamás lo será.
Constantino Superstar (306-337)
Es evidente que el hecho histórico más relevante en el siglo IV, tras la restauración del Estado llevada a cabo por Dioclesiano, es la conversión del cristianismo en el catolicismo, siendo, de la noche a la mañana, la religión sociológicamente dominante del mundo mediterráneo. Si a principios de siglo el cristianismo no deja de ser una más de las tantas religiones de salvación de origen oriental existentes en el Imperio, mediado el mismo y tras su reconversión en catolicismo, se transforma en una marea que lo engulliría, mediatizaría y estrangularía todo, desde la misma sociedad, hasta la cultura y, por supuesto, la política. Ese cambio, sin embargo, no se produjo sin una profunda crisis que queda reflejada en el pensamiento histórico y literario de la época.
Esto sería inexplicable sin la figura de Constantino (306-337) como emperador de oriente. Es más, si el reinado de Constantino no hubiera tenido lugar, el catolicismo no existiría. Como figura histórica Constantino vive una época convulsa y tremendamente complicada, lo que refuerza su imagen de hombre inteligente que no sólo fue un gran militar y estratega, sino también un político hasta la médula. Todo ello sin obviar el carácter severo, violento y de ostentación que marcaron a casi todos los emperadores del imperio.
Hay que trasladarse hasta el 1 de mayo de 305, cuando Diocleciano abdica, para ver a las claras como la crisis del sistema llamado Tetrarquía (dos césares y dos Augustos) se hace evidente. La retirada de los dos Augustos implicaba de forma directa la trascendencia del poder imperial, no inherente a quien lo ejerciera. Por lo tanto, los dos Césares pasaron a ser Augustos (Constancio y Galerio, ostentando aquel el titulum primi nominis, la preeminencia moral sobre el título de Emperador), y se nombran dos nuevos Césares: Maximino para oriente y Severo para occidente. El equilibrio del sistema es precario, siempre lo fue, pero ahora lo es más que nunca. El mecanismo de poder, mal fundamentado por Diocleciano, mezcla dos reglas incompatibles: la elección subjetiva y arbitraria del aspirante - derecho de este en el sistema de sucesión del Augusto-, y el automatismo propio del sistema monárquico - hereditario por primogenitura-. Esto sólo dio lugar a una serie de luchas, principalmente por la exclusión del sistema en el 305 de los hijos de aquellos que fueron Augustos y Césares. En ese alzamiento, Constantino, hijo de Constancio, logra controlar la Galia e Hispania, siendo nombrado César por Severo - quien termina siendo asesinado por los propios pretorianos que nombran Augusto a Majencio, hijo de Maximiano-. Para terminar de arreglar el desaguisado Diocleciano nombra a un Augusto occidental por su cuenta, Licinio, en 308.
Todo esto podría parecer muy complicado a simple vista, pero es más sencillo de lo que parece. Imagínense que en el año 308 siete emperadores tenían, más bien pretendían tener el título de Augusto: Maximiano, Galerio, Constantino, Majencio, Maximino Daia y Licinio. Incluso Domicio Alejandro, en África, se vistió de púrpura. Evidentemente la situación se solucionó a base de eliminación, nunca mejor dicho, de candidatos. Maximiano fue asesinado precisamente por Constantino, su propio yerno, en el año 310. En el 311 Galerio muere de enfermedad, no sin antes publicar un edicto de tolerancia religiosa hacia los cristianos, a los que persiguió enconadamente por servir de espías para sus adversarios. Ese mismo año un prefecto de Majencio asesina a Alejandro. Estos hechos dejan camino expedito a Constantino y Majencio en el Oeste, y a Licinio y Maximo Daia en el Este.
Lo cierto es que la figura de Majencio ha sido considerada como la de un usurpador por todos los historiadores, y como la de un tirano y asesino de cristianos por parte de las fuentes eclesiásticas. Lo primero es cierto, lo segundo no podría estar más lejos de la realidad. Majencio, de hecho, siempre practicó políticamente la tolerancia religiosa. Y tiene su lógica dado que los problemas que lo obligaban a gobernar al día, con el único apoyo de los pretorianos y del pueblo romano - la plebe-, no así de los elementos senatoriales que no veían con buenos ojos la fiscalidad impuesta a sus patrimonios, a lo que hay que sumar la pérdida de Hispania a manos de Constantino, y la falta de avituallamiento de Roma por culpa de los disturbios causados por Alejandro en África, no le permitían preocuparse por quien y que religión se practicaba.
Sin embargo, quien tomó la iniciativa que restablecería la unidad imperial fue Constantino, demostrando ser el mejor estratega de los cuatro en liza. Sabía que Licinio, responsable de la península balcánica, no intervendría ya que había llegado a un entendimiento con Maximino, así que invadió Italia por los Alpes y derrotó en el Puente Milvio a Mejencio el 28 de octubre de 312. La tradición católica entiende esa victoria como milagrosa e incluso dice que las legiones adoptaron la cruz como emblema para ir a la batalla, in hoc signo vinces. Pero la realidad es que el milagro habría sido que Majencio hubiese podido vencer a las legiones sólo con sus pretorianos, por no hablar de que las legiones mandadas por Constantino portaban como estandarte un esbozo de lo que más tarde pasaría a ser el Crismón o Lábaro, estandarte militar de Constantino, no la cruz, que como símbolo cristiano no fue usado jamás, y como símbolo católico no es usado hasta bien entrado el siglo VII. Es más, la cruz como símbolo era repudiado por los cristianos por su origen simbológico pagano ("Los cristianos incluso repudiaban la cruz debido a su origen pagano. [...] Ninguna de las imágenes más antiguas de Jesús lo representan en una cruz, sino como un dios pastor a la usansa de Osiris o Hermes, portando un cordero" - Barbara Walker, The womans enciclopedia of myths and secrets, San Francisco, Harper and Row, 1993-).
Constantino llega a un acuerdo con Licinio, más dado a negociar que a luchar, para repartirse el pastel, ganando a su causa a todos los grupos religiosos que pululan por el Imperio con el Edicto de Milán de 313. Para empezar la idea no parte de Constantino, sino de Licinio, que ya en el 311 había usado el mismo sistema firmando junto a Galieno un edicto de tolerancia para apaciguar a los grupos religiosos de sus ámbitos gubernamentales. Este primer edicto de 311, firmado por Licinio y Galieno, es obviado por las fuentes eclesiásticas de forma interesada, tomando el firmado en 313 como de libertad de culto para los cristianos en exclusiva y dando como impulsor del mismo a Constantino. Lo cierto es que tanto el de 311 como el de 313 son edictos de tolerancia religiosa para todas y cada una de las religiones que existen en ese momento, no sólo para los cristianos.
Este entente entre Constantino y Licinio dejó a Maximino Daia aislado. El edicto consiguió que las diferentes religiones en los territorios de este último se volvieran más belicosas e incluso inspiraran revueltas. Esto sumado a su débil posición estratégica dio como resultado su derrota en Adrianópolis a manos de Licinio ese mismo año 313. Maximino Daia es considerado por fuentes eclesiásticas como un acérrimo perseguidor de cristianos (¿...?). El Imperio volvía a tener los Augustos precisos. Licinio se convirtió en cuñado de Constantino al casarse con su hermana. Pero sólo eran aliados en apariencia.
La necesidad de creación del "Imperium Christianum" (306-379)
Es ese año 313 cuando Constantino comienza, de verdad, a tener en cuenta a los cristianos como fuerza de mantenimiento del orden y la paz, no sólo porque están organizados a lo largo y ancho de todo el Imperio, lo que los convertía también en una fuerza de espionaje y sabotaje sin parangón, sino porque la doctrina cristiana se acercaba mucho a lo que él mismo entendía por una religión. Como su padre, Constantino era un adepto al culto solar - Sol Invictus-. Las fuentes católicas se hacen eco de su revelación divina a raíz de una aparición. Lo cierto es que Constantino fue adicto a las apariciones divinas, entre ellas la de un Apolo Solar durante su estancia en Vosgos. Es evidente que Constantino era más un hombre de Estado que un hombre religioso, y su política al respecto lo prueba. Durante el año 313 los símbolos cristianos se multiplican en las monedas y las menciones a otros dioses "paganos" se van apagando. Pero es en el año 314 cuando los cristianos le piden que intervenga en una disputa con respecto a la doctrina donatista, vendiéndole la imagen de perturbación de la paz que producía la duplicación de la doctrina cristiana. Era evidente que la idea de unificación que Constantino albergaba tendía a cerrar una disputa que había dividido el norte de África, fuente de avituallamiento de todo el Imperio, donde surgían comunidades cristianas paralelas por doquier con una doctrina que estaba tomando el tinte de una cierta lucha social - los campesinos, literalmente trillados por los impuestos imperiales para el mantenimiento de las luchas internas entre los tetrarcas, se sintieron más cerca de los donatistas, cuya nueva doctrina aprovechaban para saquear haciendas y bienes de aquellos que no la compartían-. Donde de verdad Constantino vio la oportunidad fue en que, si bien los cristianos no donatistas le habían pedido intervención, los donatistas también lo hicieron. Y él no desaprovecha la ocasión para imponer su criterio. Nombra a Milciades, obispo de Roma y a Marcos, procónsul de África, como jueces en la disputa, celebrando el llamado Concilio de Arlés, al frente del cual pone a Ceciliano. La cuestión no era que el Concilio terminara con el cisma donatista, para Constantino la cuestión era que el Concilio de Arlés es el primer Concilio sujeto a arbitrio imperial y abría una serie de posibilidades que, como hombre de Estado, no le pasaron desapersividas. El Concilio de Arlés es el verdadero antecedente histórico para el Concilio de Nicea, también sujeto a arbitrio imperial.
A partir del año 314 Constantino entra en una espiral filocristiana favoreciendo a dicha doctrina frente al resto. Entiende perfectamente que la religión es un arma formidable si consigue que esta respalde al Estado: gobernar al ciudadano no sólo legislativamente, sino también moralmente. Esta actitud lo enemista rápidamente con Licinio, más dado a la tolerancia hacia todas las religiones, que comienza a tener problemas con el fundamentalismo cristiano que se extiende por sus dominios a causa de Constantino. Este termina por atacarlo de forma unilateral arrancándole las provincias de Panonia y Mesia. Pero finalmente se acuerda una tregua de diez años. Al mismo tiempo Diocleciano muere en Salona, haciendo que la situación vuelva al principio de la sucesión hereditaria. En rigor, el concepto dinástico requiere un sólo emperador que imponga a su propia dinastía. Así que la guerra estalla en el 324, presentada por la tradición católica como una cruzada, cuando no deja de ser el mismo sistema de eliminación que se venía produciendo desde 312. Licinio es derrotado en Adrianópolis y luego en Asia Menor. Se rinde, siendo ejecutado junto a su hijo. Este acto, bárbaro en apariencia, restablece la concentración de poder imperial en una sola mano, asegurando la sucesión dinástica en esas mismas manos.
Una vez eliminados todos sus adversarios, que optaban a obtener el mando del Imperio, Constantino comienza a cimentar las bases para que ese mando que ahora ostenta no pueda ser discutible. Para ello primero crea una base que respalde a su dinastía, así que la llama segunda dinastía "flavia", sosteniendo que su padre era descendiente de Claudio II, el Gótico. Convencido de la necesidad de crear un gobierno respaldado por una religión de Estado, se lanza de lleno a la creación del Imperium Christianum. Las bases para ello las viene creando desde el 313, cuando comienza su actitud "césaropapista". Es más, él es el primero que acuña el concepto de Iglesia Católica, no San Pedro ni ningún otro santo, Constantino. En una carta enviada al procónsul de África, Anulino, a raíz del cisma donatista, se incluyen dos puntos que aclaran cuales son sus intenciones. Es el primer escrito en el que aparece el concepto de catholica ecclesia - es decir, universalmente reconocida- y la exención de sus clerici de las cargas (numera) curiales; la concesión de la inmunidad eclesiástica. Podría parecer que este acto fue gratuito, pero teniendo en cuenta que los cristianos, donatistas y no donatistas - aunque son los primeros lo que se apropian del término-, se consideran a si mismos soldados de Cristo - agonistici-, y que Constantino vislumbra ese Imperium Christianum, no sólo no se puede decir que es un acto gratuito sino que además se puede aseverar que fue interesado y, políticamente, muy acertado.
La creación intelectual del crisol de la cristiandad.
Si bien en el año 325 la religión más favorecida por el Estado, no sólo desde la ley, sino también de forma económica, es la cristiana, no deja de ser cierto que la religión más popular es el mitrianismo. El ferreo código moral cristiano y el fundamentalismo del que hacen gala los cristianos no atrae demasiado a una ciudadanía que acostumbra a cambiar de religión según sus preferencias, el tipo de celebraciones que practican, etc, etc. Esto se debe a la gran oferta religiosa que existe.
Hasta el año 320, el cristianismo es tolerado y favorecido, pero nunca convertido en la religión oficial del Estado. Es la época de compromiso con la antigua religión - Constantino seguía siendo pontifex maximus, impronta que remarca en el Crismón o Lábaro, estandarte militar de Constantino- y de equilibrio entre cristianos y paganos. Tanto es así que el Emperador tiene consejeros de varias religiones... pero por los cristianos tiene a Osio de Córdoba (256-357).
Esta figura, que parece pasar desapercibida en los libros de historia, siendo nombrada sólo de soslaire, jugará un gran papel en los hechos que desembocarían en el Concilio de Nicea. Para poder demarcar su carácter decir que, anteriormente, ya participa de forma activa en el Concilio de Elvira en Hispania. Concilio poco conocido en el que se trata la separación de las comunidades judías hispanas y estrictas prohibiciones para alejar a los cristianos de "ambientes" paganos. Estas prohibiciones afectaban desde la asistencia de cristianos a las carreras de cuadrigas hasta el culto imperial o la asistencia a fiestas promovidas por otras religiones - no he logrado encontrar cual sería el castigo para quienes obviaran estas prohibiciones-. Entre sus 81 cánones, todos disciplinares, se encuentra la ley eclesiástica más antigua concerniente al celibato del clero, la institución de las vírgenes consagradas (virgines Deo sacratae), referencias al uso de imágenes - cuya interpretación aún es muy discutida-, temas como el matrimonio, bautismo, ayuno, excomunión, enterramiento, vigilias, o cumplimiento de la obligación de asistir a misa. Pero no adelantemos acontecimientos...
Constantino se da perfecta cuenta de que si quiere un respaldo religioso a su política, si pretende conseguir el gobierno del hombre por la ley y la moral, necesita no sólo respaldar su dinastía, ser pontifex maximus o ejercer el cesaropapismo. Es menester que las diferentes religiones admitan el origen divino de su poder, no porque sea dios, sino porque dios así quería que fuera. Necesita que las diferentes religiones respalden al Estado y unifiquen criterios que le sean más provechosos al Imperio. Precisa que las distintas religiones unifiquen criterios en vez de entrar en una guerra abierta por los creyentes. En parte ya lo está consiguiendo con el mitrianismo - Sol Invictus- y el cristianismo. Un buen ejemplo de ello es que el Festival del Nacimiento del Sol Inconquistado (Dies Natalis Solis Invicti) se celebraba cuando la luz del día aumentaba tras el sosticio de invierno, en alusión al "renacimiento" del sol. Este Festival corría desde el 22 al 25 de diciembre... -¿Les suena?-, curiosamente resulta que es a partir del Concilio de Nicea cuando queda sentado que el 25 de diciembre es la fecha del nacimiento de Cristo - no de Jesús, de Cristo-. También quisiera señalar que el gorro que usaran obispos, arzobispos y el mismo Papa, la mitra, tiene su origen en el tocado de dignidad que llevaban los sacerdotes de Mitra y, posteriormente, los sacerdotes persas que vestían de blanco - es evidente que el tocado no era, ni mucho menos, parecido a lo que, hacia el siglo V, se usaba en la Iglesia Oriental, que no pasaba de ser un bonete semiovoide. Pero su origen está claro y es indiscutible-. Incluso el halo que aparece en las figuras de los santos rodeando su cabeza es una copia del que aparece alrededor de la cabeza del auriga del carro del Sol Invicto.
Para el Emperador no existía problema a la hora de reunir a las diferentes religiones paganas. El problema era, precisamente, meter en el saco a los cristianos. Y Arrio fue la excusa perfecta. No se puede decir que Constantino engañara a los cristianos, sin duda Osio tenía muy claro cual era el fin último del Concilio que el Emperador quería hacer, pero también tenía muy claro que las ventajas para el cristianismo de esa unificación de doctrinas que diera lugar a un credo universal eran muchas, siempre y cuando todo lo aprobado en Elvira pudiera ser impuesto, y, de paso, se quitaba de enmedio no sólo a Arrio, que se estaba convirtiendo en un verdadero problema en las diosesis orientales, sino a otras muchas "herejías" incipientes basadas en los diferentes evangelios que pululaban por el imperio. Aquí Constantino también da muestras sobradas de ser un hombre de Estado. La doctrina arriana le es más simpática que la fundamentalista ostentada por Osio - el arrianismo es más acorde con su concepto de monarquía divina, el Hijo subordinado al Padre, al igual que el César al Augusto-, pero entiende que es necesario perder algo para ganar mucho.
Nicea![]()
El Concilio de Nicea se celebra en el 325 en la ciudad de la que toma nombre - la actual Iznik-, en Asia Menor. Lo convoca directamente el Emperador Constantino, y las fuentes eclesiásticas dan por cierto que por consejo de Osio de Córdoba. "Son las mismas fuentes que no reconocen la asistencia al Concilio de Nicea de otras sectas y religiones. Sin embargo esto no es discutible dado que las decisiones tomadas en este Concilio unifican en el credo cristiano diferentes tradiciones que nada tenían que ver con el cristianismo hasta su celebración: la fecha de la Navidad es un buen ejemplo (...)" - Reverendo Robert Taylor, The Diegesis: Being a Discovery of the Origin, Evidences, and Early History of Christianity. Never yet before or Elsewhere So Fully and Faithfully Se, Kyla (Montana), Kessinger Publishing Company, 1997-.
El Concilio de Nicea fue una verdadera cumbre que reunió a los líderes cristianos de Alejandría, Antioquía, Atenas, Jerusalén y Roma, junto a los máximos representantes del resto de las sectas y religiones más representativas en el ámbito del Imperio romano - Apolo, Deméter/Ceres, Dioniso/Baco, Jano, Júpiter/Zeus, Oannes/Dagón, Osiris e Isis y, por supuesto, el Sol Invictus, este último representado por el propio Emperador-. En este aspecto es revelador que se guarden las actas del Concilio de Elvira, así como lista fiel de asistentes y de los cánones que se aprobaron allí, pero resulta que las actas de Nicea - Concilio a todas luces más importante-, así como los cánones resultantes estén tan rodeados de controversia. Por poner un ejemplo, resulta que la mayoría de los cánones que, supuestamente, se aprueban en Nicea son un calco de los aprobados en Elvira - tanto es así que las fuentes eclesiásticas han intentado hacer pasar el Concilio de Elvira como posterior a Nicea. Pero resulta que sus actas, en las que se recogen los cánones y el nombre de los asistentes, están fechadas, así que no cuela-, y ninguno de ellos hace referencia ni directa ni indirecta a la fecha de celebración de la Navidad, cuando se sabe a ciencia cierta que el 25 de diciembre es impuesto como tal en Nicea.
Tampoco parece que haya una posición clara de quienes asisten a dicho Concilio, cosa que no ocurre con ningún otro, ni anterior - Concilio de Arlés, Concilio de Elvira, etc-, ni posterior. Hasta hace poco más de 40 años la iglesia negaba que existieran listas de asistentes. Es entonces cuando se, digámoslo así, matiza lo dicho, porque esas fuentes se negaban a si mismas, que sí reconocían que hubo que firmar un documento de adhesión al Credo que fue aprobado por casi todos los asistentes - se conocía hasta los nombres de los dos asistentes que no lo firmaron: Teón de Marmárica y Segundo de Tolomeo-. Las fuentes eclesiásticas reconocen que "Las listas de firmantes han llegado hasta nosotros muy mutiladas, desfiguradas por los errores de los copistas (...)" - Enciclopedia Católica-, algo que, visto lo visto, es más que lógico. El estudio de dichas listas sólo ha sido permitido a H.Gelzer, H.Hilgenfeld, O.Contz y C.H.Turner, dando lugar al reconocimiento de unos 220 nombres, aunque, cosa extraña, en las listas aparece el nombre del firmante, diósesis, filiación y... ¡Su religión! (¿...?).
Pero este Concilio no sólo es curioso por eso. El "Milagro" de Nicea también permitió quitar de enmedio 266 evangelios mediante la "intervención divina", que consistió en poner los 270 evangelios bajo una mesa del salón del Concilio, cerrar la puerta con llave y pedir a los Obispos que rezaran durante toda la noche para que dios pusiera sobre la mesa aquellos que fueran inspirados por él. Claro que, a falta de actas, tampoco sabemos quien guardó la llave durante la noche. Lo cierto es que a la mañana siguiente los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan estaban sobre la mesa. Sobrenatural o no, el responsable del "milagro" debió de haber ponderado mejor la elección de estos cuatro evangelios, pues los escogidos incurren en abundantes contradicciones lo que hace imposible que sean, por llamarlo de alguna manera, fiables. Por ejemplo, en el evangelio de Mateo se afirma que el nacimiento de Jesús fue dos años antes de la muerte de Herodes, mientras que si es a Lucas a quien tenemos que hacer caso, Herodes llevaría nueve años muerto en el momento del nacimiento de Cristo. ESto, que podría ser incluso cómico, la elección de esos cuatro evangelios de entre los 270 existentes, tuvo como consecuencia la muerte de decenas de miles de cristianos durante los tres años siguientes a la finalización del Concilio, porque la posesión de cualquiera de los 266 restantes se tipificó como un delito capital - Lloyd Graham, Deceptions and myths of the Bible, Nueva York, Citadel Press, 1991-.
Sin embargo, lo más importante es que lo que resulta del Concilio de Nicea es el catolicismo, con variaciones bastante pequeñas, que hoy día conocemos. Aparece de forma efectiva lo que será, ya para los restos, la catholica ecclesia, no sólo como concepto sino con un refinamiento en cuanto a organización que jamás había tenido ninguna otra organización religiosa, ni lo tendrá después. Se aprueba todo lo relativo a las elecciones episcopales, los patriarcas y su jurisdicción, todo lo relativo a la excomunión, la prohibición de abandono de sus iglesias por parte de los clérigos, así como la prohibición de que Obispos, sacerdotes y diáconos pasen de una iglesia a otra. En este concilio se llegan a sentar incluso las bases de la liturgia que hoy día conocemos... pero también se le dan poderes a la nueva iglesia para embarcarse en una campaña de censura a gran escala destinada a silenciar a millones de disidentes a través del asesinato, la quema de libros, la destrucción de obras de arte, la desacralización de templos, la eliminación de documentos, inscripciones o cualquier otro posible indicio que pudiera poner en duda su derecho a ejercer el gobierno del espíritu del hombre, y que condujo a occidente a unos niveles de ignorancia desconocidos desde el nacimiento de la civilización grecoromana - "A fin de oculta rel hecho de que no existía base histórica alguna que justificase sus ficciones teológicas, el sacerdocio cristiano tuvo que recurrir al deleznable crimen de destruir casi cualquier traza de lo ocurrido durante los dos primeros siglos de la era cristiana. Lo poco que fue permitido que llegase hasta nosotros lo habían alterado y distorsionado hasta dejarlo por completo carente de cualquier valor histórico" Jonathan M. Roberts, Antiquity unveiled: ancient voices from the spirit realms, Mokelumne Hill (California), Health Research Books, 1970-.
La consumación del "Imperium Christianum"
Por su parte Constantino consigue aquello que se había propuesto, la creación de una religión de Estado que respaldará su poder, y con el tiempo el de todas las monarquías europeas siempre y cuando sean católicas, como entregado por el propio dios. Sin embargo, pasan muy pocos años entre un Constantino, monarca que preside un Concilio que ha logrado hacer a su medida y en los términos que pretende, intentando estatalizar a la religión que nace de dicho Concilio, y esta carta enviada por un Osio dejando claro cual era el espíritu de aquellos que, como supuestos defensores de la fe, acudieron a Nicea: "Yo fui confesor de la fe cuando la persecución de tu abuelo Maximiano. Si tú la reiteras, estoy dispuesto a padecerlo todo antes que a derramar sangre inocente ni ser traidor a la verdad. Haces mal en escribir tales cosas y en amenazarme (...) Dios te confió el Imperio, a nosotros las cosas de la Iglesia (...) Ni a nosotros es lícito tener potestad en la tierra, ni tú, Emperador, la tienes en lo sagrado..." La historia, y a las pruebas me remito, desdijo a Osio e hizo salir las verdaderas intenciones de la iglesia, dando la vuelta a aquella tortilla que tan bien creyó hacer Constantino. Todo ello en menos de cien años.
Una vez que las autoridades eclesiásticas obtienen el derecho legal de destruir cualquier obra escrita que se opusiera a las bases sentadas en Nicea, entre los siglos III y VI, bibliotecas enteras fueron arrasadas hasta los cimientos, escuelas dispersadas y confiscados los libros de ciudadanos particulares a lo largo y ancho el imperio romano, so pretexto de proteger a la iglesia contra el paganismo. En el siglo V la destrucción era tal que el arzobispo Crisóstomo escribió con satisfacción: "Cada rastro de la vieja filosofía y literatura del mundo antiguo ha sido extirpado de la faz de la tierra" - Lloyd Graham, Deceptions and myths of the Bible, Nueva York, Citadel Press, 1991-. Se establece la pena de muerte para cualquier persona que escribiera libros que contradijeran las doctrinas de la iglesia. En la lista de aquellos que participaron en ello hay muchos nombres de los "doctores" de la iglesia. El propio Gregorio, obispo de Constantinopla y último doctor de la iglesia, fue un activo incinerador de libros. La construcción de iglesias sobre las ruinas de los templos y lugares sagrados de los paganos no sólo se convirtió en una práctica común sino también obligada para borrar por completo el recuerdo de cualquier culto anterior. Sin embargo, hubo cierta justicia poética en todo ello. En Egipto, ante la imposibilidad material de demoler las grandes obras de la época faraónica o de borrar los jeroglíficos grabados en la piedra, se optó por tapar los textos egipcios con argamasa, lo cual, lejos de destruirlos, sirvió para conservarlos a la perfección hasta nuestros días y eso ha permitido que tengamos un conocimiento de antiguo Egipto más detallado que el de los primeros siglos de nuestra era y, lo que es más importante, aquellos jeroglíficos preservaron la verdad, ya que contenían la esencia y el ritual del mito celeste que, casualidades de la vida, tiene una enorme similitud al mito evangélico.
"Tras quemar libros y clausurar iglesias paganas, la iglesia se embarcó en otra clase de encubrimiento: la falsificación por omisión. La totalidad de la historia europea fue corregida por una iglesia que pretendía convertirse en la única y exclusiva depositaria de los archivos históricos y literarios. Con todos los documentos importantes custodiados en los monasterios y un pueblo llano degenerado al más absoluto analfabetismo, la historia cristiana pudo ser falsificada con total impunidad, convirtiendo a una religión de Estado en un Estado en si misma". Barbara Walker, The womans enciclopedia of myths and secrets, San Francisco, Harper and Row, 1993.
Conclusión
Bajo mi punto de vista, y en vista de los hechos expuestos, no creo que nadie sea capaz de negar la intención de Constantino y mucho menos la de aquellos santos padres de la iglesia católica. Tampoco creo que yo sea el más indicado para sacar conclusiones al respecto. Así fueron los hechos, y así se los he contado. Todo lo expuesto aquí no forma parte de un saber esotérico u oculto, se trata de hechos conocidos, si bien no difundidos. Hagan la prueba. Si interrogan a cualquier académico ducho en el tema no tendrá más remedio que reconocer que la fundación del cristianismo y la posterior fundación de la iglesia católica está cimentada en siglos de fraude, mentiras e intriga.
No me gustaría que alguien entendiera que las intenciones que promueven este texto que han leído tienen que ver con vilipendiar la religión como concepto. Nada más lejos de la realidad. Como filósofo, se me hace impensable creer que los hechos, los datos, la historia, la verdad al fin y al cabo, menoscabe la religión. Todo lo contrario. Bajo mi punto de vista sí lo hacen las falsedades y manipulaciones históricas que cimentan creencias areligiosas que benefician únicamente a aquellos que las propagan en detrimento de los creyentes, la mayoría de las veces con la única intención de imponer normas morales y éticas que poco o nada tienen que ver con las creencias reales de quienes las practican. Creer en la existencia de dios, sea este el que sea, creer en su bondad y piedad, que no es otra cosa que creer en la bondad y piedad del ser humano, no tiene nada de malo, es incluso deseable. Como bien dijo Voltaire "Si dios no existiera, habría que inventarlo", porque cuando no existe la capacidad para crear una serie de normas éticas y morales propias la existencia de la religión suple dicha incapacidad.
Espero que les haya sido interesante o, cuando menos, que les haya impulsado a leer un poco sobre el tema y sacar sus propias conclusiones.
Ôo-~
Los lectores de este blog y yo mismo asistimos la semana pasada a una auténtica batalla dialéctica a raiz del artículo sobre la Historicidad de Jesús. Dos lectores se enzarzaron en un debate sin piedad, razonado pero pasional, estructurado e impulsivo a la vez, sobre la veracidad y fiabilidad de las fuentes antiguas que nos hablan de Jesucristo. Para mí fue una auténtica gozada asistir a tal debate y un honor que tuviera lugar en este blog.
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La opinión del lector
Como ya os anticipé, el tema del post de ayer, acerca de la Historicidad de Jesucristo, no deja indiferente a nadie, y las reacciones han sido múltiples y con criterio diverso. Un lector, Santi Benítez, me hace llegar un extenso y documentado comentario que, como lo he recibido por un cauce poco habitual, lo comparto con vosotros ya que me parece un ejemplo de buena estructuración de una discrepancia...Bueno me ha hecho gracia la limitación racional que hace del debate histórico de figura de Jesus. Es decir, "Jesús de Nazareth es el nombre de un varón judío, que vivió en la Judea ocupada por los romanos, y que fue crucificado en tiempos de Poncio Pilatos, alrededor del año 30 de nuestra era. Vaya esto por delante... y lo digo porque la mayoría de las personas tiene serios problemas para aproximarse al personaje histórico de manera más o menos objetiva y racional (...)". Porque para empezar al existencia histórica de Jesus es, como poco, bastante cuestionable.
Si bien se puede afirmar que el cristianismo ha sido el movimiento religioso más influyente en la historia de la humanidad, es bastante sospechoso, o por lo menos llama bastante la atención, que sepamos tan poco sobre sus orígenes... fuera de lo que dice la Biblia. Es más, hoy día tenemos un volumen mayor sobre la vida de cualquier emperador romano o faraones egipcios que sobre Jesús o sobre los primeros 100 años de la iglesia. Para colmo de males resulta que la inmensa mayoría de los relatos que han sido aceptados como verdades históricas al respecto son meras leyendas, cuando no mentiras intencionadas mantenidas y propagadas por historiadores y escribas cristianos.
Puestos a buscar la figura histórica de Jesús la cosa se complica bastante... si uno lo hace al margen de la doctrina oficial de la iglesia. Hay tantas biografías pseudo históricas de Jesús como autores se han dedicado a tratar el tema: "El Jesús 'real' ha sido sucesivamente un mago (Smith), un rabino galileo (Chilton), un marginado judío (Meyer), un bastardo (Schaberg), un escriba (Thiering), un disidente de Qumrán (Allegro y otros), un gnóstico judío (Koester), un disidente (Vermes), un hombre felizmente casado y padre de varios hijos (Spong), un bandido (Horsley) y un fanático opositor al culto del templo de Jerusalén (Sanders)" - G.A.Wells, The historical evidence for Jesus, Búfalo, Prometheus Books, 1988-. Al final, lo que sí parece evidente es que todos estos historiadores tienen parte de la verdad, es decir, las pruebas históricas parecen evidenciar que el nombre genérico de "Jesús" es la unión de biografías de varios personajes, míticos y reales. Partes de biografías que fueron adaptadas en los primero días de la iglesia para cimentar la religión en sus orígenes.
Con esto no estoy poniendo en duda la figura alegórica, llamémoslo así, de Jesús o de los evangelios en su cualidad de abstracción de la razón y la piedad personificadas... lo que no quita que, como figura histórica, estás distorsiones de la verdad sobre Jesús han sido a todas luces premeditadas, conocidas y ocultadas. Y para ello sólo hay que mirar los evangelios tomados como fuente "histórica":
"Con la única excepción de Papías, que habla de una narración de Marcos y una colección de dichos de Jesús, ni un solo autor hasta la segunda mitad del siglo II (esto es, a partir del año 150) hace mención alguna de los Evangelios o sus reputados autores (...)" - Joseph Wheless, Forgery in Christianity, Health Research, 1990 -.
Teniendo esto en cuenta pues resulta que había suficientes cristianos como para llenar el Coliseo de Roma (según Melito, Obispo de Sardes, año 170, resulta que en el año 64 Nerón asesinó a miles de mártires cristianos en una persecución sin precedentes), pero no existen pruebas documentales de la ejecución de un solo cristiano hasta el año 180 - cosa nada creíble para quien conozca mínimamente la afición de los romanos por tomar nota pormenorizada de casi todo, ejecuciones incluidas. Por poner un ejemplo tenemos listas de nombres de gladiadores que actuaron en una fecha determinada en el Coliseum... pero no hay ni una sola prueba documental de esos "miles" de mártires-. Es sospechoso que cien años después de la muerte de Jesús nadie había oído hablar de evangelios o de evangelistas. Para ser suaves digamos que esto es, como poco, un elemento de contradicción. Así que los evangelios no pueden ser tomados como fuente histórica documental de la existencia de Jesús de ninguna de las maneras.
Si nos vamos a buscar fuentes históricas supuestamente posteriores a los evangelios; que históricamente, como he dicho antes, no lo son; pues nos encontramos con cosas como las dichas por el Obispo Eusebio en su Historia Eclesiástica:
"Merced a su poder para obrar milagros, la divinidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo se convirtió en cada país en motivo de discusión acalorada y atrajo a gran número de gentes extranjeras de tierras muy lejanas de Judea (...)"
Pero resulta que en los registros históricos no existe ni la más mínima prueba documental de tal agitación de movimiento demográfico, que si existen en relación a acontecimientos de supuesta menos enjundia.
El caso de este cristiano, el Obispo Eusebio, es paradigmático porque llega a hacer referencia a unos fragmentos en los que Flavio Josefo hablaba de la figura de Jesús, fragmentos que ni existieron, ni han existido, ni existirán. Por no hablar de la referencia tergiversada a Plinio el Joven sobre una cita que no habla de los cristianos, sino de los esenios. Lo del pasaje atribuido al historiador Tácito, pasaje que nadie conoce hasta 1500 años después de haber sido escrito... mejor ni comentarlo. Tiene mérito falsificatorio la pretensión de hacer la historia de Jesús ben Pandira atribuible al Cristo cristiano - hay que tener en cuenta que la historia habla de la lapidación de un vulgar charlatán de feria-. Pero vamos, que visto lo visto y leído lo leído, parece que todo vale con tal de hacer creer al respetable que la figura histórica de Jesús, como tal, existió.
Ya si nos vamos a mirar las pruebas materiales la cosa es más risible si cabe. La arqueología no ha podido encontrar ni una sola prueba al respecto: Monumentos, monedas, medallas, inscripciones, vasijas, estatuas, frescos, mosaicos... nada de nada.
Podría seguir con lo que decía al principio de las distintas biografías de Jesús, pero esto se alargaría un poco.
Eso sí. Hombre, ya que titula el tema como "La historicidad de Jesucristo", ¿No podría haberse mirado un poquitín que se dice al respecto? de estudios históricos, claro. Pero es una opinión personal. No me entienda mal.
"Pues salvo coincidencia de nombre, apellido y localización geográfica, yo he tratado con éste hombre como Arqueólogo de la Delegación de la Consejería de Cultura y responsable provincial del patrimonio, y no se ha distinguido precisamente ni por su defensa del patrimonio, ni por el interés en salvaguardar ni investigar nada.Frente a esto sólo puedo hacer los comentarios siguientes:
Es más ha sido colaborador necesario y muy eficiente en la destrucción de una parte importante del patrimonio histórico de Málaga. Solo en mi pueblo, gracias a él se ha destruido sistemáticamente todos los rastros de la ciudad medieval de Bezmiliana, reduciendo todo un cerro y sus laderas con ocupación continuada datada desde el III a.C al XVI d.C a un conglomerado de edificios con un "área verde" circunscrita a la fortificación medieval, parcialmente excavada y sin proteger desde 2002. Autorizando el arrasamiento de una trama urbana ortogonal del siglo X en el centro del pueblo para construir un aparcamiento. En Málaga ciudad, permitiendo que un aparcamiento destruyera una necrópolis fenicia. En muchos otros casos, admitiendo sin discusión informes arqueológicos discutibles -y discutidos- para autorizar proyectos urbanísticos. En definitiva, que por lo que yo sé, siempre ha primado los intereses de las constructoras sobre los de defensa del patrimonio arqueológico. En relación al patrimonio histórico, yo solo le veo un filo al boom inmobiliario "
En Castellano está la colección de Clásicos Gredos, pero no tienen el texto latino. En inglés está la Loeb Classical Library, que es genial, con texto Latino y traducción inglesa.
La Bernat Metge es una colección que siempre me hubiera gustado tener, pero hacerse socio cuesta un pastón (y no muy facil, creo). Por eso voy buscando estos libros de segunda mano, aunque siempre piden bastante por ellos y yo no tengo ni casa ni pasta. Ah, por cierto: no estaria mal que hicieran alguna reedición revisada de las obras de Marcial y de Catulo, que como estaban traducidas por religiosos (el Padre tal o cual) siempre había asteriscos allí donde aparecía algun pasaje "poco decente". Lo malo es que pasajes así hay muchos y uno se queda a dos velas a veces (el texto latino no siempre es claro).
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Os hago partícipes de una iniciativa que Ramón Torné, otro fiel lector, me hace llegar: Una nueva edición del Festival juvenil de teatro grecolatino en Catalunya.
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Actualidad,
La opinión del lector
Recuperado ya de la molicie estival, nuestro infatigable y, de facto, impagable colaborador Toninicasanipasta vuelve a realizar valiosas aportaciones sobre los temas que aquí comentamos. Al respecto del post de días anteriores sobre la Manumisión y el procedimiento por el que los esclavos podían en tiempos antiguos pasar a condición libre, Toni nos comenta lo siguiente:"Falta de ética" y "deleznable práctica" son términos que sólo pueden entenderse después del cristianismo y los más de mil quinientos años que nos separan del mundo romano. El esclavismo era algo natural y necesario en un sistema económico basado en la mano de obra cautiva conseguida en guerras y a través de las deudas. El esclavo era, pues, un animal de carga que hablaba, al que se podía tratar como cualquier objeto que se tuviera en propiedad. Esto era lo lógico y, además, constituía signo de riqueza indiscutible, y se convertía en algo loable, el ser más rico cuantos más esclavos se tuviera.
Muy contaminados estamos por el "sueño americano", donde uno cree tener la posibilidad de medrar en la sociedad desde las capas más bajas hasta la cumbre (y, a veces, así es). En el caso romano, la manumisión y posterior enriquecimiento del liberto a veces respondía a estrategias económicas de la alta sociedad, como la clase senatorial. Bien conocido es que los senadores sólo podian obtener rentas de las tierras y su trabajo agrícola, y no del comercio, puesto que una sociedad tan tradicional y ligada a la tierra como la romana consideraba como indigna la riqueza conseguida a través de la especulación (el comercio, como ya he dicho antes), un dinero conseguido sin esfuerzo y sin la explotación del campo. Ahí es donde entraba en juego el liberto, convertido automáticamente en cliente de por vida de su señor, que pasaba a administrar los bienes comerciales tan denostados de cara a fuera, pero tan necesarios para el auge económico de la familia senatorial: el liberto se convertia, así, en un títere de los asuntos comerciales de su "dominus", obteniendo, además, un buen prestigio para sí y, a veces, llegando a obtener cargos religiosos importantes, como el sevirato augustal.
El fin del esclavismo no llegó por la piedad que pudiera traer consigo un primigenio cristianismo, no nos engañemos. La transformación del esclavismo en colonato (o servo-colonato o como querais llamarlo) respondía a causas puramente económicas, donde la manutención obligada de la mano de obra esclava desaparecía, por ser el colono quien se alimentaba a sí mismo, y por una cuestión de producción evidente, puesto que el colono de la baja antigüedad producía mucho más si se le concedía un trozo de tierra (propiedad del dominus, eso sí) y se le daba la posibilidad de producir para el señor y para sí mismo (obteniendo un porcentaje de la producción), con lo que los rendimientos podian llegar a superar los que se obtuvieran en otros tiempos con una mano de obra esclava, poco motivada para el trabajo y demasiado cara para los nuevos tiempos que corrían, donde la crisis económica era demasiado palpable. Luego, incluso el cristianismo se aprovechó más tarde de la situación, llegando (ya en época altomedieval) a conseguir diezmos de esos pequeños siervos que, mediante arduos trabajos y una vida miserable, los convirtieron en la potente institución que fue y es aún. ¿Os imaginais lo que sería si la Iglesia no hubiera podido "cobrar" diezmos a una mano de obra esclava, propiedad de su señor?
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La opinión del lector
Gracias a Juan Font, un entusiasta lector, tenemos la oportunidad de ver el aspecto casi original de la Vía Appia.Tempus est iocundum oh virgines... aunque como vosotros podreis suponer, yo me inclino más por otro conocido fragmento de esta obra, genialmente musicada por Karl Orff...
Modo noc gaudete vos iuvenes
Oh,oh, totus floreo
Iam amore virginali totus ardeo
Novus novus amor
Res quo perdeo
Mea me comfortat promisio
Mea me deportat negatio
Oh, oh…
Tempore brumali vi patient
Animo vernali lascivient
Oh, oh, …
Mea me cum ludit virginitas
Mea me detrudit simplititas
Oh, oh ….
Veni domicela cum gaudio
Veni, veni pulchra iam pereo Oh, oh….
Finalizada la encuesta acerca de vuestro período histórico favorito, revisemos juntos los resultados:
| Opción | Votantes | % |
| Imperio y República de Roma | 47 | 55 |
| Grecia | 23 | 27 |
| Egipto faraónico | 9 | 10 |
| Culturas Mesopotámicas | 6 | 7 |
| Medievo | 15 | 17 |
| TOTAL | 84 | 100% |
Como no podía ser de otra forma, Roma se impone como período más aceptado, seguida a distancia por Grecia. Sorprendentemente, el Egipto faraónico se queda muy rezagado, y es incluso superado por la Edad Media dentro de vuestros intereses temáticos. Es sorprendente, tratándose de una de las culturas más importantes de la historia; supongo que los 3 períodos que han liderado el ránking, Roma, Grecia y Medievo, desde nuestra perspectiva de europeos occidentales, nos quedan mucho más cercanos. Además, supongo que el hecho de que exista un mayor número de soportes documentales y fuentes históricas de estos períodos también les confiere un mayor atractivo.
Nueva encuesta: ¿Dónde te irías de vacaciones?
Como esta es una web que versa sobre historia, clásica para más señas, descartaremos respuestas del tipo Caribe, Benidorm o Japón, y nos centraremos en destinos turísticos pero con un marcado interés arqueológico, como son:
Podeis encontrar la encuesta en el lateral derecho de la web. La decisión es vuestra.
PS: Obviamente no hay ningún viaje en juego... ;-)
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